martes, 30 de junio de 2026

EL MIRADOR DE LA POESÍA

Réquiem por una flor Nació Violeta en enero tras nueve lunas de espera, anunciando primaveras como la flor del almendro. La madre se volvió fuente, el padre ladrón de vientos, crecería tan alegre como el árbol del almendro. Eran sus ojos de cielo, blanca su tez con el alba, al atardecer rosada como la flor del almendro. El sol le brindó sus bálsamos, la luna salud de acero, sumaría tantos años como el árbol del almendro. Contaba años sin miedo, pisando firme la tierra, en todo era una fiesta como la flor del almendro. Pasó de capullo a rosa vestida de terciopelo, delicada, pura y hermosa como la flor del almendro. Las dalias tenían celos, los lirios la cortejaban, su belleza cautivaba como la flor del almendro. La muerte le abrió la tumba Con solo catorce inviernos, hasta en esto fue prematura como el árbol del almendro. De luto se tiñó el pueblo, se deshojaron los lirios por el peso del rocío como la flor del almendro. Tañen tristes las campanas, las dalias lanzan lamentos, del frío son castigadas como el árbol del almendro. Camino del cementerio lloran ladrones y fuentes, ¿por qué la vida no vuelve como la flor del almendro? La Vida con negro velo reza su eterna plegaria: “Soy bella, mas dulce y amarga como el fruto del almendro”. María Jesús Sánchez Oliva.

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