Periódico publicado en su blog cada fin de mes por María Jesús Sánchez Oliva “Premio Tiflos 1996 y 2013”. Secciones: Portada. La Vitrina (libros). Mesa camilla (opinión). Cajón de Sastre El Álbum de la Lengua La Butaca (noticias positivas). Carta a… Cosas de Garipil (espacio de María Jesús). Y ya que has venido, entra en mi mercadillo. http://palabrascatetas.blogspot.com/
lunes, 30 de marzo de 2026
PORTADA
Queridos lectores: Acaba de salir el número 134 de 30 días, mi periódico, tu periódico, el periódico de cuantos quieran leerlo.
NOTA IMPORTANTE
A partir de esta fecha (30-Y-2026) y a sugerencia de algunos lectores se agregan dos entradas al periódico: El juego de las preguntas. Consiste en hacer una pregunta (relacionada con la cultura generalmente) que los lectores pueden responder. Las respuestas y el número y nombre (pueden ser seudónimos) de los acertantes se comunicarán en el número siguiente, y a final de año, la persona que más aciertos haya tenido, podrá figurar como seguidora de honor en la portada. Y El mirador de la poesía. Consiste en publicar poemas de poetas consagrados, desconocidos o aficionados, que se consideren, claro está, aceptables. Las respuestas a las preguntas para concursar y el envío de poemas para ser publicados solo se recibirán en el correo electrónico de Garipil que figura al final de su sección “Cosas de Garipil”.
LO MÁS DESTACADO DE MARZO
LA VITRINA: Autora del libro que hoy se presenta para invitarnos a la lectura: Gema Juárez Quesada.
EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS: Solución a la pregunta de febrero, información de las respuestas y pregunta de marzo.
MESA CAMILLA: Última entrada de marzo en Salamanca RTV Al Día.
CAJÓN DE SASTRE: Historia de Elena Lucrezia Cornaro Piscopia (la primera mujer que obtuvo una licenciatura universitària).
EL ÁLBUM DE LA Lengua: Uso del punto y coma (recomendación de la Fundéum).
LA BUTACA: Curiosidades: ¿A quién pertenece el rostro de la Estatua de la Libertad?
EL MIRADOR DE LA POESÍA: Hoy recibimos la primavera con un poema de Manuel Gutiérrez Nágera.
CARTA a… las mujeres con derechos.
COSAS DE GARIPIL: VI relato del libro titulado Letanías.
Si has visitado cualquiera de las secciones, mil gracias; si las has visitado todas, un millón.
Volveremos a encontrarnos en el próximo número.
María Jesús Sánchez Oliva.
Seguidores de Honor:
Mónica Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 23-IV-2012.
Arturo Arias Terceiro. Nacionalidad: argentina. 12-VI-2012.
María del Mar Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 29-VI-2013.
Concepción Martín Martín (Conchi). Nacionalidad: española. 19-IV-2015.
Claudio Hernández Díaz (pintor). Nacionalidad: española. 30-VI-2020.
LA VITRINA
Queridos lectores: En este número soy yo el elegido para invitaros a leerme. Por si decidís aceptar mi invitación, me presento y os adelanto mi contenido.
Mi título: Pan y rosas para Katrina
Mi autora: Gema Juárezz Quesada
Sinopsis:
Clara Zetkin se prepara para subir al atril y dar su discurso. Llega de América, donde ha conocido de mano de Rose la historia valiente que protagonizaron
aquellas mujeres. Lleva siendo sindicalista de las Obreras de la Confección durante años, y al escuchar las noticias, no pudo evitar viajar para conocer
de primera mano tanta valentía. Subida al atril, comenzó a narrar la historia de Katrina, y cómo aquellas mujeres valientes dieron su vida a cambio de
sus ideales. Era el comienzo para un nuevo reto, conseguir plenamente los mismos derechos que el hombre, incluido el derecho al voto.
Mujeres de todo el mundo se unirían en un nuevo canto. Al finalizar, hizo su propuesta, que aquel ocho de marzo de 1908 se convirtiera en una fecha señalada,
y se transmitiera de generación tras generación para que fuera recordada por todas las mujeres. Aquel día sería llamado “Día internacional de la mujer”
que más tarde se recordaría como “ El Día de la mujer Trabajadora”.
Si abres mis hojas, abriré tus ojos
EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS
Pregunta de febrero:
Entre el 14 y 17 de febrero de 1941 (acaban de cumplirse 85 años) se produjo en Santander un incendio que además de cobrarse muchas vidas y destruir muchas viviendas y muchos negocios, cambió para siempre el centro de la ciudad. ¿Qué nombre le dieron los santanderinos a este gran incendio y por qué? A pensar.
Solución:
Este incendio fue bautizado por los santanderinos con el nombre del Andaluz porque empezó en la calle Cádiz y terminó en la calle Sevilla.
Información:
Ha habido tres respuestas pero ninguna acertada.
Pregunta de marzo:
La primera mujer que obtuvo un título universitario en 1678 fue Elena Lucrecia Cornaro Piscopia, pero ¿llegó a ejercer su título, sí o no?
María Jesús
MESA CAMILLA
Primeras damas
Las primeras damas son las esposas de los jefes de Estado, presidentes de gobierno, primeros ministros y reyes cuyo trabajo consiste en acompañar a sus esposos en importantes actos oficiales y representarlos personalmente en asuntos filantrópicos, sociales, culturales, artísticos, etc. ¿Pero por qué se me ocurre a mí pensar hoy en estas mujeres si ni siquiera conozco los nombres de la mayoría? Pues la culpa es de la campaña electoral previa a los comicios del domingo 15 de marzo. Desde hace muchos años tengo por costumbre no abrir periódicos durante esos días y no conectar ni la radio ni el televisor. Votar, voto teniendo en cuenta lo que han hecho nuestros políticos, no por lo que prometan hacer, y de paso me recupero del cansancio que produce el aguantarlos de campaña toda la legislatura. Al volver a la normalidad he abierto algunos periódicos de atrás y todavía no salgo de mi asombro con la primera noticia que me he encontrado. Mientras que el Trump de los lereles se crece matando inocentes, destruyendo instalaciones importantes, provocando el exilio de familias enteras y desencadenando todas las miserias que desencadenan las guerras y cuyas víctimas más vulnerables son los niños, su esposa, que además es hija y es madre, tiene la desfachatez de plantarse, vestida de marca y bien escoltada, en la ONU donde presidió una sesión del Consejo de Seguridad que aprovechó para comunicarle al mundo su gran deseo: que los niños vivan en paz, porque son el futuro, porque tienen derecho, porque debemos protegerlos. ¿pero cabe mayor desvergüenza en una persona? ¿Cómo se atreve a decir esto mientras su marido disfruta matándolos? ¿De dónde saca valor para burlarse de la dignidad, del respeto, de la empatía y reírse de las víctimas? Ni juntándose los epítetos de todas las lenguas serían capaces de calificarla con acierto. En español solo se la podría retratar con eso de “Dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma opinión”. Usted, doña Melania, puede presumir de ser la primera dama de los Estados Unidos porque desgraciadamente lo es, pero para las mujeres de su país es la más rastrera de todas, la más impresentable para las mujeres de los cinco continentes y la mayor de las vergüenzas para todas las primeras damas.
María Jesús
23-III-2026
CAJÓN DE SASTRE
Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, la primera mujer que obtuvo una licenciatura universitaria: se graduó en filosofía en 1678.
En el curso de la historia, las mujeres han tenido que luchar para poder acceder a derechos que hoy consideramos básicos, como el voto, el divorcio y la educación. Algunas de ellas fueron pioneras, como Elena Lucrezia Cornaro Piscopia. La historia de Elena Lucrezia Cornaro Piscopia representa un hito fundamental en la lucha de las mujeres por el acceso a la educación superior. En una época en la que las universidades se erigían como bastiones de dominio masculino y las mujeres estaban excluidas sistemáticamente de los estudios avanzados, esta erudita veneciana logró lo impensable: doctorarse en filosofía por la Universidad de Padua en 1678.
Orígenes y entorno familiar
Elena Lucrezia nació el 5 de junio de 1646 en el palacio familiar de San Luca, en Venecia, en el seno de una familia noble, aunque no aristocrática en sentido estricto.
Su padre, Giovanni Battista Cornaro Piscopia, había comprado el título de procurador de San Marco, uno de los cargos más prestigiosos de la República de Venecia, lo que garantizaba a sus hijos un acceso privilegiado a la vida pública y cultural de la ciudad. Su madre, Zanetta Boni, era de origen humilde. Aunque no se casó con Giovanni Battista hasta después del nacimiento de varios de sus hijos, Elena fue reconocida oficialmente y criada con los mismos derechos que los demás.
Desde su niñez, Elena mostró un talento excepcional para el estudio, que su padre supo reconocer y fomentar. En una época en que la educación femenina se limitaba a la formación doméstica o religiosa, ella recibió clases privadas de algunos de los mejores intelectuales de Venecia. Estudió griego, latín, hebreo, español, francés y árabe, así como matemáticas, astronomía, música, lógica y filosofía.
Una vocación intelectual temprana
A los siete años, Elena Lucrezia Cornaro Piscopia ya traducía textos clásicos y dominaba el latín con fluidez. Esta capacidad natural la hizo destacar entre sus coetáneos. Su formación humanística se reforzó con estudios científicos, algo inusual incluso entre los varones nobles de la época. Entre sus tutores, figuraron personalidades como el sacerdote Giovanni Fabris y el helenista Giovanni Valier, quienes la guiaron en sus estudios filológicos y filosóficos.
A partir de 1665, comenzó a adquirir notoriedad en los círculos académicos de Venecia y Padua por sus disputas filosóficas y sus intervenciones públicas, en las que defendía tesis escolásticas y platónicas con una soltura que causaba admiración. Su fama trascendió las fronteras de la República de Venecia y llegó a oídos de numerosos estudiosos europeos, que intercambiaron correspondencia con ella.
El camino hacia el doctorado
En 1677, su tutor Valier, que ya era obispo y más tarde sería nombrado cardenal, presentó su candidatura para obtener el doctorado en teología en la Universidad de Padua, una de las más prestigiosas de Europa. Sin embargo, el patriarca de Venecia, cardenal Gregorio Barbarigo, se opuso de manera tajante. Para ello, argumentó que no era decoroso que una mujer ejerciera un papel público como el de doctora en teología. Esta negativa, motivada por prejuicios sexistas y religiosos, puso de manifiesto las limitaciones estructurales a las que se enfrentaban incluso las mujeres más brillantes.
Tras una serie de negociaciones tensas y prolongadas, por fin se autorizó a Elena a obtener el doctorado, pero no en teología, sino en filosofía. Aunque este campo también estaba reservado a los varones, se consideraba menos ligado a la autoridad eclesiástica.
La ceremonia de graduación
El 25 de junio de 1678, Elena Lucrezia Cornaro Piscopia se convirtió en la primera mujer en la historia en recibir un título universitario, concretamente el doctorado en filosofía. La ceremonia tuvo lugar en el Aula Magna del Palazzo del Bo, sede histórica de la Universidad de Padua. El acontecimiento atrajo a una gran multitud de estudiantes, profesores, senadores venecianos y autoridades eclesiásticas.
Durante el acto, Elena defendió con brillantez una disertación en latín sobre diversas cuestiones filosóficas y lógicas. Según los testigos, su intervención fue tan impecable que recibió la ovación de pie por los asistentes, quienes reconocieron la magnitud del momento histórico que presenciaban.
Al final de la ceremonia, se le colocó la corona de laurel en la cabeza, símbolo del conocimiento y la dignidad académica, mientras se entonaban himnos de alabanza. Se le entregó también el anillo doctoral, el libro y el manto que la identificaban como doctora. Desde ese instante, Elena Cornaro pasó a formar parte del selecto grupo de intelectuales reconocidos de forma oficial por una universidad europea, algo sin precedentes, hasta entonces, para una mujer.
Una vida consagrada al saber
Tras obtener el título, Elena no ocupó cargos docentes, como tampoco lo hicieron muchas otras mujeres doctas de su época, en parte porque no se les permitía y en parte por sus propias decisiones personales. En su caso, eligió llevar una vida de estudio, devoción religiosa y servicio a los pobres. Fue oblata benedictina, aunque sin profesar votos formales, lo que le permitió vivir en el mundo mientras se dedicaba a actividades piadosas y académicas.
Compuso tratados filosóficos, textos teológicos y traducciones, aunque muchas de sus obras no se han conservado. También fue una consumada música. Además de tocar el clavicémbalo, el arpa y el violín, compuso piezas sacras. Fue miembro de varias academias intelectuales, como la Accademia dei Ricovrati de Padua, en la que participó activamente con discursos en griego y latín.
Murió el 26 de julio de 1684 en Padua, con solo 38 años, a causa de una tuberculosis. Su cuerpo fue sepultado en la iglesia de Santa Giustina, donde aún hoy se conserva su tumba con una inscripción que recuerda su legado. En el epitafio se lee: “Elena Lucrezia Cornaro Piscopia, mujer doctísima, gloria de su sexo.
Un legado duradero
La figura de Elena Cornaro marcó el inicio de una lenta, pero irreversible transformación. Aunque su caso siguió siendo una excepción, durante siglos se la citó como ejemplo de sabiduría femenina y prueba de que el talento intelectual no está condicionado por el género.
En la actualidad, es un referente ineludible en los estudios de historia de la educación y de género. La Universidad de Padua, en su octavo centenario, le ha rendido homenaje con monumentos, publicaciones y actividades conmemorativas. Su retrato adorna diversas salas académicas, mientras que su nombre figura entre las personalidades más ilustres de la historia cultural de Europa. La vida de Elena Cornaro demuestra que, incluso en contextos de profunda adversidad, la inteligencia y la determinación pueden abrir caminos antes inimaginables.
EL ÁLBUM DE LA LENGUA
Uso del punto y coma
El signo del punto y coma (;) suele generar dudas a la hora de utilizarlo, pues es el de aplicación más subjetiva, por lo que a continuación se ofrecen unas orientaciones sobre su uso adecuado.
1. Plural de punto y coma
El nombre de este signo de puntuación es punto y coma, cuyo plural es puntos y coma, aunque también es posible mantener la denominación invariable (los punto y coma), según el Diccionario panhispánico de dudas.
2. En enumeraciones complejas
El punto y coma se emplea para separar los miembros de enumeraciones que presentan de por sí comas. Así pues, mientras que en la enumeración «Habló con el presidente, la vicepresidenta y varios ministros» se usa coma porque los elementos son sencillos, en el siguiente caso se utiliza punto y coma: «Habló con el presidente, que volvía de una reunión; la vicepresidenta, que tenía muchos compromisos, y varios ministros, a los que fue viendo a lo largo del día». Se mantienen los puntos y coma aunque solo presente puntuación interna uno de los miembros: «Habló con el presidente, que volvía de una reunión; la vicepresidenta, y varios ministros».
Ante el último miembro de la enumeración (el que se introduce con y), puede usarse un punto y coma también, pero se recomienda una coma en su lugar.
3. En enumeraciones en lista
También separa los miembros de enumeraciones dispuestas en forma de lista cuando los miembros tienen cierta complejidad, pero no funcionan como enunciados autónomos con pleno sentido. Cada miembro se escribe en minúscula y el último se cierra con punto:
Las opciones son variadas:
— irnos ya a la playa;
— llamar para ver si van a acompañarnos;
— preguntar si alguien sabe algo.
4. Con pero, mas y aunque
Ante las conjunciones pero, mas y aunque se recurre al punto y coma cuando la oración que sigue no es ni demasiado corta (se usa la coma) ni demasiado larga (se utiliza el punto): «La próxima actividad será la pintura; pero, de momento, hay que esperar pacientemente aquí hasta el siguiente turno».
5. En oraciones yuxtapuestas
El punto y coma puede vincular dos oraciones o segmentos que mantienen una relación de sentido. Dicha relación no es ni muy fuerte (aparecería en su lugar una coma) ni muy débil (se recurriría al punto): «Volvió y no dijo nada; probablemente, tuvo un mal día».
Recomendación de la FUNDÉUM
LA BUTACA
¿A quién pertenece el rostro de la Estatua de La Libertad?
La vida de Isabella Boyer es como una novela emocionante. Nació en París, en una familia de un chef pastelero africano y una madre inglesa. Su nombre era Isabella, un nombre hermoso que debería haber sido la base de un hermoso destino. Rápidamente quedó claro que la naturaleza le dio a Isabella una belleza especial.
A los 20 años, se casa con el fabricante de máquinas de coser Isaac Singer, de 50 años, y después de su muerte se convierte en la mujer más rica del país. Y no me extraña que fuera elegida como modelo para la Estatua de la Libertad, porque encarna el sueño americano hecho realidad.
Después de quedar viuda, Isabella comenzó a viajar por el mundo, buscando nuevos conocimientos y desafíos emocionantes, demasiado joven para ser enterrada bajo ropa de luto.
Se volvió a casar con el violinista holandés Victor Robstett, que es una celebridad mundial y un conde, por lo que Isabella también se convierte en condesa. Pronto Isabella se convierte en la estrella de las salas de exposición en América y Europa, y está invitada a todos los eventos mundiales. En uno de ellos conoció al famoso escultor francés Frederick Bartoldi. Bartoldi estaba muy impresionado por su viaje a los Estados Unidos, por el tamaño del país, por sus recursos naturales, por la población de allí, y ya había aceptado la propuesta de crear una estatua que simbolizara la independencia de los Estados Unidos. Se suponía que la escultura iba a ser un regalo de Francia en honor al centenario de la independencia del país. Así nació la idea de una estatua gigante representando a una mujer sosteniendo una antorcha en una mano y placas en la otra, con la fecha de aprobación de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.
Bartoldi quedó tan impresionado viendo la cara de Isabella que decidió usarla como modelo para su escultura. Por lo tanto, en la isla Bedlow en el golfo de Nueva York, la Estatua de la Libertad fue erigida con la figura de una diosa antigua, pero con el rostro de Isabella Boyer.
Isabella se casa por tercera vez, a los 50 años, con Paul Sohege, un famoso coleccionista de arte.
Murió en París en 1904 a los 62 años. Ella está enterrada en el cementerio Passy.
Pero la estatua con su cara sigue elevándose sobre Bedlow Island, simbolizando el primer orgullo de Estados Unidos, la libertad.
EL MIRADOR DE LA POESÍA
Hoy recibimos la primavera con un hermoso poema del poeta mexicano, ya fallecido, Manuel Gutiérrez Nájera.
MARIPOSAS
Ora blancas cual copos de nieve,
ora negras, azules o rojas,
en miríadas esmaltan el aire
y en los pétalos frescos retozan.
Leves saltan del cáliz abierto,
como prófugas almas de rosas
y con gracia gentil se columpian
en sus verdes hamacas de hojas.
Una chispa de luz les da vida
y una gota al caer las ahoga;
aparecen al claro del día,
y ya muertas las halla la sombra.
¿Quién conoce sus nidos ocultos?
¿En qué sitio de noche reposan?
¡Las coquetas no tienen morada!...
¡Las volubles no tienen alcoba!...
Nacen, aman, y brillan y mueren.
En el aire, al morir se transforman,
y se van sin dejarnos su huella,
cual de tenue llovizna las gotas.
Tal vez unas en flores se truecan,
y llamadas al cielo las otras,
con millones de alitas compactas
el arco iris espléndido forman.
Vagabundas, ¿en dónde está el nido?
Sulanita, ¿qué harén te aprisiona?
¿A qué amante prefieres, coqueta?
¿En qué tumbas dormís, mariposas?
¡Así vuelan y pasan y expiran
las quimeras de amor y de gloria,
esas alas brillantes del alma,
ora blancas, azules o rojas!
¿Quién conoce en qué sitio os perdisteis,
ilusiones que sois mariposas?
¡Cuán ligero voló vuestro enjambre
al caer en el alma la sombra!
Tú, la blanca, ¿por qué ya no vienes?
¿No eres fresco azahar de mi novia?
Te formé con un grumo del cirio
que de niño llevé a la parroquia;
eres casta, creyente, sencilla,
y al posarte temblando en mi boca
murmurabas, heraldo de goces,
"¡Ya está cerca tu noche de bodas!"
¡Ya no viene la blanca la buena!
¡Ya no viene tampoco la roja,
la que en sangre teñí, beso vivo,
al morder unos labios de rosa!
Ni la azul que me dijo: ¡poeta!
¡Ni la de oro, promesa de gloria!
¡Es de noche... ya no hay mariposas!
¡Ha caído la tarde en el alma!
Encended ese cirio amarillo...
¡Las que tienen las alas muy negras
Ya vendrán en tumulto las otras,
y se acercan en fúnebre ronda!
¡Compañeras, la pieza está sola!
Si por mi alma os habéis enlutado,
¡Venid pronto, venid mariposas!
21-III-2026
Poesía es sentir hondo, pensar derecho y hablar cantando
CARTA A...
9-III-2026
A las mujeres con derechos:
Ayer, como cada 8 de marzo, se celebró el “Día Internacional de la Mujer”. Todas conocemos la terrible tragedia que dio lugar a este día de… y sabemos que gracias a la muerte de aquellas 146 jóvenes las mujeres hemos alcanzado derechos que nos igualan a los hombres en trabajo, en herencia, en divorcio, en movilidad, en independencia… pero si abrimos los ojos a la realidad, veremos que estos privilegios que tenemos nosotras, no los tienen todas las mujeres del mundo. Basta mirar hacia Afganistán, Irán, Yemen, Sudán, Arabia Saudí, Siria, Pakistán… donde las mujeres no pueden ni vestirse como quieran, ni gestionar nada por sí solas, ni salir sin la vigilancia de un hombre y sigue siendo muy peligroso vivir siendo mujer, lesbiana u homosexual. Por todo esto lamento sinceramente que las manifestaciones de este día se hayan convertido en folklores donde se gritan, siempre en son de fiesta, cosas que, siendo importantes, nada tienen que ver con la finalidad que se organizan, y me parece peligroso, muy peligroso, porque mientras que todas las mujeres del mundo no tengamos los mismos derechos, las que los tenemos corremos el peligro de perderlos. Y han costado demasiado para dejar de tomar esto en serio.
Felicidades a todas.
María Jesús.
COSAS DE GARIPIL
¡Hola!: Desconecta el televisor, deja el móvil donde ni lo veas ni lo oigas, siéntate en tu sillón favorito, cierra los ojos y permíteme que te lea el sexto relato de Letanías en lo que el sueño te manda a la cama para recuperar las fuerzas perdidas durante el día.
Crónica de un timo anunciado
A punto de dar el reloj las diez desperté imp aciente y viudo. Me estaba afeitando cuando oí la puerta de la calle, y desconectando la maquinilla de un tirón, salí del cuarto de baño.
—¿Has abierto el buzón?, —le pregunté a mi mujer. Porque "la" Trini ya no es mi novia, es mi mujer. Ya de¬bería hacer como mi padre, como mi suegro, como mis tíos… decir: mi esposa, mi señora, mi mujer. La verdad es que con la de palabras que hay para llamar a una misma cosa, el que no llama a las cosas por su nombre es tonto, pero que muy, pero que muy tonto. Yo no es que sea tonto, es que me da vergüenza. Como de novios. Todos decían mi chica, mi ligue, mi novia... Yo decía "la" ésta, si "la" ésta estaba presente, o "la" Trini, si "la" Trini estaba ausente. Tanto entonces como ahora he intentado decir mi novia, mi mujer, pero siempre me quedé en el "no" o en el "mu". Arrancar, arranco bien, pero soy incapaz de seguir, se me escapan las palabras de la boca, se me deshacen entre los dientes. Sólo una vez, en casa del tío Jaime, logré decirlo entero: mi mujer. Y me puse rojo como un semáforo, y todos se rieron de mí, como cuando me despisto y me pongo un calcetín blanco y otro negro, como cuando salgo a la calle con la corbata y la camisa del pijama. Por eso
lo mejor es que la llame "la" Trini y me deje de pasar apuros. Al fin y al cabo lo que le digo a ella cuando se enfada por esto: "A ti no te pusieron ni novia ni mujer, te pusieron Trini, y si te lo pusieron, sería para llamártelo, no para guardarlo de recuerdo, digo yo".
—¿Con qué mano quieres que lo abra,
—preguntó "la" Trini para responderme—, con ésta? Y sacó la lengua mientras soltaba sobre la mesa de la cocina un montón de bolsas a tope de carne, dulces, huevos, fruta: comida.
—¿Cómo has comprado tanto en el súper? No lo en¬tiendo. ¿Te han fiado?
—¿Fiarme? Tú eres tonto y no lo sabes. Fiar ya no fía ni San Antonio. ¡Fíjate! Cuando te fuiste a Palencia empecé a pedirle que cuando volviera a verte, te viera vestido de municipal, y ya ves, venías un viernes, y con tu ropa, venías otro viernes, y con tu ropa, hasta que me harté y me dije: "Voy a encenderle unas velas, a ver si viendo las luces..." y esta mañana me levanté más temprano que nunca, cogí el último billete del paro y me lo gasté en velas.
—¡Jo, qué bruta! ¿Y los churros, con qué compraste los churros?
—Con nada. Hoy no hay churros.
—Pues buena la has hecho. Yo que ya me los estaba saboreando...
—Y tan buena. ¡Ya lo creo! Hoy no comerás churros. Ya me dio apuro pedirle más a tu madre. Pero pronto comerás también chocolate. Bueno, comeremos. ¡Faltaría más! Con lo golosa que soy yo...
—¿Y por qué lo sabes? ¿Te lo dijo San Antonio?
—No, tonto, no. Los santos no hablan, oyen.
—¡Qué raro! Pues dicen que se puede ser sordo sin ser mudo, pero que no se puede ser mudo sin ser sordo.
—Eso será con las personas, con los santos es otra historia. A mí me lo van a contar...
—Pues ¿qué has visto?
—A tu mama.
"A mi mama..." La última palabra resonó en mi cabeza como resonaban las piedras cuando de niño las tiraba al río. Cuando vivía con los abuelos, porque mis padres trabajaban en Suiza, decía mi mama, y no pasaba nada. Cuando se vinieron, porque nació mi hermano, y compraron el piso, y me fui a vivir con ellos, decía mi mama, y no pasaba nada. Ni en el colegio, ni con los chicos del barrio... Lo malo fue cuando entré en la pastelería. "Mi mama dice que por nada me meta en líos, que si hay que enfrentarse al jefe, que se enfrenten los demás", decía yo. "Mi mama dice que en el trabajo oír, ver y callar", volvía a decir. "Mi mama dice que no sea tan pazguato, que de las propinas no dé cuentas ni a Dios ni al diablo". "Mi mama..." Y todos se guiñaban y se sonreían, y todos andaban con el "mi mama" para arriba y con el "mi mama" para abajo, como si yo fuera un párvulo, como si yo fuera un tonto. Pero no es que lo sea y no sepa decir mamá, es que cuando lo digo parece que me pesa la palabra, que no puedo con ella. Y lo de madre, que ya he probado, me suena mal, a viejo, a miedo. Hasta mi mama me riñó un día que la llamé madre, porque era de catetos, de pueblerinos, y nosotros somos de ciudad. Pero como yo no era tan tonto como para hacerles caso, ni ellos tan listos como para entenderme, desde entonces digo mi ma... y nadie sabe si es que no quiero decirlo entero, o es que no tengo más ganas de hablar.
—¿Y qué te dijo mi ma?
—Que hiciera la compra, que ella pagaba, que iba a llamar por teléfono y que venía a hablarnos, que tenía noticias. Del tío, supongo. Y tú como un gili pendiente del buzón. No sé para cuándo piensas estrenar la olla.
El charpazo de alegría que empapaba a "la" Trini em¬pezó a salpicarme a mí. Ella cantaba y bailaba eso de: "No somos tontos, que sabemos lo que queremos, toma la vida
igual que si fuera un premio, pero que nunca se rifa..." mientras hacía café. Ma siempre toma café, al llegar y al marcharse. Y "la" Trini tan contenta de poner la cafetera a su entera disposición. Como siempre viene con algo en las manos... Yo me desayuné cuatro galletas y me senté a esperarla en el salón, sin pestañear, sin respirar... como si estuviera dormido, como cuando de niño esperaba a los Reyes Magos. ¡Eso, eso!, digo bien. Entonces, al abrir los ojos, ¡qué guay!, me traían una pistola, una pistola de mentira; ahora, cuando los abra, ¡ya lo sabía!, me la traerán de verdad. Y como para pensar no hay que hacer ruido... ¡Jo, qué cosas descubro! Para que luego digan que soy tonto, que pienso menos que las moscas. Pues a ver, que yo sepa, hasta ahora sólo Colón descubrió algo, y lo que descubrió fue América, no que para pensar no se hace ruido. Pues bien, ante tan magno descubrimiento, me puse a pensar, a organizar el puzzle de mi odisea, a dejarlo listo para la última pieza.
Me casé hace seis meses. Bueno, unos dicen que me casó mi ma, para que "la" Trini me lavara y me planchara, para que no me dejara por otro, para que me despabilara; otros, que mi suegra, para recoger a "la" Trini de una vez, para no tener que criar hijos y nietos, para quitarla de insolaciones a la sombra de mi familia, y los vecinos de ambos, que lo sé yo, dicen "que Dios los cría y ellos solos se juntan". Pero qué saben ellos, qué saben ellos si ni siquiera saben que para pensar no se hace ruido. Quien me casó fue el cura, el cura aquel que me daba clase y que le dijo a mi ma que se dejara de echarme parches a las coderas, que de estudiar jamás se me desgastarían las mangas, el cura aquel que me dio la primera comunión y que me dijo que le pidiera al Niño Jesús que me pusiera pocas piedras en el camino, porque tenía tan flojas las bombillas de la lámpara que todas me las llevaría de calle. ¡Qué majo! Mira que llamar lámpara a la cabeza... Pues
fue ese cura, y en la misma iglesia: la del colegio. Fue un capricho de mi ma. Ma tiene muchos caprichos. Yo quise esperar, a que pasaran las ferias, a que aflojara el calor. Mi padre también quiso que esperara, a que tuviera dos dedos de frente, por entonces sólo tenía uno y medio, por el flequillo, y como es tan miedica, se le hacía poco para un casado, a que encontrara un trabajo fijo, a que lo encontrara "la" Trini... Pero ella dijo que verdes las han sega¬do, que oficio hecho, pierde cuidado. Y nos arregló los papeles, y nos dio para la entrada del piso, y cambió sus muebles para darnos los viejos, y nos pagó la misa, los trajes, los anillos, el cubierto, la luna de miel... que fuimos a Madrid, tres días, para que no nos muriéramos burros, por¬que quien se muere sin ir a Madrid, se muere burro. Lo decía mi abuelo. Y mareó al tacaño de mi padre para que no se la montara por abrirnos tanto el grifo: que si ya era hora de quitar las sillas y de poner sillones, que si la parroquia pedía mantas para los soldados que luchaban en la guerra de las Malvinas, que si para recoger en junio había que sembrar en octubre, que si para tener el dinero en la cartilla, que si con el tiempo les devolveríamos hasta los intereses... y el pobre tan feliz y tan sereno, sin darle una voz más alta que otra. Normal. Cómo sabe que ella es más lista que él... Y me casé porque "la" Trini se enamoró de mí. ¿Qué digo se enamoró? Lo de "la" Trini no es amor, es locura. Si la noche menos pensada me mata vivo... Fue en la pastelería, se ponía a hablar conmigo en cuanto llegábamos, me pedía que le comprara chocolatinas y que la llevara al cine, me decía que vestía como los extranjeros, y en cuanto nos despidieron, porque el jefe nos tenía manía a los dos: a ella porque se le iban los dientes a los pasteles, a mí porque se me iban las manos a ella, por¬que era un negrero y nosotros no nos dejábamos explotar así como así, dijo que a casarnos, que ya teníamos cuarenta años entre los dos, que de momento cobraríamos
un año de paro cada uno, que con la espiga de la boda... Y era cierto, sobre todo lo de la espiga. La que más nos espigó fue ma, luego mis tíos, mis primos... Su familia espigó poco, la verdad. Hubo hasta sobres vacíos, y aunque se hicieron los ton¬tos, todos supimos que venían de allí: de la familia política, que decía mi padre, y que digo yo que qué demonios tendrá que ver la familia de "la" Trini con la de Adolfo Suárez, con la de Carrillo, con la de Fraga... Cosas del mentecato de mi padre, faroles que se enciende para dejar en penumbra a mi ma. Pero yo no se lo tengo en cuenta, el tío Jaime cumplió por todos: por él, por los demás. Porque lo del tío Jaime no fue una espiga, fue un trigal.
El tío Jaime se fue a una finca de Palencia hace ya algunos años, y allí vive, como un general, bueno, como lo que es. Fue Franco quien se lo nombró, cuando la guerra famosa. Con qué orgullo me enseñó la Cruz de los Méritos, por la que cobra no sé cuantísimo al mes, la noche que llegué a su casa.
—¿Y cuáles fueron los méritos?, —le pregunté yo, por hablar algo, que a mí...
—Matar enemigos, en cada batalla maté más de mil, y cada millar, de un balazo.
—¡Jo, qué bruto! ¿Y todos eran hombres?, —me sor-prendí yo aunque entendí en seguida que los méritos eran otros pájaros del estilo de los bárbaros, de los romanos, de los judíos... y que según el cura no fue tan fácil quitarlos del medio. Normal. Como por entonces no había nacido el tío Jaime...
—¡Pues claro, capullo, pues claro, no iban a ser grillos!
—Bueno... tampoco se ponga así. Como yo no estuve en la guerra y la lección de los méritos la debieron de dar alguno de aquellos días que falté a clase por las paperas...
—Entiendo, hombre, entiendo, no me hagas caso. Los generales hablamos así: con firmeza, con fuerza... pero nunca llega la sangre al río.
—Pues me alegro que me lo advierta, porque a mí, en cuanto me dan órdenes, me asusto y me voy.
—Pues de aquí, y ten en cuenta que los generales pedimos mandando, no te irás hasta que no te vayas con la vida resuelta. Bueno, puedes irte los fines de semana, a ver a tu mama, a tocar a tu Trini, a oír a tu papa... a contar¬les a todos única y exclusivamente lo que yo te diga que les cuentes. Y sepas que es por tu bien, no por el mío.
—Sí, sí, claro, ya lo sé, por eso no he salido corriendo ya.
La tía Elvira me puso una plancha de esponja detrás de la puerta del cuarto de los niños, me dio un par de mantas y me dijo que aquella sería mi cama. Yo me extrañé de que en la casa de un general no hubiera una habitación para los huéspedes, pero ella me lo explicó muy requetebién: "Un general como tu tío tiene muchos compromisos que atender: que si comer con el alcalde, que si cenar con el gobernador... y como para recibir hay que dar, a finales de mes andamos como tres en un zapato". A finales y a principios, porque la tía cojeaba siempre del mismo sitio: del monedero. Pero a mí no me importaba aguantar sus lamentos, como no me importaba dormir en el suelo; gracias a los dispendios y a las furrionas del tío yo sería mu¬nicipal. Fue su espiga de boda, bueno, de víspera de boda, porque me espigó la víspera. Llegaron los dos aquel día por la mañana. Después de comer la madre de "la" Trini llamó a la mía y vinimos todos a ver el piso.
—¡Qué baño, qué salón, qué cocina... y dos terrazas!, —se maravillaba la tía.
"La" Trini y yo nos quedábamos rezagados para envolvernos entre arrumacos.
—Y ¡fíjate!, —puntualizó el tío—, no han empezado y ya tienen lámparas, televisor, cortinas... y hasta teléfono.
—Sí, sí... mis sacrificios me ha costado, —medio sus¬piró mi ma—, pero les falta lo principal: trabajo.
—¿Trabajo? —preguntó el tío— De eso quería hablar¬les precisamente. Se lo venía diciendo a mi hermana, ¿verdad?
Miró a la madre de "la" Trini, a mi suegra, que toda¬vía no era mi suegra, claro.
—Sí, sí, —respondió ella bajito, como si se le hubiera olvidado.
—Pues le decía, que si ellos quieren, que se venga Paquito... porque te llamas Paquito ¿no?
Me miró a mí. Yo iba a hacerme el mayor diciéndole: "No, Francisco". Pero "la" Trini, que no paraba de sobar¬me, me arreó un pellizco en la espalda, y por si se trataba de un aviso y no de una carantoña, me cogí y me callé. Y el tío siguió con mi ma:
—Que se venga a casa, con nosotros. Por comer y por dormir no le vamos a cobrar. Ya es un sobrino y entre familia... Yo me comprometo a prepararlo para guardia municipal. Él sólo tendrá que pagar los libros, la solicitud... y en cuanto salgan las oposiciones, que será en unos meses, trabajo fijo en el ayuntamiento.
—¿Y si no aprueba? Es algo torpe para los libros.
—No sea tonta. A estas puertas son muchos los que llaman, pero abrirle, sólo le abren al que llama con aldabas.
—Ya lo sabemos, pero ¿qué aldabas tiene él?
—Las mías, señora, las mías.
—dijo golpeándose el pecho a puño cerrado— Con ellas soy yo capaz de abrir
puertas, ventanas y balcones si hace falta.
—Siendo así...
Y mi ma los invitó a cenar, y ellos se invitaron a dormir. Son tan abiertos... Y por la mañana, cuando me le¬vanté del sofá, porque, aunque no querían ni bien ni mal, les dejé mi cuarto, tuve que darles el disgusto de no encontrar en la mesita de noche mi esclava de oro. Y mi ma, que yo tenía la cabeza a pájaros, y mi padre, que a ella le iba a salir el tiro por la culata. Es tan desconfiado... Y la
tía revolviendo Roma con Santiago para demostrarnos su inocencia, y el tío, eso es un tío y no los de verdad, pendiente de mí, que si ven que te peine, que si ponte derecho que te haga el nudo de la corbata, que si me voy a la iglesia en el mismo coche que tú... como si fuera mi ángel de la guarda, mi salvador, bueno, como lo que era. Y en el banquete, después de partir la tarta, le di la noticia a los invitados, y todos se quedaron de un aire, que si más vale caer en gracia que ser gracioso, que si a todos los tontos se les aparece la Virgen... ¡Qué ignorantes!, mira que llamar Virgen al tío y a mí tonto… Pero lo que dijo mi suegra, que ya era mi suegra, claro: envidia, eso es envidia. Y la mujer, encima de abrirme los ojos, tuvo que aguantar la patochada de mi padre: "Y si tiene tanta mano, ¿por qué no es él municipal?" Pero lo que le dijo mi ma, y muy bien dicho: "Porque es general, y todos los obispos quieren llegar a papa, pero ¿cuándo has visto tú que un papa quiera llegar a obispo?" Y es que mi ma sabía mejor lo que se traía entre manos, lo que se traía y lo que se llevaba, ¡qué gaitas! En cuanto vinimos de la luna de miel me mandó a Palencia. Sólo venía los viernes. "La" Trini me recibía con los brazos abiertos, bueno, con los brazos cerrados, por¬que en cuanto me veía... Me dejaba respirar los lunes, cuando me iba. Y como mi ma quería tener al tío contento, lo hacía cargado de jamones, de lomos, de quesos, Y mi padre protestando, como siempre, que si nos va a desplumar, que si nadie da duros a reales... La verdad es que hasta los tontos tienen razón alguna vez, que todo tiene un precio, hasta ser municipal con aldabas, pero mi carrera, lo que se dice mi carrera, me la he pagado yo, de mi cartilla. Para lo que más me mandó sacar el tío fue para la instancia, para las pólizas... porque lo del papeleo ha sido caro; Lo de los libros, no tanto. Con uno tuve bastante. El tío me ponía un par de lecciones diarias. Yo me plantaba a estudiar en cuanto me desayunaba, pero me acordaba
de "la" Trini y en lugar de señales de tráfico, de flechas, de símbolos... veía brazos, labios, tetas... y para qué seguir. Antes de comer, el tío me tomaba las lecciones, y decía que muy bien, que era un artista.
—Si no he leído nada, —me extrañaba yo.
—No importa. Como soy yo quien te tiene que aprobar...
—¡Ah, claro!
Por la tarde hacía las prácticas. Eso me gustaba más. El tío me llevaba en su coche a la ciudad, y mientras él tocaba palillos en los bares, yo me aprendía las calles. De regreso se las cantaba de memoria: "La avenida de... empieza en el centro de... y termina en el barrio de..." "La calle tal tiene tantos números pares y tantos impares". "La calle cual tiene tales bocacalles por la derecha y tales por la izquierda". "De la plaza de... salen las calles de..." Y decía lo mismo, que era un artista. Y lo era. Me preguntaba el número de bancos que había en tal parque, y le decía tantos, ni uno más ni uno menos, y el de buzones en total, y el de papeleras, y el de semáforos... Y cuando ya andaba por la ciudad como Pedro por su casa, me preguntó sin más:
—¿Qué número tienes de pie?
—El mismo que de sentado, digo yo.
El tío se echó a reír. Es tan simpático...
—De zapatos, hombre, de zapatos, ¿qué número gastas?
—¡Ah, ya caigo! El cuarenta.
—¿Y de pantalón, qué talla?
—No lo sé.
—¿Y de camisa?
—Tampoco. Como me las compra siempre mi ma...
El tío cogió el metro y me midió los brazos, las piernas, la cabeza...
—Tengo que encargarte el traje, —dijo—, ya es lo único que te falta: la chaqueta, la gorra, las botas...
—¿Y la pistola, cuándo me encarga la pistola?
—La pistola no tengo que encargarla, te la da el ayuntamiento, cuando empieces, claro, y el silbato. Tampoco vamos a ponerlo todo nosotros.
Y me mandó al banco, a sacarle de la cartilla hasta la última peseta, y yo como una flecha, donde él me disparara. Y me vine a casa, con "la" Trini, a esperar noticias suyas, bueno, del sastre, porque ya todo depende del sastre. Y con qué fe me hablaba el tío de sus aldabas cuando me llevaban a la estación, y con qué pena me decía la tía adiós con la mano desde el andén, y con qué cosa le miraba yo la esclava de oro que se le salió del puño mientras se alejaba el tren...
El timbre de la puerta me hizo hablar, y como para hablar sí se hace ruido, tuve que dejar el puzzle. Antes de abrir "la" Trini puso el café en la mesa. Entró mi ma, con un billete de ferrocarril; entró mi padre, con una porra de goma; entró mi suegra, con una cara...
—Acaba de quitarte esas barbas y larga a Palencia, a matar a porrazos a ese pájaro que iba a hacerte municipal de un plumazo, —me exigió, me ordenó mi ma.
—¿Por qué?
—Porque me tenía ya tan mosca que anoche llamé a la finca, y hablé con el capataz, y me dijo que cómo somos tan tontos, que contigo y los últimos novios de la paisana tiene tres municipales esperando el traje, —me informó mi padre—, Y la culpa la tiene ésa, —señaló a mi suegra—, ésa tiene la culpa.
—¿Por qué?
—Porque dice que yo he sido cómplice, que me he sa-cado la mejor tajada del puchero, y yo creía que había cambiado ya, que con la familia no se atrevería a jugar más, —se defendió, lo defendió ella—, pero no le hagas caso, que al igual que tu madre, es un cafre, y en lugar de a matarlo, ve a denunciarlo.
—¿Por qué?
—Porque te ha timado, tontísimo, porque te ha timado, —me aclaró "la" Trini—, y si quieres comer churros mañana, vete hoy mismo a pedirle cuentas.
Y porque me dolió que siendo todos tontos, porque todos somos tontos, que bien claro se lo dijo el capataz de la finca a mi padre, me lo llamara a mí solo, cerré los ojos y dije:
—Id vosotros; yo, me quedo.
—¿Por qué?, —me preguntaron todos a una. Y se que¬daron con la boca abierta, como si fueran a comerme.
—Porque la ruina de un tonto es hacerle caso a los listos, —dije temblando como una culpa, saliendo a tientas del salón.
Y como las órdenes me asustan me encerré en el cuarto de baño hasta que saliera el tren, para perderlo.
María Jesús Sánchez Oliva
Relación de libros publicados por mi autora: María Jesús Sánchez Oliva. Pero antes quiero recordarte que por ser el primero de sus libros publicado me ha distinguido con este espacio en su blog del que me siento tan orgulloso como responsable.
“Garipil (1995)”.
Reseña: Garipil es un semáforo. Nace con una idea en la cabeza: decir a la sociedad que las máquinas como él nacen para estar al servicio del hombre, para ayudarle en todas las tareas que tiene que realizar, para hacerle la vida más cómoda, pero en ningún caso para suplirlo. Su mensaje es tan aconsejable para niños como para mayores.
“Letanías (1999)”.
Reseña: Letanías es una colección de historias breves pero completas. El libro ideal para los que quieren leer pero les falta paciencia para enfrentarse a libros con muchas páginas. Algunos de los relatos han sido premiados en distintos certámenes literarios.
“El rosario de los cuentos (2003)”.
Reseña: En los primeros años de la posguerra española, en un pueblo de Castilla, un cura de la época es incapaz de encauzar a sus feligreses por el camino recto a través del Santo Rosario, como era costumbre. Ante su fracaso decide transformar cada misterio en un cuento. El resultado son quince cuentos para niños de distintas edades. Cada cuento está ilustrado con una viñeta alusiva a la época. Este libro obtuvo el tercer premio en el Concurso de Cuentos Tiflos en su edición de 1996.
“Cartas de la Radio (2007)”.
Reseña: Cartas de la Radio es una colección de cartas o artículos de opinión escritas y leídas semanalmente en Onda Cero por María Jesús Sánchez Oliva durante cuatro años. Las cartas van dirigidas a políticos, ciudadanos de a pie, víctimas del terrorismo, instituciones, asociaciones, etc., y no pocas nos llevan a acontecimientos que siguen vivos en nuestra memoria.
“Cuentos de la Cigüeña (Soles y Lunas) (2014)”.
Reseña: Son doce cuentos escritos en verso con los que las mamás y los papás disfrutarán leyéndoselos a sus hijos y los niños aprenderán a amar la poesía a la vez que los cuentos.
“Los días perdidos (2018)”.
Reseña: En esta novela se narra la historia de Ara, una mujer que de forma inesperada tiene que enfrentarse a una ruptura matrimonial. El impacto la lleva a recluirse en su ático de soltera. Tras varios años de aislamiento, al salir de casa una mañana, la avería del ascensor la obliga a bajar andando todas las plantas del edificio. En cada planta se encuentra con una mujer que le cuenta su historia. Son mujeres muy distintas unas de otras, pero todas, por distintas razones, han perdido muchos días de su vida. Ya en la planta baja se encuentra con Daniel, el único vecino del edificio que también ha perdido muchos días inútilmente, y de forma espontánea los dos deciden no perder ni uno más. “Primer Premio Tiflos 2013”.
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Garipil1995@gmail.com
Estaré encantado de responderte.
Gracias por tu visita y hasta el próximo número.
Firmado: Garipil.
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