Periódico publicado en su blog cada fin de mes por María Jesús Sánchez Oliva “Premio Tiflos 1996 y 2013”. Secciones: Portada. La Vitrina (libros). Mesa camilla (opinión). Cajón de Sastre El Álbum de la Lengua La Butaca (noticias positivas). Carta a… Cosas de Garipil (espacio de María Jesús). Y ya que has venido, entra en mi mercadillo. http://palabrascatetas.blogspot.com/
viernes, 30 de enero de 2026
LA BUTACA
:Anécdota
Don Pedro Muñoz-Seca vivía desde sus tiempos de estudiante en una casa de Madrid donde atendía la portería un encantador matrimonio al que profesaba auténtico afecto. Falleció la mujer, y a los pocos días, más de pena que de enfermedad pues era un matrimonio profundamente enamorado, el marido.
El hijo de los porteros se dirigió a don Pedro muy afectado tras la muerte de su padre y le pidió que redactara un epitafio para honrar su memoria. Del corazón de
Muñoz-Seca surgieron estos versos:
Fue tan grande su bondad,
tal su generosidad
y la virtud de los dos,
que están, con seguridad,
en el cielo junto a Dios.
Corría mil novecientos veinte y tantos, y en aquella época, era preceptivo que la Curia diocesana aprobara el texto de los epitafios que habían de adornar los enterramientos. Así que don Pedro recibió una carta del Obispado de Madrid reconviniéndole a modificar el verso, puesto que nadie, ni siquiera el propio Obispo de la diócesis o el Santo Padre, incluso, podía afirmar de un modo tan categórico que unos fieles hubieran ascendido al cielo sin más.
Don Pedro rehizo el verso y lo remitió a la Curia del modo siguiente:
Fueron muy juntos los dos,
el uno del otro en pos,
donde va siempre el que muere,
pero no están junto a Dios
porque el Obispo no quiere.
Nueva carta de la Curia
El Obispo, tras recriminar al autor lo que cree, con toda la razón del mundo, una burla y un choteo de Muñoz-Seca, le exige una rectificación ya que no es el Obispo el que no quiere, pues ni siquiera es voluntad de Dios, que no decide nuestro futuro, sino que es nuestro libre albedrío el que nos lleva al cielo o no.
Así que don Pedro remata la faena escribiendo un verso que jamás se colocó
en enterramiento alguno porque la Curia jamás le contestó:
Vagando sus almas van
por el éter, débilmente,
Sin saber qué es lo que harán
porque, desgraciadamente,
Ni Dios sabe dónde están.
Enviada desde su sección en 30 días por Garipil.
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