miércoles, 30 de julio de 2025

PORTADA

Queridos lectores: Acaba de salir el número 130 de 30 días, mi periódico, tu periódico, el periódico de cuantos quieran leerlo. AVISO PARA QUIENES YA SON COLABORADORES Y PARA QUIENES QUIERAN SERLO Creo conveniente dejar de publicar a partir de esta fecha (30-I-2025) noticias sujetas a la “Ley del Loro”, es decir: que se repiten hasta el aburrimiento en todas las cadenas de radio, televisión y redes sociales, ya que la finalidad era la de publicar noticias recogidas a pie de calle, protagonizadas por personas anónimas, no famosas. En su lugar, aunque tendrán preferencia las ya mencionadas, os invito a participar con anécdotas, reflexiones, curiosidades, experiencias… respetando, en ambos casos, las dos sabidas condiciones. Primera: que sean buenas, positivas y ejemplares. Y segunda: que sean enviadas a mjsanchezoliva@gmail.com poniendo en el asunto “30 días” y en el mensaje el lugar de procedencia. Espero seguir contando con vosotros y quedáis invitados a agregaros como seguidores. LO MÁS DESTACADO DE JULIO LA VITRINA: El baile de las mareas (primer libro de Laura Portas). MESA CAMILLA: Dios los cría y el diablo los junta (última publicación de julio en www.salamancartvaldia.com ). CAJÓN DE SASTRE: Entrevista a Eva Ferri (hija póstuma de Nino Bravo). EL ÁLBUM DE LA Lengua: Escritura adecuada del prefijo ex (recomendación de la Fundéu). LA BUTACA: Historia del Síndrome de Estocolmo. CARTA a… Juana Martín (diseñadora gitana). COSAS DE GARIPIL: “La robona” (segundo relato de Letanías). Si has visitado cualquiera de las secciones, mil gracias; si las has visitado todas, un millón. Volveremos a encontrarnos en el próximo número. María Jesús Sánchez Oliva. Seguidores de Honor: Mónica Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 23-IV-2012. Arturo Arias Terceiro. Nacionalidad: argentina. 12-VI-2012. María del Mar Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 29-VI-2013. Concepción Martín Martín (Conchi). Nacionalidad: española. 19-IV-2015. Claudio Hernández Díaz (pintor). Nacionalidad: española. 30-VI-2020.

LA VITRINA

Queridos lectores: En este número soy yo el elegido para invitaros a leerme. Por si decidís aceptar mi invitación, me presento y os adelanto mi contenido. Mi título: El baile de las mareas Mi autora: Laura Portas Esto me ha dicho que os diga de mí para animaros a leerme: Una vida truncada por la tragedia. Un destino caprichoso. Una voluntad capaz de bailar al son de las mareas. Vila de Pazos, principios del siglo XX. Aurora es una joven mariscadora a punto de casarse. Su lucha por labrarse un futuro da un giro cuando empieza a trabajar como sirvienta en un pazo señorial. Allí no solo se adentra en un mundo noble e hidalgo, sino que se convierte en la protagonista de una historia de amor, misterio e intereses cruzados entre las familias más poderosas de la villa. Rodeada de traiciones y envuelta en el aura enigmática de una Galicia tan mágica como misteriosa, Aurora deberá sobreponerse a su origen humilde para vencer las dificultades que se le presentan y reconstruir su vida. En su primera y fascinante novela, Laura Portas, natural de Cambados, recrea los escenarios que la vieron crecer para explorar una época sobre la que se ha documentado a la perfección. Todo lector que entre en esta novela emprenderá un apasionante viaje por las Rías Baixas de hace cien años, una tierra marinera de albariño, pazos, leyenda, pasiones y belleza sin igual. Firmado: El baile de las mareas Si abres mis hojas, abriré tus ojos

MESA CAMILLA

Dios los cría y el diablo los junta Hasta sus votantes saben ya el peligro que Tramp supone para el mundo entero. Sobra pues entrar en detalles. Ya se encarga él de presumir de su odio a las democracias, a los derechos humanos y a la paz. La catadura moral de Netanyahu también es del dominio público. El viernes, en Gaza, la cifra alcanzaba los setenta y siete mil asesinatos, y mientras una fila de mujeres y niños esperaba una ración de alimentos en la puerta de una clínica manejada por una ONG un bombardeo le arrancó la vida a diez niños palestinos y cinco mujeres. Y las cifras de muertos, heridos y torturados crecen, y crecen los daños de toda índole, y crece la indiferencia de las grandes potencias, y crece el número de indiferentes, y crece el incondicional apoyo de Trump a un criminal de guerra que en un gesto de gratitud ha solicitado para él el Premio Nobel de la Paz. Me he quedado sin palabras para seguir escribiendo. 14-VII-2025 Última publicación de julio www.salamancartvaldia.com María Jesús

CAJÓN DE SASTRE

Puede que el nombre de Luis Manuel Ferri a muchos no les diga nada. Pero seguro que sí el de Nino Bravo. El 16 de abril de 1973 el cantante valenciano perdía la vida en un accidente en la carretera, justo cuando estaba en el punto álgido de su carrera. Tenía solo 28 años. Y además era un hombre feliz: llevaba dos años casado con Mari, el amor de su vida, a la que había pedido matrimonio escribiendo si quería casarse con él en la portada del disco del tema "Te quiero, te quiero". Ella respondió con un "sí" en la otra cara del vinilo. Cuando Nino murió, tenía una hija, Amparo, de un año, y su esposa estaba embarazada de dos meses de la que luego sería Eva, que nació póstuma. En SEMANA hablamos con esta última de ausencia y presencia, las dos caras de un padre que se manifiesta en sus mismos ojos rasgados. "Mi madre dice que soy la que más me parezco a él, físicamente y de carácter. Mi padre parecía serio, pero luego tenía mucho humor", nos dice Eva Ferri en la cita que mantenemos en una impresionante terraza en plena Gran Vía de Madrid. Aquel fatídico 16 de abril de 1973 Nino Bravo se dirigía desde Valencia a Madrid con unos compañeros, cuando su coche derrapó y volcó en la carretera, en el kilómetro 95 de la Nacional III, a la altura de Villarrubio (Cuenca). Aunque lo trasladaron todavía con vida al hospital más cercano, el desenlace fue fatal. Nino Bravo tendría ahora 80 años, y es un motivo perfecto para organizar otro homenaje en su memoria. De hecho, ya se está preparando un concierto que hará historia. Será el próximo 6 de septiembre, en el Roig Arena de Valencia (recinto que se inaugurará justamente en esta ocasión), y contará con la participación de una veintena de artistas de primer nivel como David Bisbal, Marta Sánchez, Miguel Poveda, Antonio Carmona y Víctor Manuel. En sus voces volverán a sonar auténticos himnos como "Un beso y una flor", "Libre", "Noelia", "Cartas amarillas"… Si no los has cantado alguna vez probablemente es que eres de otro planeta. No es un homenaje más. Será irrepetible. El escenario es envolvente y gracias a la Inteligencia Artificial se va a conseguir que Nino Bravo esté muy presente, nos avanza Eva, muy ilusionada ante esta nueva aventura. Sus hijas están detrás e incluso Eva Ferri se animará a cantar ese día en el escenario: "Ya en 1997 me lancé a la piscina y, gracias a la tecnología, canté con mi padre en un disco de duetos. Fue una experiencia inolvidable y pude estar con él. Algo de artisteo tengo en la sangre... (risas). Sé que si hubiese estado mi padre, yo hubiese sido artista seguro", nos comenta. Eva Ferri: "Soy una superviviente. Mi madre dice que le salvé la vida" Eva, naciste a los 7 meses de morir tu padre... Es complicado. Yo no tengo imágenes con mi padre, como sí tiene mi hermana… Pero así es la vida. Mi hermana nació en lo más grande y yo nací en un momento de desolación familiar. Yo tengo mis cosas en la cabeza, pero por eso creo que a mí me tocó cantar con él... Es el homenaje más grande que le puedo hacer. Eres un bebé milagro... Soy una superviviente. Sobreviví, que no es poco, porque las circunstancias no eran buenas. Mi madre tenía 22 años cuando se quedó viuda y dice que le salvé la vida. Es injusto, sí, pero no nos podemos martirizar. ¿Cómo ha sido criaros sin vuestro padre? Hemos crecido con ello de manera natural. Todos los días en mi casa se ha escuchado a Nino Bravo y lo hemos sentido como nuestro padre, no por la magnitud de ser Nino Bravo. ¿Os hablaban de él? Mi madre siempre ha tenido presente a nuestro padre en casa, en fotos, con posters en la habitación… como cualquier otra persona que fallece de la familia. Claro que él era cantante y encima lo hemos podido ver y escuchar. Mi hermana y yo pensamos que al final nuestro padre es lo que más nos ha marcado la vida desde que hemos nacido. Si hubiese estado, hubiese sido de una manera, pero sin estar ha sido de otra. ¿Tuvisteis dificultades para salir adelante en vuestra infancia? No, como cualquier familia normal, con momentos mejores y peores. Mi madre tuvo que ponerse a trabajar, porque el dinero lo invirtió en pagar algunas cosas… pero luego pudo dejar de trabajar. Hemos crecido en un ambiente que nos han cuidado mi madre y mi abuela materna, mis tíos... Mi abuela paterna murió joven también. Pero el núcleo familiar nos ha protegido y arropado en todo. Nosotras llevamos una vida bastante discreta, aunque en Valencia nos conoce todo el mundo y es alucinante lo que quieren a mi padre. ¿Qué os ha contado tu madre de cómo era Nino? Que era muy familiar. Siempre estaba rodeado de familia y amigos. De hecho, viajaba siempre que podía después de un concierto a ver a mi madre, a mi hermana, a su madre… Y además tenía un refugio muy especial, ¿no? Sí, se iba a descansar al chalet que en ese momento se estaban construyendo en Aielo, su pueblo, en el que luego hemos vivido nosotras hasta bien mayores. No lo vio terminado, pero se había hecho una casita para descansar y allí celebraba sus reuniones. Le quedaba tanto por hacer... Sí, él era muy emprendedor y tenía su cabeza a mil por hora. Tenía previsto montar una discoteca en Valencia que se iba a llamar Julio Verne, con dos ambientes distintos. Luego tenía su productora, Brani, para lanzar sobre todo a artistas nuevos. Era un cohete. Tenía en su cabeza un montón de cosas. También se iba a ir de gira a América poco antes de fallecer. La tuvo que posponer precisamente por el embarazo de mi madre. No le dio tiempo. Tu madre vive retirada en Valencia y ha preferido cederos el protagonismo a vosotras. ¿Cómo está? Ella no ha querido participar nunca. Aunque es su fan número 1, para ella es su marido. Mi madre lo oye, lo cuelga en Facebook, tiene muchos seguidores… Dice que se fía de nosotras y que lo hacemos muy bien. Le da mucha tranquilidad porque sabe que Amparo y yo no vamos a hacer ninguna barbaridad ni nos vamos a meter en rollos raros. ¿Esa es vuestra misión? Sí, nosotras siempre estamos detrás para que todo esté bien hecho y llevando el legado lo mejor posible. En eso nos ha educado nuestra madre. Como es nuestro padre y lo queremos, lo cuidamos y respetamos así. Vamos a todo lo que tiene que ver con Nino Bravo, porque tenemos la sensación de no dejarlo ‘solo’. ¿Hay sucesores artísticos en la familia? ¿En sus tres nietos? Yo tengo dos hijos y mi hermana uno. De momento no veo madera... Mi hijo Luis Manuel, que se llama así como su abuelo, tiene 11 años y va a clases de guitarra, pero no le veo. Canta rap y esas cosas. Le digo: "Si tu abuelo levantara la cabeza". El otro día tenían que ir vestidos de sus abuelos en la función escolar y este se puso unas gafas oscuras, camisa negra, un collar de cuerno… Y se plantó así. Al final todos cantaron "Un beso y una flor". Y es que Nino Bravo sigue vigente y no pasa de moda... Sí, cantan sus canciones en todas partes. En Valencia durante las Fallas la plaza del Ayuntamiento entera canta "Un beso y una flor". Este año, con la DANA, ha sido "Mi tierra" la que ha llegado a lo más profundo del sentimiento. Se hizo un concierto el pasado 22 de marzo y se hizo una versión de la canción a beneficio de los afectados por la DANA. De estar vivo, ¿cómo imaginarías ahora a tu padre? En activo, si no en el escenario, produciendo o llevándome a mí, vete a saber… Lo veo como a Raphael. Es gente irrepetible. Eso sí que es orgullo de hija... Yo ahora mismo soy feliz y estoy disfrutando del momento. Al final la voz de Nino Bravo es de todos.

EL ÁLBUM DE LA LENGUA

escritura adecuada del prefijo ex El prefijo ex- se escribe, por lo general, unido a la palabra siguiente (exministra, exactor, exreportera). Uso inadecuado Confirmó su romance con el ex esposo de una famosa. Denunció a su ex abogado por una estafa millonaria. La ex financiera que ahora escribe libros para niños inspirados en la economía. Uso adecuado Confirmó su romance con el exesposo de una famosa. Denunció a su exabogado por una estafa millonaria. La exfinanciera que ahora escribe libros para niños inspirados en la economía. De acuerdo con la Ortografía de la lengua española, salvo algunas excepciones, los prefijos, como ex-, se unen a la palabra a la que acompañan, sin espacio ni guion intermedios: exmarido, exvicepresidenta. Igualmente, se recuerda que, si se agrega a una voz que empieza por r, esta no se duplica: exrector, no exrrector. En cambio, se escribe guion cuando la siguiente palabra empieza por mayúscula (como una sigla, por ejemplo): ex-ATS. Excepcionalmente, también es admisible añadir el guion cuando sea preciso para la correcta comprensión del derivado: ex-preso (para referirse a alguien que ya no es presidiario) frente a expreso (tren de viajeros o tipo de café). Sí se escribe separado cuando el prefijo afecta a una expresión de varias palabras que tienen un significado unitario, como ocurre en ex primera ministra o ex número uno. Además, tal como señala el Diccionario panhispánico de dudas, no se recomienda usar ex- antepuesto a un sustantivo que se refiera a cosa ni a un adjetivo (república exsoviética, exhuracán). En esos casos, lo apropiado es añadir antiguo, anterior o expresiones como antes, otrora, en otro tiempo o anteriormente: la antigua república soviética, el otrora huracán… Por último, se recuerda que ex puede también funcionar como sustantivo con el sentido de ‘persona que ha dejado de ser cónyuge o pareja sentimental de otra’: «Mi ex me llamó por la mañana». Con ese sentido, no lleva tilde, cursiva ni comillas y es invariable en plural: «Es amigo de todos sus ex». Recomendación de la Fundéu

LA BUTACA

¿De dónde surgió el término «síndrome de Estocolmo»? EL síndrome de Estocolmo es la reacción por la que una víctima de un secuestro, o retenida en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y empatía con quien la ha secuestrado. Como es obvio, dicho síndrome debe su nombre a la capital de Suecia y surgió en un atraco que se perpetró el 23 de agosto de 1973 en el banco Kreditbanken, situado en dicha ciudad y que mantuvo en vilo a la población durante seis largos días. Fue el primer evento criminal retransmitido en vivo por la televisión en Suecia. Los acontecimientos se fueron desarrollando de la siguiente manera. Jan Erik Olsson entró en la entidad bancaria con el ánimo de efectuar un robo, pero enseguida se complicaron las cosas en el interior del banco y se atrincheró en él, reteniendo a varias personas que en ese momento se encontraban allí. La policía actuó con rapidez y contundencia, lo que provocó un tiroteo en el que resultó herido un agente. Olsson tomó cuatro rehenes y exigió que se llamase a su amigo Clark Olofsson y lo dejasen ir hasta allí. Olofsson era un delincuente reincidente y, tras mucho deliberar, el gobierno aceptó la petición, esperando que este hiciera de intermediario. Las otras peticiones del atracador fueron un rescate de tres millones de coronas suecas, dos pistolas, chalecos antibalas, cascos y un coche. Durante los seis días que duró el cautiverio, varios fueron los contactos que se realizaron desde la presidencia del gobierno con el captor. El propio Olof Palme, primer ministro del país, recibió dos llamadas. La primera por parte de Olsson y su compañero en la que se le advertía de que matarían a los rehenes en caso de no ser satisfechas sus peticiones. La otra llamada sorprendió a todo el mundo. La interlocutora se llamaba Kristin Ehnmark y era una de las personas retenidas en el interior del banco. Kristin comentó a Palme su descontento de cómo estaba gestionando la policía el asunto y criticó la contundente forma de repeler el atraco. Pidió que dejasen salir de allí a los atracadores y que estos pudiesen llevarse consigo a los rehenes. El 28 de agosto la policía entró en el banco tras lanzar gas al interior y detuvo a Olsson y Olofsson, dejando en libertad a los cuatro rehenes. Kristin Ehnmark se negó a colaborar con la justicia y a declarar en el juicio contra sus captores. Un periodista aseguró haber visto besarse a la mujer con uno de los atracadores. El criminólogo Nils Bejerot acuñó el término síndrome de Estocolmo para referirse a esta conducta y, desde entonces, se utiliza para cualquier situación en la que los rehenes se sienten identificados con sus captores. Desde su espacio en 30 días Garipil envió este artículo a La Butaca.

CARTA A...

11-VII-2025 Juana Martín Manzano Estimada diseñadora: Entre tantas noticias negativas hoy podemos leer en la prensa una noticia positiva: JUANA MARTÍN PREMIO NACIONAL MODA 2025. Así, con mayúscula, y no es para menos. ¡Ole, ole! ¡Muy bien! Todos nos alegramos porque usted es una diseñadora muy especial. El pasado 8 de julio, el mismo día que usted presentaba su colección de moda Fervor en la alta costura de París, desde Madrid le llegó la noticia, mientras ajustaba sus diseños más devotos a sus modelos. El premio reconoce su lucha dentro de su taller de diseño y desde la cima de la pasarelas. Todo un homenaje a las mujeres gitanas, cordobesas, andaluzas y españolas con fuertes raíces cristianas, y un arte propio de su raza. Este premio al diseño, concedido por el Ministerio de Cultura, está dotado con 30.000 euros. Pero el dinero es lo de menos. lo importante es que supone un paso más en la integración de las mujeres gitanas y la aceptación de la sociedad a todo el colectivo. Cuenta con otros premios aunque este es el más importante sin duda. En 2024, por citar alguno, fue distinguida con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes del Ministerio de Cultura. Es, además, la primera diseñadora española que ha desfilado en la Semana de la Alta Costura de París, a la que acude desde 2020. Gracias por su contribución a quitar etiquetas. El jurado, compuesto por importantes personas del mundo de la moda, otorgó el premio por unanimidad. Felicidades y que sigan los éxitos. María Jesús

COSAS DE GARIPIL

¡Hola!: Desconecta el televisor, deja el móvil donde ni lo veas ni lo oigas, siéntate en tu sillón favorito, cierra los ojos y permíteme que te lea el segundo relato de Letanías en lo que el sueño te manda a la cama para recuperar las fuerzas perdidas durante el día. La Robona Tras la última clienta salió Ángel de la carnicería con un cartel en la mano. Era un simple pliego de papel reci¬clado donde aprovechando las pausas entre clienta y clien¬ta había rotulado un haz de letras grandes y negras. —¡Sal, Chaga, sal a ver si te gusta!, —le gritó a su es¬posa desde la acera, mientras cerraba la escalera que había utilizado. Chaga, en zapatillas y con las manos enguantadas, salió a la calle. "Se necesita empleada de hogar. Sueldo y horario a convenir. Trato familiar", leyó atropelladamente en el cartel que ya pendía de la marquesina que protegía la fachada del establecimiento. —Muy bien, te ha quedado muy bien, —comentó entrando de nuevo en el local—, sobre todo eso de “trato familiar". Pero Ángel no la oyó, se afanaba en afilar cuchillos, en limpiar machetes, en hacer arqueo... y convencida de las prisas de su marido, se entregó a meter el sobrante en la cámara frigorífica. Lo que eran las cosas… pensó para sí mientras trajinaba, ella que había servido desde que salió de la escuela con doce años hasta que se casó con veintiséis, ahora, cuando mediaba los cincuenta, buscaba sirvienta. Claro que todo era distinto, muy distinto. Entre las criadas de antaño y las empleadas de hogar de hogaño había un abismo; además, ella no aspiraba a una de aquellas muchachas que por un sueldo miserable tenían que rodar por donde se le antojaba a la impertinente señora de turno. Ni mucho menos. Ella sólo quería una persona que le ayudara, que le echara una mano, pues, tres hijos varones, el padre y un negocio tan esclavo, daban tantos quehaceres que la casa andaba siempre manga por hombro. De acuerdo que hasta entonces había tirado adelante, pero ya se habían desempeñado, estaba cansada y tampoco era plan que alguno de los hijos dejara de estudiar para ayudar al padre. ¡No, eso sí que no! Pero… ¿cuánto le pagarían? Al oír los pasos de su marido que se acercaba apagando luces, cerró la cámara y se lo preguntó en voz alta: —Digo, Ángel, que si va alguna chica, si me gusta, ¿cuánto le ofrezco de sueldo? —¡Déjame ahora de chicas! —respondió él sin pararse, agitando impaciente las llaves— ¡Ponte los zapatos y vamos, que juega el Barça! Pasó la noche como siempre: muy deprisa. Chaga ultimaba la comida para salir zumbando a la carnicería cuando sonó el timbre de la puerta. Antes de abrir ojeó por la mirilla. ¡Qué extraño!, pensó. Era doña Jacoba. ¡Sí, sí!, doña Jacoba, la misma que viste y calza. ¿Qué querría de ella..? La había visto solamente una vez, hacía años, muchos años, pero ni su cara se le había despistado de la memoria ni sus mañas del alma. El recuerdo de aquel encuentro serpenteó por sus pensamientos para volverlo a vivir en un instante. Moría el mes de noviembre. Era una tarde muy fría, tan fría que las lágrimas se le helaban en los párpados. A ratos andando, a ratos corriendo, logró llegar a la villa. Tenía que encontrar una casa para servir, su madre no podía enterarse del despido. Necesitaba tanto aquel jornal que a buen seguro la mataba viva. Al subir la cuesta del Anís vio un cartel que mecido por el aire se columpiaba en el balcón de madera de uno de los pisos de la segunda planta de un regio edificio. "Se busca criada fija", leyó en él. Y con las manos sobre las rodillas para ayudar a sus piernas consiguió subir la angosta escalera de caracol. Al oír el timbre y después de escudriñar por la mirilla, doña Jacoba le abrió la puerta. —¡Pasa, maja, pasa!, —exclamó acariciándose los pendientes, como para que se percatara de que eran de oro, y después de mirarla de arriba abajo le ofreció un diván en tonos verdes. Al sentarse sintió que la sangre lamiéndole los pies por dentro le repetía con fuerza: "¡Gracias!, ¡gracias!, ¡gracias!...”, y sintió sueño, mucho sueño, pero el hambre y la incertidumbre le impidieron cerrar los ojos. Doña Jacoba amortiguó el rumor de unas voces juveniles entornando la puerta que comunicaba el vestíbulo con el resto de la casa, y sin tomar asiento, con las manos abiertas sobre el vientre para que viera mejor sus anillos, inició el interrogatorio: —Vienes por lo del anuncio, ¿verdad? Por la pinta... —Sí, señora, sí. Soy criada. —¿Cómo te llamas? —Santiaga, Santiaga Pérez, pero me llaman Chaga. —¿Cuántos años tienes? —Dieciséis. —¿Tienes novio? —No... ¡No, señora! —¿De dónde eres? —De Ayala. —¿Has servido alguna vez, o es la primera? Una ráfaga de duda la hizo titubear. Si decía que no, la rechazaría por falta de experiencia; si decía que sí, quedaría eliminada por malos informes. De repente, a través de la claraboya del recuerdo, oyó la voz de su madre: "La verdad ablanda los corazones; la mentira los endurece". Y ella estaba ya condenada a necesitar amas de corazón de nata. —Cuatro años, señora, he servido cuatro años. —¿Dónde? —En la dehesa de Trápala. Los amos me querían mucho. El trabajo no me escuece, guiso igual "pa" ocho que "pa" ochenta, y sólo salgo a misa los domingos y un día al mes "pa" llevarle el sueldo a mi madre. Le juro que... Y unas lágrimas implorando misericordia empezaron a brillar en sus ojos. —No jures, mujer, no jures. Ahora mismo pido informes y te quedas. ¡Anda, ven! Pasa a la salita, a ver qué opinan los chicos. Son tan delicados... —Sí... señora, sí… —asintió temblando como una mimbre sacudida por el cierzo, y cual oveja perdida, la siguió. —Es la nueva criada —anunció a los chicos doña Jacoba sin dejar de retocarse el moño— ¿Qué os parece? —¿Sabes jugar al parchís?, —le preguntó de sopetón el mayor de los tres. —¡Sí, sí, claro que sí! —respondió ella perpleja— En el pueblo siempre juego con mis hermanos. —¡Pues a jugar que ya somos cuatro! —exclamaron los tres al unísono. Y mientras doña Jacoba dando un portazo se dirigía al teléfono que estaba colgado en la pared del pasillo, ella, entreabriendo la puerta con disimulo, se sentó ante la mesa camilla. —¿Qué color eliges?, —le preguntó el mediano. —El verde, prefiero el verde. —¿Por qué? —Porque es el color de la esperanza y yo es lo único que tengo. —Pues para mí el azul, que como es palabra aguda, me ayudará a ser agudo. Ella sonrió con desgana. —Para mí el amarillo, que como rima con listillo, os ganaré sin esfuercillo, —añadió el menor con ánimo de ha¬cerse el gracioso. —Pues para mí el rojo, que si no me permite ganaros, me permitirá volveros locos, —remató el mayor con evidente deseo de ser más ingenioso. ¡Buf, qué críos más repipis!, pensó ella, pero ensayando su mejor sonrisa, se sometió a lanzar el dado sobre el tablero, para ver a quién le tocaba salir en primer lugar, y como presagio de mala suerte, le tocó tirar la última. —¡Cinco!, —gritó el mayor, y sacó una ficha roja. —¡Cinco!, —gritó el mediano, y sacó una ficha azul. —¡Cinco!, —gritó el menor, y sacó una ficha amarilla. —Tres, —musitó ella, y pasó turno. —¡Cuatro!, —gritó de nuevo el mayor, y ante la expectante mirada de sus hermanos avanzó la ficha casilla a casilla sin que ella lograra enterarse de nada. "¡Sí, sí, eso me ha parecido!", exclamaba bajito doña Jacoba, y se distrajo adivinando las palabras de la señora de Trápala, su ama hasta entonces: "Es limpia como un jaspe, trabajadora como una mula, mansa como una malva; pero... todas tienen un pero, no es de fiar". —¡Vamos, te toca!, —le gritó el menor propinándole un golpe en el hombro. Abrió los ojos sobresaltada. Tanto la ficha azul como la amarilla tenían ya compañera. Tiró el dado a voleo, sin in¬terés por ganar. ¿Qué más le daba?... Su vida dependía del jornal, no del juego. El dado rodó a su aire por el tablero. —¡Dos!, —gritaron los chicos al detenerse— y sigues pasando turno. Seguía pasando turno, como seguía pasando por su cabeza el pero que le ponía su exama. "Me ha robado media piña de plátanos. ¡Así, como se lo cuento! Media piña de plátanos. ¡Ya ve usted! Con el precio que tiene esta fruta... Por eso la he despedido". El mayor sacó otra ficha roja, el mediano avanzó una casilla con la primera de las azules, el menor, arrastrando una de las amarillas con la yema del índice derecho, contó: "Una, dos, tres..." Ella agitó el cubilete y sin mirar lanzó el dado sobre el tablero. Los chicos gritaron: —¡Seis! "¡Bien, señora, bien!" aseguraba doña Jacoba. "Lo en¬tiendo, lo entiendo, Esa fruta es para los amos, no para las criadas". Y con los nervios de punta volvió a tirar. —¡Seis!, —gritaron los tres hermanos. "¡Mil gracias, señora, mil gracias por la información!", recitaba doña Jacoba empalagosamente, alzando la voz con alarmante coquetería. Y ella, a punto de explotar en un ataque de llanto, tiró de nuevo el dado. —¡A casa!, —gritaron los tres alborozados, y se puso en pie de un respingo. A casa… a casa… tendría que irse a casa, y pasar la noche a la intemperie. Se lo decía el gesto de doña Jacoba que apareció como un fantasma en el dintel de la puerta. —¡Un momento, mami, un momento! —profirió el mayor— Espera a que acabemos la partida y luego le das las instrucciones. —No tengo que darle instrucciones, —apostilló muy al¬tiva doña Jacoba— Esta criada no puede servir en una casa tan seria, tan de bien como la nuestra. ¿Por qué?, quiso preguntar ella, pero se tragó la pregunta. No podía dar pie para oír en presencia de unos niños la insolencia de "tiene las uñas largas". —Lo siento… lo siento... —mascullaba entre sonrisas doña Jacoba, conduciéndola pasillo adelante, sin quitarle los ojos de las manos, como temerosa de que en un descuido arramblara con alguno de los cuadros de cacería que vestían las paredes, con alguno de los candelabros de bronce que se erguían en la consola del vestíbulo, con la al¬fombra de piel de vaca que protegía el suelo de madera... Ya ante la puerta de salida hizo ademán de volverse hacia ella y decirle: No recele de mí, señora, no recele que yo soy tan pobre como honrada. Es cierto que le cogí a mi ama media piña de plátanos de la despensa, pero yo no sabía que aquello era robar. Los vi tan grandes y tan amarillos todavía que pensé en mis hermanos. Ellos conocían las peras, las manzanas, las ciruelas… las frutas que dan los árboles de por aquí, pero ésta no la habían visto ni en dibujos. Y como iba al pueblo, me dije: "Pa” que se los coman los cerdos, (el ama se los echaba en cuanto les veía dos motas marrones en la piel), que los conozcan ellos". Iba tan contenta de poder darles esa sorpresa que créame que si alguien me hubiera salido al camino, antes le habría dado el alma que el capacho donde los llevaba. En cuanto llegué me rodearon como los polluelos a la gallina. "Os traigo algo rico, (les decía yo con misterio, dando largas “pa” hacérselo desear), muy rico". Cuando quité el paño que los tapaba los ojos se les salían de las cuencas. Yo tampoco los había comido nunca y bien que me apetecían, pero le juro por mi difunto padre, que "pa" que ellos tocaran a uno cada uno, me quedé con las ganas y ni siquiera los probé. Y ya ve si estaba tranquila que aunque ellos lo tronicaron por todo el pueblo, ni les reñí, ni les mandé callar. Sólo supe que había hecho mal cuando regresé y el ama me regañó, pero de veras que estoy arrepentida, muy arrepentida, tan arrepentida que le pedí perdón de rodillas y me confesé antes de venir. El cura me dio la absolución y me impuso de penitencia un Padrenuestro y tres Avemarías. Dijo que era un pecado de poca monta porque yo creía que los ricos no tenían que mirar la peseta tanto como los pobres. Y si él lo dijo... ¡Perdóneme, señora, perdóneme!, que ni lo mío volveré a tocar sin permiso de los demás. ¿Es usted capaz de per¬mitir que desde mañana mis hermanos coman sin pan? Pero se mordió los labios. Las amas nunca se pisaban entre sí, nunca se quitaban la razón unas a otras, y criada era por entonces sinónimo de mentirosa, de robona... —¡Niños, —exclamó doña Jacoba invitándola a esperar con un gesto— traedle ese abrigo que está en el saco de la basura! Los tres llegaron corriendo, arrastrando el abrigo, era de color guinda madura, muy madura, demasiado madura. —¡Ten, póntelo! —le espetó doña Jacoba con aires de santurrona— Se lo dejó aquí la última criada y se me ocurre que algo de frío puede quitarte esta noche. Estuvo a punto de rechazarlo, pero en la calle hacía frío, mucho frío, tanto que se le heló el orgullo y lo aceptó. —Gracias, señora, gra... Descendió sin prisa la escalera. Los peldaños de madera crujían bajo sus pies como si lloraran con ella. Ya en la calle se alzó el cuello del abrigo y cruzó los brazos para meter las manos en los puños, relucían de tanto uso, los ojales buscaban en balde los botones, las solapas olían a puesto, a viejo... Y al bajar la cuesta del Anís volvió los ojos hacia el balcón y sorprendió a la madre revelándole a los hijos como a hurtadillas: "Robona, robona... es una robona". La tijera del segundo timbrazo cortó de repente el amargo recuerdo de Chaga, y su resentimiento, sin pararse a reflexionar, descorrió el cerrojo ávido de venganza. —¡Pase, señora, pase!, —y le ofreció para sentarse el adamascado sofá del salón. —Gracias, hija, gracias, —musitó la recién llegada con evidente alegría por pillar un asiento. Y más con el ánimo de ofender que con la seguridad de aceptar, se sentó frente a ella e inició el interrogatorio: —Viene usted por lo del anuncio, ¿verdad? —Sí, hija, sí. Lo he visto al salir de misa y... —¿De dónde es usted? —De Segovia, hija, soy de un importante pueblo de Segovia, pero desde que me casé vivo aquí, en la villa. —¿Cómo se llama? —Jacoba, hija, Jacoba Fernández de Sopetrán. —¿Cuántos años tiene? —Ochenta, hija, ochenta muy cumplidos. —Y es usted casada, ¿verdad? —No, hija, ya no. Soy viuda desde hace quince años. —Pero no llore, mujer, no llore que el tiempo encoge las penas y estira la conformidad, y la víspera del entierro de su marido no fue ayer precisamente; además, seguro que le dejó algún apoyo, algún hijo. —Hijos no, cruces, me dejó tres cruces. ¿Qué te parece, hija, qué te parece? —Que exagera usted. Los hijos nunca son cruces. Pero vamos al grano. ¿Ha servido alguna vez? —¡Jamás, nunca jamás! —exclamó con bríos, sin rastro de lágrimas ya en los ojos— Pero me sobra experiencia: fui ama hasta que murió mi marido, el conocido señor Sopetrán. —¿Y qué se llevó al otro mundo su marido, el dinero o las criadas? —Ambas cosas, hija, ambas cosas, pues tras el "din" se va siempre el "don". Y por eso a estas alturas tengo que trabajar para poder vivir. —¡Pues un momento, señora, un momento! Voy a pedir informes suyos a una sobrina del señor Sopetrán, una de mis mejores clientas, que por experiencia... ya sabe usted, las amas deben saber de qué pata cojean las criadas que meten en casa. Doña Jacoba se sujetó la cabeza con las manos como para descabezar un sueño urgente y Chaga descolgó el teléfono de mármol que yacía sobre una mesita de cristal. —¡Hola, Pepita! ¿Podrías darme referencias de tu tía Jacoba Fernández de Sopetrán? Ha venido por lo del anuncio. ¿Recuerdas? Y ya sabes... Pepita hizo una pausa. En el fondo le molestaba airear los trapos sucios de los suyos, pero en aquella ocasión se trataba de una tía postiza con la que no tenía relación y optó por ser más clara que el agua. —Ella no tenía donde caerse muerta, —explicó sin pizca de pudor— la rica era su suegra, mi abuela. Tenía un bloque de pisos en la cuesta del Anís. En cuanto llegó a nuera, la muy lagarta, conquistó a su marido, mi tío, para que le comprara todo el edificio a su madre. "¿De dónde vas a sacar el dinero?", le preguntaron los hermanos, entre ellos mi padre. "Del arca de mi suegro", les respondió él por consejo de ella. Pero la abuela firmó la escritura y la factura pasó a la cartera del maestro Armero. Cuando la mujer se enfadaba y amenazaba con denunciarlos, la muy pájara de ella la escondía y le juraba meterla en el manicomio, por loca, y la pobre callaba. Las criadas decían que la mató a disgustos. Por eso no le paraban en casa. Al morir, ni mi padre ni mis tíos heredaron nada: en las cuentas de la vieja no había ni un real, y la escritura de compra-venta era legal. A todos les olió mal el asunto, y desde entonces ni nos miramos a los ojos ni nos cruzamos la palabra, como si no nos conociéramos, como si no fuéramos nada. Ya en el lecho de muerte su marido la llamó y le pidió papel y pluma, y ella, creyendo que era para testar en su favor, le llevó hasta sobre. Pero le salió el tiro por la culata, mi tío contó la verdad de la historia, toda la verdad, y cuando fue al notario casi le da un síncope. El hombre abrió el sobre y leyó la carta sin miramientos, tal cual, y sin pelos en la lengua, sin andarse por las ramas, le anunció lo que pasó: que los jueces la pusieron de patitas en la calle, con lo puesto, como quien dice, y el edificio pasó a sus herederos legítimos. Sus hijos son unos balas perdidas, tan perdidas como la del tiro aquel que la traicionó. Y desde entonces, si quiere vivir, tiene que trabajar, que ser¬vir. Al principio creo que se restaba cinco o seis años para no darles pena a las posibles amas; ahora creo que se los suma para darles lástima. ¿Quieres saber algo más? —No, no... no… con estos detalles me arreglo. Doña Jacoba se puso en pie en cuanto Chaga colgó el auricular. —Lo siento, señora, lo siento, —dijo ésta con un tono de voz que rezumaba una extraña mezcla de ternura y de ironía— En esta casa no permitimos que los viejos nos sirvan; somos nosotros quienes les servimos a ellos. Pero... ¡un momento, por favor, espere un momento! Doña Jacoba se detuvo ante la puerta. Habría ido a ponerse los zapatos para acompañarla hasta el portal, hasta la calle quizá. Se lo agradecería en el alma. Le daba tanto pánico el ascensor... Pero regresó en zapatillas y con un abrigo en las manos, era de color guinda madura, muy madura, demasiado madura, los puños y el cuello le relu-cían por el uso, olía a tiempo, a impaciencia... —¡Tenga, lléveselo! —le espetó sin más— Hoy hace bueno, muy bueno, pero el hombre del tiempo dice que mañana volverán los hielos. Y para tirarlo a la basura... Doña Jacoba estuvo a punto de rechazarlo, un abrigo de dos criadas no era digno de quien había sido ama, pero necesitaba con urgencia algo que le sirviera de manta por la noche, y olvidando su rango, lo aceptó. —Gracias, hija, gra... Con el abrigo doblado sobre el brazo derecho bajó la escalera de mármol despacio, apoyando los dos pies en cada peldaño, limpiando con la mano izquierda la barandilla, doblada cual alcayata por el haz de los años que llevaba a la espalda. Por fin alcanzó la calle fatigada, trémula. Y al descender por la acera opuesta volvió los ojos hacia el balcón del piso donde había estado y sorprendió a la robona soplándole a las hortensias desnudas: "Robona, robona... es una robona". Y decidió solicitar la ayuda so¬cial de los servicios municipales. María Jesús Sánchez Oliva Relación de libros publicados por mi autora: María Jesús Sánchez Oliva. Pero antes quiero recordarte que por ser el primero de sus libros publicado me ha distinguido con este espacio en su blog del que me siento tan orgulloso como responsable. “Garipil (1995)”. Reseña: Garipil es un semáforo. Nace con una idea en la cabeza: decir a la sociedad que las máquinas como él nacen para estar al servicio del hombre, para ayudarle en todas las tareas que tiene que realizar, para hacerle la vida más cómoda, pero en ningún caso para suplirlo. Su mensaje es tan aconsejable para niños como para mayores. “Letanías (1999)”. Reseña: Letanías es una colección de historias breves pero completas. El libro ideal para los que quieren leer pero les falta paciencia para enfrentarse a libros con muchas páginas. Algunos de los relatos han sido premiados en distintos certámenes literarios. “El rosario de los cuentos (2003)”. Reseña: En los primeros años de la posguerra española, en un pueblo de Castilla, un cura de la época es incapaz de encauzar a sus feligreses por el camino recto a través del Santo Rosario, como era costumbre. Ante su fracaso decide transformar cada misterio en un cuento. El resultado son quince cuentos para niños de distintas edades. Cada cuento está ilustrado con una viñeta alusiva a la época. Este libro obtuvo el tercer premio en el Concurso de Cuentos Tiflos en su edición de 1996. “Cartas de la Radio (2007)”. Reseña: Cartas de la Radio es una colección de cartas o artículos de opinión escritas y leídas semanalmente en Onda Cero por María Jesús Sánchez Oliva durante cuatro años. Las cartas van dirigidas a políticos, ciudadanos de a pie, víctimas del terrorismo, instituciones, asociaciones, etc., y no pocas nos llevan a acontecimientos que siguen vivos en nuestra memoria. “Cuentos de la Cigüeña (Soles y Lunas) (2014)”. Reseña: Son doce cuentos escritos en verso con los que las mamás y los papás disfrutarán leyéndoselos a sus hijos y los niños aprenderán a amar la poesía a la vez que los cuentos. “Los días perdidos (2018)”. Reseña: En esta novela se narra la historia de Ara, una mujer que de forma inesperada tiene que enfrentarse a una ruptura matrimonial. El impacto la lleva a recluirse en su ático de soltera. Tras varios años de aislamiento, al salir de casa una mañana, la avería del ascensor la obliga a bajar andando todas las plantas del edificio. En cada planta se encuentra con una mujer que le cuenta su historia. Son mujeres muy distintas unas de otras, pero todas, por distintas razones, han perdido muchos días de su vida. Ya en la planta baja se encuentra con Daniel, el único vecino del edificio que también ha perdido muchos días inútilmente, y de forma espontánea los dos deciden no perder ni uno más. “Primer Premio Tiflos 2013”. Para más información sobre los libros, hacer un comentario o simplemente saludarme, solo tienes que contactar conmigo a través de mi dirección de correo electrónico: Garipil1995@gmail.com Estaré encantado de responderte. Gracias por tu visita y hasta el próximo número. Firmado: Garipil.