Periódico publicado en su blog cada fin de mes por María Jesús Sánchez Oliva “Premio Tiflos 1996 y 2013”. Secciones: Portada. La Vitrina (libros). Mesa camilla (opinión). Cajón de Sastre El Álbum de la Lengua La Butaca (noticias positivas). Carta a… Cosas de Garipil (espacio de María Jesús). Y ya que has venido, entra en mi mercadillo. http://palabrascatetas.blogspot.com/
domingo, 1 de noviembre de 2026
CARTA A...
31-X-2026
Queridos ferroviarios: España está de luto y triste, muy triste cuando debería estar disfrutando del puente de Todos los Santos. No habíamos superado la tragedia del accidente de trenes en Adamuz (Córdoba) cuando de nuevo 2 trenes volvieron a chocar en Urda (Toledo) y nos dejaron peores consecuencias. Por esto mis líneas de este número son de recuerdo para las víctimas mortales, de deseos de recuperación para los heridos, de consuelo para sus familiares y amigos, de gratitud para todos y cada uno de los que siguen trabajando en las labores de rescate y de cariño para vosotros. El tren fue siempre mi medio de transporte favorito. Solo tengo buenos recuerdos de los ferroviarios. Dejé de viajar en tren cuando en los años 80 nos quitaron los trenes para rehabilitar las vías y ponernos trenes más rápidos, más cómodos, más puntuales. Los trenes de los que yo dependía todavía no han llegado y han pasado muchos años. Pero hoy no es día de reproches a los políticos, ni de quejas por seguir incomunicados con otras provincias, es día de pediros perdón en nombre de los que os acusen de los terribles fallos de los trenes de alta velocidad y de daros las gracias, pues, si hay un colectivo de trabajadores que amen su trabajo, ese es el de los ferroviarios. He conocido a muchos y todos hablaban con cariño de sus trenes.
Suerte.
María Jesús.
COSAS DE GARIPIL
¡Hola!: Desconecta el televisor, deja el móvil donde ni lo veas ni lo oigas, siéntate en tu sillón favorito, cierra los ojos y permíteme que te lea el décimo relato de Letanías en lo que el sueño te manda a la cama para recuperar las fuerzas perdidas.
La trampa doble
Cuando aquella tarde de finales de curso, después de corregir los últimos exámenes de mis alumnos, dejé el Cervantes, mi instituto, y camino de casa, al volante de mi traumático coche de segunda mano, descubrí, entre un variopinto re¬baño de yentes, inmóviles y vinientes, a doña Ánge¬les, mi antigua profesora de alemán, se me paró el corazón. Iba pálida, triste... y tan vacilante como si el cielo se le hubiera encasquetado súbitamente en la cabeza, y sus pies, sorprendidos, no pudieran con las alas de tan pesado sombrero. Para mayor freno de mi corazón, a sus espaldas quedaba uno de los complejos hospitalarios. Inquieta por su salud aparqué cómo y dónde pude y corrí tras ella gritando con la misma libertad que por las calles de mi pueblo. "¡Doña Ángeles! ¡Doña Ángeles!..." La gente se apartaba molesta por mis empellones y con la mirada me seguía murmurando que estaba loca. "¡Doña Ángeles! ¡Doña Ángeles!..." ¿Qué demonios me importaba la gente? "Doña Án..." balbuceé recuperando por fin el civismo perdido, ya con las manos sobre sus asustados hombros.
—Se encuentra mal ¿verdad? —yo tuteaba a todos los profesores menos a ella, ella hablaba de usted a todos los alumnos menos a mí— ¿Qué le ocurre?
—Nada, nada nuevo, que estoy cansada, muy cansada. Con este tiempo...
Sonreí. Yo sabía que el tiempo no tenía tantas culpas como se le imputaban. Mis abuelos fumaban de tres a cuatro cajetillas de tabaco diarias y cuando desesperaban a mis abuelas con sus conciertos de toses y resoplidos le echaban la culpa al tiempo; a mis vecinos del quinto les salió rana el tercer hijo y le echaban la culpa al tiempo; el director del instituto tenía más días malos que buenos y los compañeros le echaban la culpa al tiempo... y hasta yo misma libré muchas veces a mis problemas de los ojos ajenos escondiéndolos majestuosamente entre los pliegues de tan socorrida capa.
—¿Le importa acompañarme a tomar algo fresco? Con este calor apetece, y por no entrar sola...
Sonrió. Ella sabía que la soledad era mi mejor compañía. En las clases mi mesa era la más aislada; en las manifestaciones, mi lugar el más discreto; en las fiestas no era fácil encontrarme; a la biblioteca iba siempre sola y a la hora menos concurrida... y cuando la campana de alumnos me atrapaba bajo su mágico círculo, me libraba de los repiques asiéndome con fuerza al badajo y echando a volar hacia las más alejadas regiones de la fantasía.
Entramos juntas en la cafetería Bonita. No se llamaba así, pero así la llamaba yo porque era de las pocas sin música estridente, con clientes solitarios... desde cuyo ventanal podía observarse la calle sin que la calle pudiera observarte. Optamos por la mesa más alejada de la puerta. Nos sentamos, una frente a otra. Llegó el camarero con sendas horchatas: la de sin hielo para ella, la de con hielo para mí. Leí la factura y la aboné con esa amable importancia que da el poder invitar con tu dinero a alguien que aprecias, que llevas mucho tiempo sin ver, que tantas atenciones le debes... y agitando entre las horas la mano de la charla logré descorrer las cortinas de su corazón.
Doña Ángeles compartía con Nélida el piso que compró a plazos cuando empezó a trabajar para traerse a sus padres del pueblo. Nélida era su amiga, su mejor amiga. Había entrado en su vida veinte años atrás, muy bien recomendada por la directora del Cervantes.
—Dice doña Auria que usted necesita una asistenta por horas. A mí me interesa quedarme fija: no tengo padre, mi único hermano ya ha formado su propia familia... y cada día se me hace más cuesta arriba trabajar de casa en casa y vivir en una habitación con derecho a cocina.
Doña Ángeles puso en la romana de la reflexión las distintas frutas del tiempo: sus clases en el instituto la obligaban a permanecer muchas horas fuera de casa, su salud nunca mereció demasiados aplausos, sus padres estaban tan castigados por la vida que cada año se rendían a sus chantajes más aprisa... y leyó en la barra de los números que, aunque a finales de mes tuviera que apretarse algo más el cinturón, no debía deshacerse de aquellas muletas que le ayudarían a recorrer los distintos senderos del futuro con mayor seguridad.
—¡Quédese, quédese! El piso no es muy grande que digamos pero una habitación para cada una sí que hay. Y si con el tiempo encuentra quien le pague mejor...
—¡Oh, no! El dinero es lo de menos, lo importante es estar a gusto.
Y doña Ángeles le entregó confiada un juego de llaves, y ella lo aceptó con infinita gratitud, y a los pocos días la afilada tijera de la mutua simpatía les hizo jirones las amarras del usted y los lazos del tuteo empezaron a estrecharlas con tanta fuerza que parecía que sólo los dedos de la muerte podían deshacer el nudo de aquella amistad. Doña Ángeles fue para Nélida el pararrayos de sus distancias familiares, de sus zozobras económicas, de todas sus soledades. Nélida fue para doña Ánge¬les la aspirina de todas sus fatigas, de todos sus achaques,
el resumen de sus compañías. Y redoblando el tambor de su impecable amistad procesionaron juntas por los mismos círculos, por los mismos ambientes, por los mismos horizontes.
Pasaron los años, y tras ellos se fueron los padres: los padres de doña Ángeles, los padres de Nélida. Y ella se jubiló por enfermedad, y al jubilarse, siempre tan previsora, decidió atarle las trenzas al futuro.
—Si de repente me ocurriera algo, nada me molestaría más que dejarte en la calle —le confesó a su amiga, a su amiga del alma—. He pensado poner el piso a nombre de las dos, al tuyo y al mío.
Y estamparon sus firmas en la escritura sin saber que aquellas firmas serían las manos que le quitarían el nudo al lazo de su amistad.
La cruz de pesares que tanto le inclinaba el ánimo aquella tarde se la echaron a los hombros el verano anterior. A principios de julio llegó a casa un telegrama a nombre de Nélida. "Ha muerto tu hermano. El entierro es mañana. Abrazos". A Nélida le tembló la voz.
—¿Qué hago? —le consultó a su amiga, a su amiga del alma—. ¿Qué hago?
—Irte al pueblo inmediatamente. ¿Qué otra cosa puedes hacer? Irte a enterrarlo, a acompañar a tu cuñada, a tus sobrinos: a todos. Me duele la voz de decirte todas las navidades que los felicites, de decirte que vayas a las comuniones de los chicos y a la boda cuando se casó el mayor, y los oídos de oírte repetir que me feliciten ellos a mí, que me inviten a la fiesta, a la matanza, que no hay que espigar. Por más vueltas que le doy no entiendo cómo una familia puede estar tantos años sin hablarse sin que haya ocurrido nada, porque, a fin de cuentas, ¿qué ha pasado entre vosotros, qué ha pasado?
—Nada, nada... yo me vine, ellos se quedaron... y ellos por mí y yo por ellos...
—Pues por eso mismo, por eso mismo tienes que ir. Y pedirles perdón, y reconciliarte con ellos, y hacerles ver que aquí tienen su casa, porque no lo olvides, mi casa es tuya también. ¡Dios mío, qué necios somos! Sabemos que antes o después la muerte se encarga de unirnos para llorar y nos pasamos la vida separándonos para disfrutar.
—Pero si... ya no los quiero, no los quiero ya.
—Claro que los quieres. A la familia se la quiere siempre, hasta cuando no se la quiere; además, aunque sólo sea por mí, debes quererlos, mis riñones cada día andan más perezosos, dice el doctor que al final tendré que depender de una máquina, y si a la máquina le da por darme plantón... ¿quién va a echarte una mano?
Luchando con el orgullo de humillarse ante su cuñada y la vergüenza de haber ignorado a su hermano durante tantos años, Nélida preparó un neceser de urgencia, de lo justo para unas horas. Doña Ángeles telefoneó mientras para conocer el horario de autocares y a la hora informada la acompañó a la estación.
—Me llamas para que sepa que has llegado bien.
—Te llamaré para decirte que ya vuelvo.
Y se besaron en la mejilla. Era la primera vez que se besaban: nunca se habían tenido que despedir, siempre habían viajado juntas. Lo que no sabían era que aquel beso era el último también.
Nélida telefoneó aquella misma noche.
—¿Y tu hermano? ¿Qué le pasó, de qué ha muerto?
—De nada, no ha muerto. Todo ha sido una broma, una broma de la gente. Me quedaré unos días para averiguar quién ha sido el sinvergüenza y en cuanto le parta la cara me largo de aquí.
—¡Pero..!
Pero era tan miope ante el egoísmo humano que no vio en aquella broma la trampa que alguien le había puesto para que cayeran las dos.
Nélida hizo el viaje llorando por el dolor de no poder llorar por su hermano. Cuando se apeó del taxi que la llevó a su casa: a la casa de sus padres, a la que habitaba su hermano desde que se casó, esperaba ver las ventanas iluminadas por los cirios, los vecinos entrando y saliendo en silencio... pero sólo vio a Tita, su cuñada, que salió a recibirla con las prisas de quien la estaba esperando.
—¡Pero Neli, qué sorpresa!
—¿Y mi hermano, dónde está mi hermano?
—¿Tu hermano? A trabajar. ¿Dónde va a estar a estas horas?
—¿A trabajar?
—¡Claro!
—¿Y esto, quién me ha mandado esto?
Tita se adueñó del telegrama y fingió leerlo.
—¡Santo Dios, qué mala es la gente! Este pueblo es un infierno, y en el infierno sólo hay diablos, y los diablos sólo piensan en deshacer familias... pero en esta ocasión les va a salir el tiro por la culata, sólo han conseguido que vengas, que te veamos... que hagamos las paces, que nos reconciliemos. ¡Pasa, pasa! Ya verás cuántas bocas se van a cerrar.
Mientras Nélida tranquilizaba a doña Ángeles por teléfono, Tita preparaba una tila para tranquilizarla a ella. Y llegó su hermano, y llegaron sus sobrinos... y le sonrieron con una alegría triste, y la besaron con una frialdad que abrasaba... pero cenaron juntos, y hablaron de todos menos de ellos, y cuando se acostó en su cuarto de niña recordó las palabras de doña Ángeles: "A la familia se la quiere siempre, hasta cuando no se la quiere".
—Voy a correos —dijo Nélida en cuanto apareció en la cocina a la mañana siguiente—. Tengo que saber quién...
—Ya he ido yo y no hay nada que hacer —la interrumpió Tita mientras le servía el desayuno—. Lo puso alguien de fuera. No iban a ir en persona. Y como no lo
firmó... Pero deja el asunto en paz, quien haya sido ya lo pagará, la mejor venganza es que nos vean juntas por el mercado, por los bares, en la iglesia... para que hasta las moscas se enteren que no has venido a matarnos, que has venido a resucitarnos.
Y se las ingenió para iniciar juntas un rosario de días en el que ella musitaba las oraciones y su cuñada decía amén. Durante la cena del quinto misterio le espetó a su marido:
—Antes de que se vaya tu hermana deberíamos de ha¬blar lo de la casa.
Lorenzo guardó silencio.
—¿Qué le pasa a la casa? —preguntó Nélida.
—Que está en ruinas, que se cae a pedazos, que o la hacemos nueva, o cualquier día nos deja entre cielo y tie¬rra. Y como es de los dos...
—respondió Tita.
—Si tuviera el dinero, yo lo ponía todo, —añadió Lorenzo— pero con lo que tengo no llego ni a la mitad. Lorenzo se casó sin traer un duro a casa, Miguel estudia fuera y Carlos no tardará en irse. Y por más que la ordeño, ya ves, la burra no da más leche.
—Y... ¿para qué quiero yo una casa?
—preguntó Nélida.
—Pues para vivir —la hizo reflexionar Tita—. ¿Para qué se quieren las casas? Pronto te jubilarás, y cuando te jubiles, ¿dónde vas a ir mejor que aquí, con nosotros?
—Jubilada y todo puedo quedarme con Ángeles. El piso es tan suyo como mío, está a nombre de las dos.
El matrimonio recordó el mensaje de Flores, el cartero. "He visto a Neli en el notario. Iba con ella, la jefa, a ponerla en la escritura del piso. Necesitaban un testigo y yo firmé. Por una paisana..."
—Pues mejor que mejor, le pides tu parte y te haces el nido aquí —se apresuró a aclararle Tita—. Será la única forma de que cojas el trigo sin paja, porque si le da por morirse...
—Y se morirá aunque no le dé, —la interrumpió Lorenzo— porque si anda así del riñón...
—Y aparecen a reclamarte los primos, reprimos y requeteprimos, que nunca faltan, —prosiguió ella— te que¬das sin collar y sin galgo, que como decimos por aquí: "El que con lo ajeno se viste…"
—"En la calle lo desnudan" —concluyó Nélida.
Y en su cuarto de jovencita recordó las palabras de doña Ángeles: "Además, aunque sólo sea por mí, debes quererlos, mis riñones cada día andan más perezosos. Dice el doctor que al final tendré que depender de una máquina, y si a la máquina le da por darme plantón... ¿quién va a echarte una mano?"
Doña Ángeles llenó la ausencia de Nélida organizando unas vacaciones en Venecia. La recibiría con esa sorpresa. Pero la sorpresa se la mandó ella una mañana de finales de julio en forma de abogado.
—Nélida le reclama el cincuenta por ciento del piso.
—¡Pero... si el piso es mío!
—Y suyo. Figura a nombre de las dos. Puede disponer de su parte.
—¡Sí, sí... claro, pero eso será cuando yo muera!
—Y ahora. ¿Quiere que lo arreglemos por las buenas?
—Ni quiero ni puedo, le repito que el piso es mío y no
dispongo de ese dinero.
—Pues ella le compra su parte y después lo vende.
—¿Se está burlando de mí?
—No, señora, cumplo con mi deber.
—¡Pues deje su deber en mis manos que yo lo litigaré con ella!
Pero ella huyó de sus llamadas y de sus visitas, y llegó la denuncia, y tuvo que buscarse un abogado, y se celebró el juicio.
"Fue a trabajar de asistenta y la convirtió en su criada, en su dama de compañía, en su enfermera... por un
ridículo sueldo que lleva sin subírselo más de diez años. La secuestró en nombre de la amistad y manipuló su personalidad con tal astucia que rompió todos los vínculos familiares", dijo el abogado, en defensa de Nélida.
"Necesitaba una empleada por horas y le entregó su casa, su familia, su amistad… lo que no tenía, lo que necesitaba. Y además del sueldo y los seguros sociales, la vistió, la calzó, le costeó los viajes, los caprichos... Y fue tan generosa con ella, y le estaba tan agradecida, y tenía tanta fe en su amistad... que decidió asegurarle el futuro en su propia soga sin sospechar siquiera que al compartirla tiraría de la punta para deshacerle el presente", dijo el abogado, en defensa de doña Ángeles.
Pero el juez dictó la sentencia con la ley en la mano. Doña Ángeles tenía preferencia, pero si en cuarenta y ocho horas no le pagaba su parte, Nélida podía comprarlo. Y para que no dudara de que lo haría, ya había depositado el dinero en una entidad bancaria.
Cuando la encontré aquella tarde venía del bufete de su abogado, de que le confirmara lo que ya se temía.
—¿Y... y qué va a hacer?, —le pregunté a medio tono, mientras el camarero nos echaba apagando y encendiendo luces.
—De momento esperar a que la policía me saque de mi casa para meterla a ella y después cualquier cosa menos volver a mirar a alguien.
Recogimos el coche y la acompañé a su casa, a aquella casa que había pagado en veinte años y se la quitarían en dos días. De regreso a la mía recordé mis recreos en el Cervantes. Alumnos y profesores corríamos en tropel a la cafetería. Unos y otros se apresuraban a recoger sus desayunos en la barra y a ocupar las mesas para desayunar en corrillos. Yo solía perderme en el baño y en cuanto alguna de las mesas quedaba libre me sentaba ante los restos de un café y una ensaimada para evitar que el camarero
me preguntara qué iba a tomar, para que nadie se diera cuenta de que entre tantos hijos de papá yo era la única que estudiaba gracias a las becas. Siempre que doña Ánge¬les estaba en el bar, me sorprendía el empleado con un café y una ensaimada."Tu desayuno ya está pagado". Y pensé que los pequeños detalles sólo podían salir de los corazones grandes, y pensé que la gratitud era la única doctora que podía devolverle la vista a un corazón que estaba a punto de quedarse ciego por un desengaño, por una traición, y a la mañana siguiente, consulté mi cuenta en el banco. Tenía el dinero, el dinero que llevaba tiempo ahorrando para dar la entrada de un piso. Y concluí que había cosas que podían esperar y otras que no. Y dos horas después, mi antecesora en el puesto de profesora de Alemán del Cervantes, recibía en su casa un cestillo de violetas con un cheque firmado que decía: "Devuélvamelo cómo y cuándo pueda". Y cuando me telefoneó llorando comprendí que no cerraría los ojos ante los seres humanos, por¬que había descubierto que entre la paja también se en¬contraba el trigo y había que salvarlo. Y sentí que de todos los sobresalientes que me había puesto, aquel diez era el único del que verdaderamente podía sentirme orgullosa.
María Jesús Sánchez Oliva
Relación de libros publicados por mi autora: María Jesús Sánchez Oliva. Pero antes quiero recordarte que por ser el primero de sus libros publicado me ha distinguido con este espacio en su blog del que me siento tan orgulloso como responsable.
“Garipil (1995)”.
Reseña: Garipil es un semáforo. Nace con una idea en la cabeza: decir a la sociedad que las máquinas como él nacen para estar al servicio del hombre, para ayudarle en todas las tareas que tiene que realizar, para hacerle la vida más cómoda, pero en ningún caso para suplirlo. Su mensaje es tan aconsejable para niños como para mayores.
“Letanías (1999)”.
Reseña: Letanías es una colección de historias breves pero completas. El libro ideal para los que quieren leer pero les falta paciencia para enfrentarse a libros con muchas páginas. Algunos de los relatos han sido premiados en distintos certámenes literarios.
“El rosario de los cuentos (2003)”.
Reseña: En los primeros años de la posguerra española, en un pueblo de Castilla, un cura de la época es incapaz de encauzar a sus feligreses por el camino recto a través del Santo Rosario, como era costumbre. Ante su fracaso decide transformar cada misterio en un cuento. El resultado son quince cuentos para niños de distintas edades. Cada cuento está ilustrado con una viñeta alusiva a la época. Este libro obtuvo el tercer premio en el Concurso de Cuentos Tiflos en su edición de 1996.
“Cartas de la Radio (2007)”.
Reseña: Cartas de la Radio es una colección de cartas o artículos de opinión escritas y leídas semanalmente en Onda Cero por María Jesús Sánchez Oliva durante cuatro años. Las cartas van dirigidas a políticos, ciudadanos de a pie, víctimas del terrorismo, instituciones, asociaciones, etc., y no pocas nos llevan a acontecimientos que siguen vivos en nuestra memoria.
“Cuentos de la Cigüeña (Soles y Lunas) (2014)”.
Reseña: Son doce cuentos escritos en verso con los que las mamás y los papás disfrutarán leyéndoselos a sus hijos y los niños aprenderán a amar la poesía a la vez que los cuentos.
“Los días perdidos (2018)”.
Reseña: En esta novela se narra la historia de Ara, una mujer que de forma inesperada tiene que enfrentarse a una ruptura matrimonial. El impacto la lleva a recluirse en su ático de soltera. Tras varios años de aislamiento, al salir de casa una mañana, la avería del ascensor la obliga a bajar andando todas las plantas del edificio. En cada planta se encuentra con una mujer que le cuenta su historia. Son mujeres muy distintas unas de otras, pero todas, por distintas razones, han perdido muchos días de su vida. Ya en la planta baja se encuentra con Daniel, el único vecino del edificio que también ha perdido muchos días inútilmente, y de forma espontánea los dos deciden no perder ni uno más. “Primer Premio Tiflos 2013”.
Para más información sobre los libros, hacer un comentario o simplemente saludarme, solo tienes que contactar conmigo a través de mi dirección de correo electrónico:
Garipil1995@gmail.com
Estaré encantado de responderte.
Gracias por tu visita y hasta el próximo número.
Firmado: Garipil.
jueves, 30 de julio de 2026
PORTADA
Queridos lectores: Acaba de salir el número 137 de 30 días, mi periódico, tu periódico, el periódico de cuantos quieran leerlo.
NOTA IMPORTANTE
A partir de esta fecha (30-Y-2026) y a sugerencia de algunos lectores se agregan dos entradas al periódico: El juego de las preguntas. Consiste en hacer una pregunta (relacionada con la cultura generalmente) que los lectores pueden responder. Las respuestas y el número y nombre (pueden ser seudónimos) de los acertantes se comunicarán en el número siguiente, y a final de año, la persona que más aciertos haya tenido, podrá figurar como seguidora de honor en la portada. Y El mirador de la poesía. Consiste en publicar poemas de poetas consagrados, desconocidos o aficionados, que se consideren, claro está, aceptables. Las respuestas a las preguntas para concursar y el envío de poemas para ser publicados solo se recibirán en el correo electrónico de Garipil que figura al final de su sección “Cosas de Garipil”.
LO MÁS DESTACADO DE JULIO
LA VITRINA: El autor del libro que hoy se presenta para invitarnos a la lectura es Ousman, Umar.
EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS: Respuesta a la pregunta anterior y pregunta siguiente.
MESA CAMILLA: Mal que no es de ahora, no mejora (Última entrada de julio en Salamanca RTV Al Día).
CAJÓN DE SASTRE: Infierno en Caracas.
EL ÁLBUM DE LA Lengua: La ese que siempre sobra.
LA BUTACA: Respuesta de la RAE (Información de la ONCE).
EL MIRADOR DE LA POESÍA: Me parecía mentira (María Jesús Sánchez Oliva).
CARTA a… a Adrián (niño salmantino fallecido durante la celebración del triunfo del Mundial 2026).
COSAS DE GARIPIL: Huelga de vino y baile (IX relato de Letanías).
Si has visitado cualquiera de las secciones, mil gracias; si las has visitado todas, un millón.
Volveremos a encontrarnos en el próximo número.
María Jesús Sánchez Oliva.
Seguidores de Honor:
Mónica Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 23-IV-2012.
Arturo Arias Terceiro. Nacionalidad: argentina. 12-VI-2012.
María del Mar Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 29-VI-2013.
Concepción Martín Martín (Conchi). Nacionalidad: española. 19-IV-2015.
Claudio Hernández Díaz (pintor). Nacionalidad: española. 30-VI-2020.
MESA CAMILLA
Mal que no es de ahora, no mejora
En tan sólo unas horas los españoles hemos pasado de la risa al llanto como por arte de magia. Ya nadie piensa en el triunfo del Mundial 2026 que tan feliz nos hizo a todos, incluso a los que el fútbol es algo que ni nos va ni nos viene, ahora sólo podemos pensar en el pavoroso incendio que ha unido a tres provincias (Madrid, Ávila y Toledo) y ha convertido el centro de España en un auténtico infierno. Basta ponernos en el lugar de los miles de familias que han tenido que dejar sus casas, sus negocios, sus animales y no saben qué se encontrarán al volver, en los profesionales, vecinos y voluntarios que se están jugando la vida para evitar que la pierdan los afectados, en las autoridades, sobre todo en los alcaldes y las alcaldesas de los pequeños municipios, que siguen luchando por controlar la difícil situación, para echarnos a temblar. La que no parece en absoluto preocupada es la presidenta madrileña: haciendo gala de su lenguaje de bar de pueblo ha calificado de mamarracho a öscar Puente, ministro de Transporte. Fue su respuesta al ministro que, en un tuit, después de la declaración de emergencia nacional por los incendios, aún activos y con más ganas de crecer que de menguar, escribió: “Tenemos todos claro que la UME (Unidad Militar de Emergencia) es ya el nuevo servicio de extinción de incendios de las comunidades autónomas
gobernadas por el PP. Ellos reducen impuestos a los ricos, jibarizan los servicios públicos y luego le piden al Gobierno que les resuelva la papeleta”. Es evidente que el Gobierno no ha puesto pegas para ponerse al frente, ni ha escatimado medios materiales, ni ha escatimado medios personales, y gracias a esto y no a un milagro de momento el incendio no se ha cobrado ninguna vida, pero le guste o no le guste a la presidenta el ministro tiene razón: las comunidades autónomas gobernadas por el PP luchan por conseguir competencias, pero una vez que las asumen se olvidan de la sanidad, de la educación, de la justicia, de los servicios esenciales y sólo tienen dinero para multiplicar las fiestas, pagarnos el autobús a todos para ir de compras y subvencionarles a los jóvenes historias que llaman cultura. ¿Habrían sido tan trágicas como fueron las consecuencias de la DANA de Valencia, del abandono de los mayores en las residencias de Madrid cuando la pandemia y de los incendios de la Culebra en Zamora del verano pasado si el PP hubiera apoyado el pacto de Estado que Pedro Sánchez lleva tiempo reclamando para estos casos? Pues si nos remitimos a las pruebas está claro que no, y si ahora, tanto Feijóo como Mañueco, no aprovechan esta tragedia, como la ha aprovechado la Ayuso, para desgastar al Gobierno a golpe de insultos y de reproches de cosas que ellos tienen de sobra para avergonzarse, no es porque hayan cambiado, que mal que no es de ahora, no mejora, es porque las llamas impedirían que pudiéramos oírlos. Por lo tanto, si de verdad los ciudadanos queremos defender los derechos que tanto nos ha costado ganar, tendríamos que empezar por pensar en la mayoría a la hora de votar, no en nosotros mismos, y elegir a nuestros gobernantes, sean del color que sean, por lo que han hecho, no por lo que nos cuentan que van a hacer.
María Jesús
27-VII-2026
EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS
Pregunta y respuesta anterior:
El 23 de octubre de 1940 Hitler y Franco se reunieron en Hendaya para negociar la entrada de España en la II Guerra Mundial. ¿Cómo se llamaba el vagón del tren donde tuvo lugar la histórica entrevista?
Respuesta: Érika.
Jugadores: Ninguno.
Pregunta siguiente: ¿Qué sucedió el 10 de octubre de 1582?
Las respuestas a:
garipil1995@gmail.com
CAJÓN DE SASTRE
Infierno en Caracas: la historia de José Breijo, el único preso político uruguayo en Venezuela
Es del Cerro, viajó a dedo a Venezuela en 1979 y trabajó como gerente hotelero. Más de cuatro décadas después, tomó una foto que lo llevó a la cárcel: lo acusan de terrorismo y “traición de la patria”. Le ocuparon su apartamento y vivió en un pasillo.
De pronto un temblor. Se movía todo: paredes, piso, techo, ventanas, los pocos muebles que había en la sala. José Ricardo Breijo Fedorchenko estaba sentado en la cama, hablando por teléfono con un amigo de Massachusetts, Estados Unidos, cuando el terremoto del 24 de junio lo sorprendió.
—Polo, está temblando... ¡está temblando! —gritó, mientras el polvo caía. Y ahí vio cómo se rajaban las paredes.
Breijo no sabía si quedarse quieto cruzando los dedos para que el techo no se viniera abajo o si apurarse a evacuar el viejo edificio, como estaban haciendo muchos de sus vecinos. ¿Pero realmente podía salir? A sus 72 años recién cumplidos y con varios problemas de salud arriba, le cuesta moverse. Claro, ese no era el tema principal, sino otro: ¿lo volverían a llevar preso?
Él no puede moverse de su apartamento sin una autorización judicial. Un mes antes había salido de la cárcel de Tocuyito, donde se calcula que están hacinados unos 2.000 venezolanos, muchos presos políticos
Breijo venía de pasar los dos peores años de su vida. El mismísimo infierno.
—Acá los vecinos se pasaron afuera esas primeras horas, en la puerta del edificio, y yo decía “si se va a caer, es lo mismo afuera o adentro” —recuerda en su apartamento del barrio Bello Monte, de clase media—. Me meto y duermo bajo techo. Recién en la noche volvió la luz y al otro día me enteré bien de todo lo que había pasado.
Vista aérea de edificios derrumbados en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 30 de junio de 2026, tras los terremotos.
Vista aérea de edificios derrumbados en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 30 de junio de 2026, tras los terremotos.
Foto: AFP.
En el apartamento ahora hay una cama, unos gastados sillones estilo Luis XV, una mesa ratona y otra un poco más alta. También una heladera. Algunas cosas se las prestaron, otras quedaron de quienes ocuparon su casa mientras él estaba tras las rejas.
Breijo es el único uruguayo preso por razones políticas en Venezuela, al menos por lo que saben las organizaciones de derechos humanos y la Cancillería uruguaya. Porque todavía está preso, en su apartamento, con domiciliaria: casa por cárcel le llaman en Venezuela.
A la decadencia general del apartamento —cortinas sucias, paredes descascaradas, por lo que se ve en las imágenes enviadas por las agencias de noticias— ahora se le suman las fisuras. Aunque Breijo tuvo algo de suerte esta vez: el edificio, antiguo, no fue de los que sufrió mayores daños por los temblores.
—El edificio es del año 46. Pasó el terremoto del 67, que fue igual a este último, donde se cayeron un montón de edificios. Y ahora aguantó este —cuenta Breijo—. Pero ya con las paredes rajadas de los 14 apartamentos. Ayer estuvimos chequeando. Estamos esperando la inspección de los bomberos, que nos dirá si podemos seguir habitando el edificio. Pero si me dicen que no me puedo quedar, ¿dónde voy? ¿Abajo de un puente?
Pared de la casa de José Breijo
Pared de la casa de José Breijo, tras el terremoto.
Del Cerro al negocio hotelero en Venezuela, la vida de José Breijo
Para contar la historia completa de José Ricardo Breijo Fedorchenko hay que remontarse a 1979, cuando emigró a Venezuela. Era un muchacho del “glorioso Cerro” que quería respirar aires de libertad. Se fue joven, con 24 años, pero antes llegó a trabajar como guarda de Cutcsa en el 185 que unía el Frigorífico Nacional con Pocitos. También hacía changas en Punta del Este, donde pintaba apartamentos. Un verano conoció a una argentina, se enamoraron y decidieron irse a Venezuela. Atravesaron a dedo todo el continente.
—Hicimos autostop y toda esa vaina, viajamos tres meses.
—¿Emigró por razones políticas o económicas?
—Ambas dos. En el 73, cuando cumplí 18, me detuvieron por las revueltas estudiantiles y estuve preso un par de meses. Me llevaron al Departamento de Investigaciones e Inteligencia número 5. Nos agarraron a 12 o 13 muchachos del Cerro. Y quedás marcado. Me tenía que presentar a firmar... Le agarrás cierta bronca al país. Bueno, yo me fui y nunca volví.
—¿Nunca?
—No podía escuchar la palabra Uruguay. Muy mal, muy mal —dice con un acento bien uruguayo que parece que hubiera emigrado ayer.
Entonces aclara:
—El acento no lo perdés... Pero si estoy entre venezolanos hablo con acento venezolano.
Dos personas ayudan a José Ricardo Breijo a subir una escalera, en el edificio donde vive en el barrio caraqueño Bello Monte.
Dos personas ayudan a José Ricardo Breijo a subir una escalera, en el edificio donde vive en Caracas.
Foto: AFP.
Su pareja era psicopedagoga y consiguió trabajo rápido en la Universidad de los Andes en Mérida, una ciudad universitaria en el medio de las montañas. Tuvieron un hijo pero tiempo después se separaron. Hoy su hijo no vive en Venezuela.
Breijo había empezado a trabajar como cocinero en la cadena hotelera Hilton. Un jefe de cocina le dijo: “mira, si quieres seguir ascendiendo, vas a tener que presentar papeles, vas a tener que estudiar”. Le hizo caso, viajó a Medellín a estudiar hotelería en la Universidad Externado de Colombia. Y ese fue el trampolín a una vida laboral en hoteles. Ocupó cargos de gerente en República Dominicana, Isla Margarita, el Amazonas, Mérida y Caracas.
—Me pasé toda la vida en la hotelería, de arriba para abajo, más que nada administrando alimentos y bebidas.
Pero a inicios de este siglo el negocio de los hoteles se entró a complicar en Venezuela:
—Yo estaba en Margarita en el 2002, creo que fue, cuando se cayó la oferta hotelera. Nadie quería venir a Venezuela —dice, en referencia al impacto por la crisis política, social y económica que atravesaba el país, incluyendo un intento de golpe de Estado.
Dejó el hotel y se fue a Caracas, de donde no se ha movido y ha vivido una verdadera montaña rusa. Primero compró una “fabriquita de chocolates” con sus ahorros, pero después vino una crisis de insumos, tuvo que despedir a los seis empleados y cerrar. Entonces instaló una deshidratadora de frutas y verduras. Por unos años se dedicó a eso, hasta que también la cerró y empezó a vivir del alquiler del local más la jubilación. Y cada mes recibe una bolsa con alimentos que envía el gobierno: cuatro kilos de arroz y de pastas, un litro de aceite, un kilo de azúcar, cuarto kilo de café, a veces manteca, ketchup, mayonesa. Dice que le sobra y una parte la regala a vecinos con familias numerosas. A fin de año el gobierno manda un trozo de “cochino”; nunca se sabe qué parte es porque “parece que la pica un carpintero”, dice a las risas.
—Usted vivió el auge y la decadencia del chavismo.
—Sí, sí, sí. Al principio (Hugo) Chávez prometió mucho, tenía un gran equipo. Los mejores profesores de las mejores universidades, los mejores científicos. Había unos proyectos fabulosos. Nos enamoró. Pero luego vino (Nicolás) Maduro y quitó a todos los que servían. Todo se vino abajo... hasta llegar al punto donde estamos ahora; la represión es impresionante, no podemos ni hablar. Hizo un sistema de denuncias: cualquiera puede denunciar a su vecino. Y después creó las fuerzas bolivarianas, donde hay muchos malandros que están haciendo desastres. Cuando a mí me pusieron preso en el 2023, lo primero que hicieron fue meter gente en mi apartamento. Como yo vivo solo, entraron. A miles le han quitado las casas, los autos... Y tuvieron que venir los gringos, algo que uno nunca quiso. Yo me quejo de la lentitud con la que Marco Rubio y Donald Trump hacen las cosas. Todavía hay muchos presos políticos. Nosotros necesitamos el cambio urgente. ¿Por qué no hay elecciones? El presidente falta desde el 3 de enero.
—Pero la cosa está mejor que antes del 3 de enero…
—No, esto está cada vez peor.
¿Cómo cayó preso José Breijo?
El 7 de octubre de 2023 Hamás llevó adelante una incursión desde la Franja de Gaza hacia el sur de Israel. Murieron 1.219 personas, tomaron 251 rehenes y empezó una guerra.
Breijo conocía un lugar en Caracas donde entraba gente que él pensaba estaba vinculada a organizaciones terroristas de origen islámico.
—La Unión Europea había acusado a Maduro de proteger a los terroristas. Y Maduro lo negaba. Entonces fui a ese lugar y saqué una foto en una oficina vacía, no había nadie, pero encontré una bandera en la pared.
—¿Una bandera de quién?
—Una bandera no sé de quién carajo. No era de un país, era de un movimiento. Tenía fondo verde con una inscripción árabe en rojo; nunca supe qué decía.
—¿La oficina dónde estaba?
—Una oficina que yo conocía, donde se reunían ellos —dice Breijo, quien evidentemente no quiere proporcionar información demasiado concreta—. El runrún de las demás oficinas cercanas era que ahí se reunía Hamás, Hezbolah y todo eso. Saqué una foto y más nada.
El relato sigue así:
—Quise mostrar la foto a un rabino para que viera que era mentira lo que decía Maduro. Esta es la prueba, pensé. No logré hablar con el rabino, sino que un (supuesto) vigilante privado que estaba en la sinagoga me dio el número de teléfono. Llamé. Me citaron en una panadería a tomar un café. Fui y cuando mostré la foto, me pusieron las esposas y me llevaron preso. No era el rabino, me habían pasado el teléfono de un policía.
La policía se quedó con el celular de Breijo, donde estaba la foto. En una entrevista con la agencia AFP, Breijo relató que necesitaba 1.500 dólares para un cateterismo y pensó que podía vender la imagen para pagar la cirugía.
José Breijo en su apartamento en Caracas
José Breijo en su apartamento en Caracas.
Foto: AFP.
¿En qué lugar tomó esa foto? “No sé si era una oficina, nunca nos especificó qué era”, dice la activista uruguaya Giuliana Brandi, quien ha seguido de cerca el caso de Breijo ya que es coordinadora desde Uruguay de la fundación Familia SOS Libertad formada por familiares de presos políticos, y también colabora con la ONG Justicia, Encuentro y Perdón, que difunde violaciones a los derechos humanos en Venezuela. ¿Y la bandera? “Nos dijo que tenía inscripciones árabes, pero no sabemos si de Al Qaeda o algo así”.
Al principio lo imputaron por los delitos de terrorismo, asociación para delinquir y traición a la patria.
—Pero luego me retiraron terrorismo, porque yo no actué con armas ni a la fuerza. Asociación para delinquir también me lo quitaron, porque nunca me asocié con nadie, trabajé solo —relata Breijo—. Y quedó traición a la patria.
Hay poca información y, aunque parezca raro, los abogados aún no han podido acceder al expediente. Por eso mismo, la versión que da uno de sus abogados es algo diferente.
Erik Camargo trabaja desde hace varias semanas en el caso junto al abogado Eduardo Torres, a pedido de la ONG Frente de Defensa Norte de Caracas, liderada por el activista y periodista Carlos Julio Rojas. Dice que a Breijo se lo acusa de “terrorismo y conspiración para cometer actos de terrorismo”: la propia boleta de excarcelación incluye la mención a ese delito. Pero “no se han presentado evidencias de acto terrorista ni con quiénes estaba coaligado, no hay otros imputados en el caso”; él “es inocente y esto es todo un absurdo”. “Aquí te pueden meter preso por cualquier cosa”, admite.
José Breijo en el pasillo de su edificio.
José Breijo en el pasillo de su edificio.
Foto: AFP.
Breijo estuvo un año y poco en un retén carcelario en la zona de San Agustín en Caracas y luego en Tocuyito, a dos horas de la capital. Hay denuncias sobre fuertes violaciones a los derechos humanos en esa cárcel.
—Yo estaba en una celda pensada para 60 personas. Éramos 216. Imagínate: para sentarme, otro se tenía que parar. Para acostarme, se tenían que mover dos. Si me paraba contra la pared, molestaba. Era una tortura
—¿Qué fue lo peor de la cárcel?
—Las noches, primero porque me costaba dormir y segundo porque entrabas en un ambiente rarísimo, por ejemplo te daban clases de cómo matar y luego desmembrar a alguien. Porque en la cárcel hay un cochino, un cerdo enorme que parece una vaca, que es el que se come a los muertos. Tú tienes un problema con alguien, vas a un duelo o lo cagas a piñazos y lo matas, lo picas en pedacitos y se lo das al cochino. Y el cochino lo come todo.
En la celda se encontró con “un viejito” al que le decían “el presidente”, preso desde hace ocho años. Se perdió el expediente y nadie sabe por que está:
—Él dice que lo denunció el hermano para quitarle la casa, porque la querían vender. Tú le das unos pesos a un policía y te mete preso, y te pudrís. Estuve con un muchacho de 21 años, que lo agarraron a él y a la madre en un supermercado porque la madre se quejó de los precios que estaban aumentando.
José Breijo en el pasillo de su edificio.
José Breijo en el pasillo de su edificio.
Foto: AFP.
¿Breijo es preso político? En un parate en una larga jornada de ayuda a ciudadanos afectados por el terremoto, el abogado Camargo dice que sí porque ser preso político “no necesariamente implica que sea activista social o político, sino simplemente son personas que hacen cosas que a los funcionarios les parecen sospechosas o las consideran prohibidas” como tomar una foto a una bandera. Dice que “no hay ningún artículo del Código Penal que establezca que tomar una fotografía se pueda imputar como delito” y que se trata de un caso más de detención arbitraria. Algo parecido piensa Carlos Julio Rojas (“meten preso a un abuelo, acusado de terrorismo por tomar una foto de una bandera con inscripciones árabes, lo están metiendo preso por razones políticas; él no cometió ningún delito) y la activista Brandi, aunque en este caso ella dice que la organización que coordina prefiere hablar de una “detención arbitraria” porque no se le siguió el “debido proceso”. “No sabemos bien qué foto sacó, no sabemos si es preso político”, matiza.
Breijo se enfermó en Tocuyito. Sufrió un edema pulmonar y ulceras en las piernas, por lo que fue trasladado a la enfermería.
—Por eso soporté. Yo venía de pasarlas verde. Ahí en la enfermería estaba en una salita con tres camas. Pedía agua y me llevaban. Me trataban muy bien. ¿Cuál era el problema? Los médicos estaban de brazos cruzados porque no tienen ni una aspirina. Por eso yo debía comprar todo para las curas, igual que mis medicinas. Pero los medicamentos solo entran los jueves y los viernes: si necesitas algo el martes tenés que esperar.
Breijo cuenta que “estuvo muy mal” de salud y que le dieron la libertad el 24 de mayo, tras más de dos años preso, por miedo a que se muriera en el penal. Eso sucedió en medio de la amnistía impulsada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, bajo presión de Washington tras la captura de Nicolás Maduro. Breijo al principio pensó que quedaba libre sin cargos pero no: era prisión domiciliaria.
ANTECEDENTE
El caso de Fabián Buglione
El 18 de julio de 2025 el uruguayo Fabián Buglione fue liberado tras permanecer nueve meses detenido en Venezuela y pudo retornar a Estados Unidos, donde vive. Buglione había ingresado a Venezuela el 19 de octubre de 2024 para visitar a su pareja: le envió un mensaje por WhatsApp diciéndole que lo habían detenido “en el puente”, el Atanasio Girardot en la frontera entre Colombia y Venezuela. Poco después hubo otro mensaje en el que le adelantaba a su novia que los uniformados le dirían cómo seguiría su situación, y a partir de allí su celular se apagó, según reconstruyó El País en aquel momento.
Cuando José Breijo volvió a su casa
La Policía lo dejó en la vereda en la puerta del edificio. Con la ayuda de vecinos, ya que le costaba moverse, entró y se encontró con algo inesperado: el apartamento estaba ocupado.
—El policía que me metió preso puso acá a una familia. Es una práctica policial muy común: te agarran por la calle, te hacen un montón de preguntas y, si se dan cuenta que vives solo, te mandan a la cárcel y te quitan la casa.
Breijo quedó en un pasillo en la puerta de su apartamento y, pensó, “si viene el tribunal y yo estoy acá, voy preso otra vez”. El cónsul uruguayo en Caracas, Fernando Sotelo, concurrió al edificio y mantuvo una conversación con Breijo, dicen fuentes de Cancillería a El País.
El caso se mediatizó gracias al trabajo de activistas y organizaciones de derechos humanos: se viralizó su foto con una cama en el pasillo del edificio.
—Las organizaciones denunciaron al policía y al final me devolvieron el apartamento. Dormí tres días en el pasillo.
José Breijo en su apartamento en Caracas
José Breijo en su apartamento en Caracas.
Foto: AFP.
En la madrugada del 27 de mayo un grupo de personas que se identificaron como personal de Presidencia de la República y de la Defensoría del Pueblo, según el relato de Cancillería, se presentaron en el domicilio de Breijo, abrieron la puerta del apartamento, “el cual se encontraba prácticamente vacío”, y le entregaron la llave. Estos hombres llegaron armados en camionetas de alta gama, “entraron, sacaron algunas cosas del invasor, metieron al señor José y se fueron”, cuentan los activistas que asesoran a Breijo.
Él volvió a un apartamento “totalmente desvalijado y destruido”, dice Rojas, ya que el policía del Grupo de Operaciones Estratégicas (GOES).
Breijo tiene prohibido salir del apartamento pero no le pusieron tobillera ni hay custodia policial. Se supone que al menos deberían pasar policías a constatar que él está en su casa; eso nunca ha sucedido. El cónsul le entregó un paquete con artículos de uso personal, como toallas, sabanas, almohadas y artículos sanitarios y coordinó con el entorno de Breijo respecto a las revisiones médicas.
Cancillería dice que el cónsul sigue en contacto hasta el día de hoy. Breijo, en tanto, cuenta que hace una semana que no ve al cónsul, que está atareado con la asistencia a compatriotas afectados por el terremoto.
—Yo le pedí al cónsul que me echara una manito para pagar un abogado, pero me dijeron que ellos no se metían en nada. Lo mismo me dijeron en Cancillería: son problemas de Venezuela.
Breijo estaba muy débil. Había pasado de pesar 120 a 62 kilos, con desnutrición severa, y estuvo hospitalizado casi tres semanas:
—Llamaron a una ambulancia y me mandaron a una clínica privada pagada por el Estado. Hubo un momento en el que yo no hablaba y casi no comía. Caí en un sopor y me debilité mucho. Estaba entre algodones, creo que iba camino a esa luz blanca al final del túnel. Pero en la clínica me rescataron, me revivieron
El 16 de junio recibió el alta médica y volvió su casa.
La causa judicial contra José Breijo en Venezuela
El tribunal 13 contra el terrorismo llevaba la causa contra Breijo. Pero cuando los abogados tomaron el caso a mediados de junio se enteraron que estaba siendo cambiada a otro tribunal. “El viernes 19 la causa cae en el tribunal tercero de ejecución”, relata Camargo, “lo que implica que ya hubo una sentencia. Pero el señor Breijo ni siquiera ha tenido audiencia judicial. ¿Cómo sin seguir el debido proceso se ha llegado a una sentencia?”. El tribunal ha negado la información a los abogados y tampoco han podido acceder al expediente.
Ante esta novedad, el abogado le preguntó a Breijo cómo habían sido las condiciones de excarcelación, donde estuvo solo con los funcionarios policiales y del tribunal. “Y él nos dijo que firmó varios documentos. Yo le pregunté si los leyó y él me aseguró que no leyó nada porque quería salir y pensaba que le estaban dando la libertad. Pero resulta que no; era casa por cárcel”, dice Camargo. “Pareciese que a Breijo le hicieron firmar la admisión de culpabilidad de los hechos. Y entonces por eso se pude inferir por qué la causa ha sido trasladada a un tribunal de ejecución de sentencia. De ser así, deberíamos apelar por la violación del debido proceso desde el principio”.
Esto implicaría que no habría juicio y que se saltarían las audiencias, lo cual es ilegal. Breijo, mientras tanto, aguarda la citación para ir al tribunal.
—Por ahora usted no es libre. ¿Espera que lo absuelvan?
—Yo creo que sí. El caso les está quemando un poquito. Soy una piedra en el zapato. Si no me liberan, estaré cumpliendo la pena hasta que caiga el gobierno. Ahí soltarán a todos los presos, entre ellos yo.
—O sea que está esperando.
—Sí pero ningún tribunal me comunicó nada. Es como que no existo.
Las cifras actualizadas de presos políticos en Venezuela
El último informe de la ONG Foro Penal registra 404 presos políticos en Venezuela, 39 de ellos con nacionalidad extranjera o doble nacionalidad. De los 404, 369 son hombres y 35 mujeres. En cambio, la asociación civil Justicia, Encuentro y Perdón registra 676 presos, entre ellos 34 extranjeros.
Hasta ahora 8.616 presos se han beneficiado de la amnistía decretada por el gobierno de Delcy Rodríguez, según el chavismo, una cifra difícil de verificar. La inmensa mayoría eran personas que estaban en libertad pero sometidas a medidas cautelares restrictivas, según informó El País de España. Solo 314 personas salieron efectivamente de la cárcel, según el oficialismo. Organizaciones independientes reducen esa cifra a 110.
¿Cómo ha sido el proceso de liberación de presos? “Lo digo directamente como expreso político: nos ven como fichas de cambio, de canje”, dice a El País el activista y periodista Carlos Julio Rojas de la ONG Frente de Defensa Norte de Caracas. “Hay muchos presos políticos invisibilizados. Casos como el del señor José Breijo”, dice Rojas.
Y agrega que el caso de Breijo no es aislado en Venezuela, “es una política de estado de violación a la propiedad privada, de hostigamiento y represión contra los presos políticos; les vacían las cuentas bancarias, les quitan las propiedades y además hay otros fenómenos como policías que terminan invadiendo propiedades a abuelos”.
EL ÁLBUM DE LA LENGUA
La "s" que siempre sobra...
Si eres de los que dicen: "¿Comistes paella?" o entonan la canción de Gilda así:
"Fuistes mi vida, fuistes mi pasión; Fuistes mi sueño, mi mejor canción; Todo eso, fuistes, pero perdistes", que sepas que andas metiendo una "s" de más.
Y es un error muy común.
La segunda persona del singular (tú) del pretérito perfecto simple del indicativo (fuiste, hiciste, comiste, perdiste, caíste, viste, metiste, etc.) nunca termina en -s.
El problema es que suele confundirse porque en casi todas conjugaciones y tiempos verbales, la segunda persona del singular sí termina en s, como en comes, comías, comerás, comerías, comieras.
LA BUTACA
El 6/7/2026 a las 18:47, la ONCE informó:
> La RAE modificará la acepción de 'leer' en el Diccionario para incluir la lectura del sistema Braille
> MADRID 3 Jul. (EUROPA PRESS) -
> La Real Academia Española (RAE) adecuará la definición del término 'leer' en el Diccionario de la Lengua Española (DLE) de forma que tenga en cuenta a las personas con ceguera o discapacidad visual que utilizan el sistema Braille.
> Según un documento al que ha tenido acceso Europa Press, la RAE tiene programado incluir esta nueva acepción en la próxima actualización del Diccionario.
> Actualmente, el término 'leer' se define en el DLE como "pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados", y con la próxima actualización, se definirá como "interpretar, utilizando para ello la vista, el tacto u otros medios, los signos empleados en un texto escrito".
> De esta forma, la RAE responde positivamente a una propuesta que hizo la ONCE a comienzos de año, con motivo de los 200 años del braille, y coincidiendo con la próxima declaración del Braille como patrimonio cultural inmaterial de la Unesco.
> El pasado mes de enero, fuentes de la RAE señalaron a Europa Press que la petición había "llegado" y estaba siendo "estudiada por el Instituto de Lexicografía (ILEX) de la RAE".
> La ONCE explicó entonces a Europa Press que realizaban esta petición al considerar que la definición actual es "excluyente" y que "deja fuera a quienes leen con el tacto y caracteres braille".
> Según la ONCE, está "ampliamente demostrado" que, tanto por medio de la vista como por medio del tacto se realiza la misma acción y se consiguen los mismos efectos: "comprender la significación de los caracteres empleados". Además, añade que estudios neurocientíficos han corroborado que ambos tipos de lectura activan los mismos mecanismos cerebrales.
> Según el último Informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo, al menos 2.200 millones de personas tienen ceguera o discapacidad visual. Además, según la ONCE, actualmente, más de 285 millones de personas ciegas en todo el mundo utilizan el sistema de lectoescritura braille para acceder a la educación y la cultura de forma autónoma.
> El sistema braille está compuesto por seis puntos con 64 combinaciones que se usan para componer letras y números, escribir en cualquier idioma, leer partituras o anotar partidas de ajedrez. En 2018, la ONU proclamó Día Mundial del Braille el 4 de enero, fecha del nacimiento de su creador, Louis Braille (1809-1852).
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