viernes, 30 de enero de 2026

PORTADA

Queridos lectores: Acaba de salir el número 132 de 30 días, mi periódico, tu periódico, el periódico de cuantos quieran leerlo. NOTA IMPORTANTE A partir de esta fecha (30-Y-2026) y a sugerencia de algunos lectores se agregan dos entradas al periódico: El juego de las preguntas. Consiste en hacer una pregunta (relacionada con la cultura generalmente) que los lectores pueden responder. Las respuestas y el número y nombre (pueden ser seudónimos) de los acertantes se comunicarán en el número siguiente, y a final de año, la persona que más aciertos haya tenido, podrá figurar como seguidora de honor en la portada. Y El mirador de la poesía. Consiste en publicar poemas de poetas consagrados, desconocidos o aficionados, que se consideren, claro está, aceptables. Las respuestas a las preguntas para concursar y el envío de poemas para ser publicados solo se recibirán en el correo electrónico de Garipil que figura al final de su sección “Cosas de Garipil”. LO MÁS DESTACADO DE ENERO LA VITRINA: Autor del libro que hoy se presenta para invitarnos a la lectura: Óscar Soto Nicolás. EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS: La solución a la pregunta y el número de respuestas se publicarán en el número siguiente. MESA CAMILLA: Última entrada de enero en Salamanca RTV Al Día. CAJÓN DE SASTRE: Historia de la mujer que inspiró la mítica canción de Carlos Cano. EL ÁLBUM DE LA Lengua: Usos de delante y adelante. LA BUTACA: Protagonizada por el dramaturgo y escritor don Pedro Muñoz-Seca. EL MIRADOR DE LA POESÍA: Hoy estrena el mirador el poeta Gabriel y Galán. CARTA a… María Corina Machado. COSAS DE GARIPIL: IV relato del libro titulado Letanías. Si has visitado cualquiera de las secciones, mil gracias; si las has visitado todas, un millón. Volveremos a encontrarnos en el próximo número. María Jesús Sánchez Oliva. Seguidores de Honor: Mónica Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 23-IV-2012. Arturo Arias Terceiro. Nacionalidad: argentina. 12-VI-2012. María del Mar Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 29-VI-2013. Concepción Martín Martín (Conchi). Nacionalidad: española. 19-IV-2015. Claudio Hernández Díaz (pintor). Nacionalidad: española. 30-VI-2020.

LA VITRINA

Queridos lectores: En este número soy yo el elegido para invitaros a leerme. Por si decidís aceptar mi invitación, me presento y os adelanto mi contenido. Mi título: Rojo veneciano Mi autor: Soto Colás, Óscar Esto me han dicho que os diga de mí: Valladolid, 1620. Martin de Castro es un pintor de santos cuya esposa murió al dar a luz a su querida hija, Juana. La niña demuestra desde bien pequeña un talento auténtico por la pintura. Siendo ya una adolescente, ocurren dos sucesos que cambiarán su hasta entonces plácida vida: Martín es seducido por una intrigante mujer que acaba convirtiéndose en su madrastra y ella, a su vez, comienza una intensa relación con Francisco Peña, el mejor aprendiz de su padre. Así se inicia esta intensa, barroca y fascinante novela en la que su autor ha derrochado talento narrativo para recrear la vida de una mujer que tiene que desempeñar su arte en la clandestinidad, negándose así a aceptar un destino impuesto por otros. Una vida cargada de rebeldía y plena en experiencias que trae al presente el fascinante siglo XVII. Desde la Venecia de los dogos a la Roma de los papas, pasando por el Madrid de los Austrias y la severa Valladolid, Juana conocerá de primera mano el ambiente artístico de su época y a personajes históricos como el mismísimo Diego Velázquez o Felipe IV. Firmado: Rojo veneciano Si abres mis hojas, abriré tus ojos

EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS

Pregunta de enero: ¿Qué color se conoce con el nombre de isabelino y por qué recibe este nombre? María Jesús

MESA CAMILLA

Nota discordante La nota discordante en la tragedia de los trenes en el pueblo cordobés de Adamuz la ha puesto quien más tiene que callar precisamente: Isabel Díaz Ayuso, porque llamarla señora con su mala educación, o presidenta con su penosa gestión en la Comunidad de Madrid, está fuera de lugar. Ella, solo ella, que yo sepa y he seguido los hechos al detalle como la mayoría de los españoles, es la única que no se ha molestado en dar las gracias a los vecinos, a los que acudieron con remedios sin que nadie los llamara, a las fuerzas de seguridad, a los bomberos, al personal sanitario, a los medios de comunicación, a los miembros del Gobierno, a los de la Junta de Andalucía incluso y a todos los que lo dejaron todo para ayudar a las víctimas; ella, solo ella, es la que no se ha dignado en mandar un mensaje de pésame a las familias afectadas; ella, solo ella, es la que no se ha interesado por los heridos; ella, solo ella y los cuatro descerebrados que nunca faltan, son los que ven conductas conspiranoicas en los accidentes de trenes. Sí, ella, la que se ha olvidado por completo de los casi trescientos muertos en la DANA de Valencia, la que no recuerda la peor que mala gestión de su partido, la que defendió a capa y espada a su colega, la que acusó de la tragedia al Gobierno y no se cansó de pedir la cabeza del presidente por inútil, la que fue incapaz, y sigue siendo, de intervenir para que su jefe nos diga de una vez qué hacía aquella tarde el tal Mazón tantas horas en el ventorro de marras y en qué condiciones salió de él aunque ya solo sirva para evitar conjeturas poco loables, y la que si mal no recuerdo, ni siquiera asistió al funeral de Estado, ahora, además de exigir al Gobierno explicaciones de todo tipo y con urgencia se pone en contra de que el funeral de Estado tenga lugar en Huelva por ser la provincia que más muertos ha tenido y para restar protagonismo, para presumir de cargo, para lucirse, ha decidido hacer otro funeral en Madrid el mismo día. Si Feijóo, que se supone asistirá al funeral, aprovechara la misa para reflexionar, la mandaría a su casa en cuanto recibiera la bendición, porque si él no acaba con ella, será ella la que acabe con él. Y su sueño de ser presidente se quedará en un sueño. 26-I-2026 María Jesús

CAJÓN DE SASTRE

Tras los pasos de María la Portuguesa, la mujer que inspiró la mítica canción de Carlos Cano EL PAÍS - domingo, 25 de mayo de 2025. Amaranta Cano, hija del cantautor granadino, protagoniza un documental que recrea los trágicos sucesos que le llevaron a componer su tema más versionado. Quizás la única forma de escudriñar el alma del cantautor Carlos Cano (Granada, 1946-2000) sea a través de sus canciones. El renovador del folclore, cantor de coplas y juglar comprometido, se hizo presente en cada una de sus melodías. Una de ellas, María la Portuguesa, que hermana fado y pasodoble, es una herida por donde respira el dolor del pueblo pesquero andaluz que mantendrá para siempre viva la memoria de este poeta fundamental de la Transición y la Autonomía de Andalucía. Es una canción que ha rebasado límites, ha cruzado fronteras y ha trascendido al propio creador. Con una voz tenue, transida por la melancolía, una de las hijas del artista, Amaranta Cano, reconoce en este icono musical “la verdadera dimensión” de una obra de arte cuando corta el cordón umbilical con su autor y pasa a pertenecer “al pueblo”. María la Portuguesa es ahora también el título de una película documental firmada por el cineasta Eduardo Montero, con guion de Ángel del Río, que sirve a Amaranta Cano para el reencuentro con su padre. “La dimensión de mi padre a nivel popular la conozco realmente cuando fallece. El Carlos Cano artista nos tenía al margen, separado del Carlos Cano familiar. El que yo conozco es el padre que está en casa, que es cariñoso, es tímido. Recuerdo estar en mi habitación estudiando y escuchar de fondo la guitarra y los susurros de mi padre mientras estaba componiendo. Fue mi banda sonora cuando estudiaba”, rememora la hija del músico en el documental. No soporto que esté muerto y que su legado esté muerto, insiste Amaranta Cano al inicio del metraje. Y en este empeño por mantenerlo vivo, en la memoria y en la historia musical de este país, la hija se enrola en un viaje para encontrarse con el padre, con María la Portuguesa como médium. La filmación de una expedición que sirve también para reconstruir los hechos algunos imaginados, la mayoría reales en los que Carlos Cano se inspiró para escribir este clásico. María la Portuguesa la firma Carlos Cano en 1987 y pertenece a su álbum Quédate con la copla. Ha sido versionada por multitud de artistas, fundamentalmente voces femeninas, como la gran fadista Amália Rodrigues, María Dolores Pradera, Pasión Vega, Las Migas, Rozalén y Martirio, estas dos últimas presentes en el documental. Es una hibridación de fado, morna caboverdiana, copla y pasodoble. ¿Pero qué se narra exactamente en María la Portuguesa? “La canción dice en un momento ‘y un disparo sonó’. Ahí me doy cuenta de que Carlos Cano siempre canta historias, historias que además han sucedido. Y es cuando me pregunto ¿de qué habla María la Portuguesa?”. Se lo formula ante Amaranta Cano el periodista David López Frías, que durante tres años ha investigado la conexión entre la canción y los hechos reales ocurridos en la frontera entre Ayamonte y Vila Real do Santo António, en el Algarve portugués, la noche de Reyes de 1985. Un guardinha portugués (policía fronteriza) mató a Juan Flores, un mariscador español, en plena desembocadura del río Guadiana, sospechando de pesca ilegal y contrabando en el país vecino: una mujer desconocida para la familia, María, veló el cadáver toda la noche, acompañó al féretro en el cementerio hasta la tumba y desapareció. Al conocer los hechos, Carlos Cano fabuló una historia de amor. La mujer real, sin embargo, “ni se llamaba María ni era portuguesa”, explica el periodista. Las crónicas de la época, recogidas en hojas de periódico teñidas de sepia que custodia Loli Flores, la hija del pescador fallecido, nos hablan de un suceso que casi provoca una grave crisis diplomática entre España y Portugal y por el que el pueblo entero de Ayamonte salió a la calle para pedir justicia. Tras los juicios celebrados en Vila Real de Santo Antonio, el guardinha José Antonio Nunes fue condenado por imprudencia temeraria. Juan Flores dejó viuda y dos hijas, y su familia solo consiguió 200.000 pesetas de indemnización. Página de 'El correo de Andalucía' del 7 de enero de 1985 en la que se recoge la historia de Flores. De la enigmática mujer, sin embargo, nada dijeron los periódicos. Amaranta Cano visita Ayamonte y acude a los mayores del lugar, acostumbrados a velar viejos secretos y a mirar hacia otro lado ante las preguntas de los forasteros. Es al cruzar la frontera a Vila Real do Santo António donde la hija de Carlos Cano va desenmascarando a una mujer que, según relatan los vecinos portugueses, “no dejaba indiferente a nadie”. “Por donde pasaba dejaba un rayo de alegría, un rastro de luz”. “Era española, pero pasó a ser nuestra”, recuerdan en la zona lusa a esta mujer nacida en 1926 en el lado español de la frontera como María, pero rebautizada en Portugal con el nombre de Aurora. “Una persona que no pasaba desapercibida”, “una figura que imponía”, “con sus labios rojos, su colorido vital”… “Despertaba odio entre las mujeres casadas, porque ella se iba con los hombres”, reconoce incluso una de las trabajadoras del geriátrico donde Aurora pasó el final de sus días, aquejada de alzhéimer. Sin embargo, detrás de esta leyenda de mujer fatal, Aurora fue, y ahí sí ha encontrado Amaranta Cano el consenso, una mujer que “comprendía las necesidades de la gente, sus dificultades financieras, ayudaba a las personas, por eso era tan conocida; le pedía trabajo a los patrones de los barcos para los pescadores más necesitados”, explica en portugués una amiga de la protagonista de la canción, que asevera: “Lo que tuvo con Juan Flores no fue un romance, fue solidaridad, por las circunstancias en las que murió, la injusticia, por ver el dolor de una familia española en la frontera”. El documental no desvela si esta mujer pudo ver reconocida su historia en la canción de Carlos Cano, tan conocida en el país vecino por el homenaje que el artista andaluz realiza en ella al fado. “Es un género musical que fascinó profundamente a mi padre, tanto como su autora más emblemática, Amália Rodrigues, señala Amaranta. “Amália Rodrígues y Carlos Cano conforman la historia de la unión ibérica”, llega a decir la fadista Teresa Salgueiro, reunida en este documental junto a otros artistas como Martirio, Rozalén, Antonio Chainho y Raúl Rodríguez. Para este último, la grandeza de María la Portuguesa resume no solo una inspiración, sino el reencuentro de una hija con su padre como símbolo de pervivencia de un legado: “María tiene esa cosa de las grandes obras de arte de convertir una historia muy local en un hecho universal, trasplantable a tantos países que tienen relación con las fronteras, donde la gente se quiere más allá de los límites administrativos, se salta los puentes y se aman sin pasaporte”.

EL ÁLBUM DE LA LENGUA

Usos de delante y adelante Ante la vacilación a la hora de emplear los adverbios delante y adelante, se ofrecen algunas indicaciones sobre su uso. 1. Caminamos adelante y caminamos delante Con verbos de movimiento se suele usar adelante, pues ya su etimología aporta ese sentido: «No es posible ir adelante» o «El público dio un paso adelante». Con el objetivo de reforzar esa idea de movimiento, el adverbio puede llevar las preposiciones hacia o para: «Muévete un poco para adelante». Si se usan estas preposiciones, también se puede usar delante: «Muévete un poco para adelante», «Anduvo hacia delante». No obstante, también es posible que estos verbos se construyan con el adverbio delante. En ese caso no se expresa dirección o movimiento, sino ubicación. Por ejemplo, en Caminamos adelante se alude a la dirección del movimiento que realizan las personas, mientras que en un enunciado como Caminan delante esas personas están situadas delante (y otras detrás). 2. Estoy delante del parque y Estoy adelante del parque Cuando se quiere expresar situación o ubicación, pueden emplearse ambos indistintamente: «Nos reuniremos delante de la finca», «El coche de adelante va muy lento», «¿Estaba adelante de nosotros?» o «Me senté delante». Con este uso solo adelante admite sin problemas la cuantificación con expresiones como más, bastante, demasiado, muy, etc., pero delante las rechaza. Así, es adecuado decir «La tienda estaba más adelante», pero no «La tienda estaba muy delante». Según la segunda edición del Diccionario panhispánico de dudas, tanto delante como adelante pueden llevar un complemento con la preposición de, pero no se documentan estas opciones de la misma manera en todas las zonas en las que se habla español. En Hispanoamérica es mucho más frec uente adelante de, mientras que en España se pref iere delante de. Recomendación de la Fundéum

LA BUTACA

:Anécdota Don Pedro Muñoz-Seca vivía desde sus tiempos de estudiante en una casa de Madrid donde atendía la portería un encantador matrimonio al que profesaba auténtico afecto. Falleció la mujer, y a los pocos días, más de pena que de enfermedad pues era un matrimonio profundamente enamorado, el marido. El hijo de los porteros se dirigió a don Pedro muy afectado tras la muerte de su padre y le pidió que redactara un epitafio para honrar su memoria. Del corazón de Muñoz-Seca surgieron estos versos: Fue tan grande su bondad, tal su generosidad y la virtud de los dos, que están, con seguridad, en el cielo junto a Dios. Corría mil novecientos veinte y tantos, y en aquella época, era preceptivo que la Curia diocesana aprobara el texto de los epitafios que habían de adornar los enterramientos. Así que don Pedro recibió una carta del Obispado de Madrid reconviniéndole a modificar el verso, puesto que nadie, ni siquiera el propio Obispo de la diócesis o el Santo Padre, incluso, podía afirmar de un modo tan categórico que unos fieles hubieran ascendido al cielo sin más. Don Pedro rehizo el verso y lo remitió a la Curia del modo siguiente: Fueron muy juntos los dos, el uno del otro en pos, donde va siempre el que muere, pero no están junto a Dios porque el Obispo no quiere. Nueva carta de la Curia El Obispo, tras recriminar al autor lo que cree, con toda la razón del mundo, una burla y un choteo de Muñoz-Seca, le exige una rectificación ya que no es el Obispo el que no quiere, pues ni siquiera es voluntad de Dios, que no decide nuestro futuro, sino que es nuestro libre albedrío el que nos lleva al cielo o no. Así que don Pedro remata la faena escribiendo un verso que jamás se colocó en enterramiento alguno porque la Curia jamás le contestó: Vagando sus almas van por el éter, débilmente, Sin saber qué es lo que harán porque, desgraciadamente, Ni Dios sabe dónde están. Enviada desde su sección en 30 días por Garipil.

EL MIRADOR DE LA POESÍA

Hoy estrena el mirador el poeta salmantino José María Gabriel y Galán (1870-1905) con uno de sus poemas. La espigadora ¿Vas a espigar, Isabel? ¡Cuánto siento, criatura, que bese el sol esa piel que tiene jugo y frescura de pétalos de clavel! Sé que espigar necesitas, porque, aunque al sol te marchitas, no es bueno que huelgue y duerma quien tiene cuatro hermanitas y tiene a su madre enferma. Mas díganme humanos ojos si te hizo Naturaleza para que en estos rastrojos, hieran tus pies los abrojos y abrase el sol tu cabeza. Entre pintados cristales de alcázares ideales hay cien reinas poderosas... ¡Para las más bellas cosas no tiene el mundo fanales! Isabel: no puedo amar; no puedo abrirte la puerta de mi pecho y de mi hogar, porque a otra Isabel, ya muerta, se los juré consagrar. Y eres tan bella, Isabel, que tengo duda cruel de si serás sombra bella de aquella eclipsada estrella que viene a ver si soy fiel. Lo digo por tus miradas, que parecen oleadas del piélago de la gloria y no pobres llamaradas de bella mortal escoria; lo digo porque me suena tu voz a salmo cristiano: lo digo porque eres buena, porque eres casta y serena como noche de verano. ¡Isabel: no puedo amar! Dios sabe que si pudiera partir contigo mi hogar ahora mismo te dijera: -No vayas, niña, a espigar, que cerca de ese desierto tengo una casa y un huerto que entolda un viejo parral donde estarás a cubierto del beso de mi rival, y si espigar necesitas..., ¡descanse mi reina y duerma!, que está en mis trojes benditas el pan de tus hermanitas y el pan de tu madre enferma. Mas ni estas puras y sanas consolaciones cristianas puedo pedir al amor..., ¡dijeran lenguas villanas que andaba en ello tu honor! Vete a espigar, moza mía, que si el mundo fuese honrado, como tu honor merecía, contigo a espigar iría quien sabe lo que es sagrado; contigo se fuera, hermosa, por el desierto ardoroso, quien tiene por cierta cosa que nadie mancha una rosa si no es un reptil baboso. En el rincón de ese ardiente desierto que el sol calcina tengo yo un prado riente con una pomposa encina y una purísima fuente; y bajo el palio frondoso que apaga el fuego del cielo, yo te dejara gozoso oyendo el decir copioso del agua del regatuelo, y yo, afrontando fatigas bajo ese cielo que arde, diera envidia a las hormigas para llevarte a la tarde rubias manadas de espigas. ¡No puedo, sol de mis ojos! Tendrás que ir sola, Isabel, para que en esos rastrojos hieran tus pies los abrojos y el sol mancille tu piel. Tendré que verte a la vuelta, cuando a tu pobre hogar vayas, la trenza del jubón suelta, rotas las pulidas sayas, la cabellera revuelta, con polvo y sudor pegado sobre las sienes el pelo y hundido el seno abultado, y el alto dorso encorvado, y el casto mirar al suelo. Y fuerza será que vea cómo el sol de los rastrojos tu piel de rosa broncea y cómo escalda y orea tus húmedos labios rojos. Mas vete sola, Isabel, que, aunque me cause dolor que el sol mancille tu piel, es más injusto y crüel que el mundo empañe tu honor. Mejor que un decir artero mil veces llorar prefiero bellezas que el sol se lleve... ¡Virgen de bronce te quiero mejor que Venus de nieve! Poesía es sentir hondo, pensar derecho y hablar cantando.