Periódico publicado en su blog cada fin de mes por María Jesús Sánchez Oliva “Premio Tiflos 1996 y 2013”. Secciones: Portada. La Vitrina (libros). Mesa camilla (opinión). Cajón de Sastre El Álbum de la Lengua La Butaca (noticias positivas). Carta a… Cosas de Garipil (espacio de María Jesús). Y ya que has venido, entra en mi mercadillo. http://palabrascatetas.blogspot.com/
sábado, 28 de febrero de 2026
PORTADA
Queridos lectores: Acaba de salir el número 133 de 30 días, mi periódico, tu periódico, el periódico de cuantos quieran leerlo.
NOTA IMPORTANTE
A partir de esta fecha (30-Y-2026) y a sugerencia de algunos lectores se agregan dos entradas al periódico: El juego de las preguntas. Consiste en hacer una pregunta (relacionada con la cultura generalmente) que los lectores pueden responder. Las respuestas y el número y nombre (pueden ser seudónimos) de los acertantes se comunicarán en el número siguiente, y a final de año, la persona que más aciertos haya tenido, podrá figurar como seguidora de honor en la portada. Y El mirador de la poesía. Consiste en publicar poemas de poetas consagrados, desconocidos o aficionados, que se consideren, claro está, aceptables. Las respuestas a las preguntas para concursar y el envío de poemas para ser publicados solo se recibirán en el correo electrónico de Garipil que figura al final de su sección “Cosas de Garipil”.
LO MÁS DESTACADO DE FEBRERO
LA VITRINA: Autora del libro que hoy se presenta para invitarnos a la lectura Alexandra Belinda.
EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS: Solución a la pregunta de enero, número de respuestas acertadas y pregunta de febrero.
MESA CAMILLA: Última entrada de febrero en Salamanca RTV Al Día.
CAJÓN DE SASTRE: ¿Cuánta es la riqueza de la Iglesia católica y de dónde procede?
EL ÁLBUM DE LA Lengua: Uso del guion en palabras con prefijo (recomendación de la FUNDÉUM).
LA BUTACA: Las siete clases de españoles según el novelista Pío Baroja.
EL MIRADOR DE LA POESÍA: Hoy, desde las estrellas, llega al mirador un poema del poeta mexicano Manuel María Flores.
CARTA a… los ucranianos.
COSAS DE GARIPIL: V relato del libro titulado Letanías.
Si has visitado cualquiera de las secciones, mil gracias; si las has visitado todas, un millón.
Volveremos a encontrarnos en el próximo número.
María Jesús Sánchez Oliva.
Seguidores de Honor:
Mónica Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 23-IV-2012.
Arturo Arias Terceiro. Nacionalidad: argentina. 12-VI-2012.
María del Mar Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 29-VI-2013.
Concepción Martín Martín (Conchi). Nacionalidad: española. 19-IV-2015.
Claudio Hernández Díaz (pintor). Nacionalidad: española. 30-VI-2020.
LA VITRINA
Queridos lectores: En este número soy yo el elegido para invitaros a leerme. Por si decidís aceptar mi invitación, me presento y os adelanto mi contenido.
Mi título: Melodía en la Toscana
Mi autora: Alexandra Belinda
Esto me han dicho que os cuente para despertar vuestra curiosidad:
1914. Florencia. Un misterioso hombre apodado el Lobo, abandona a una recién nacida a las puertas de un convento de clausura. Una llave de plata oculta entre los paños que la envuelven es la única pista sobre su identidad... Quince años después, la pequeña huérfana, Rosa Bellocchi, se ha convertido en una bella muchacha con un don especial para la música y una sensibilidad inaudita hacia todo lo que la rodea. Su falta de vocación para tomar los hábitos y su espíritu curioso la conducirán a ser la institutriz de Clementina...
Si abres mis hojas, abriré tus ojos
EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS
Solución a la pregunta de enero:
¿Qué color se conoce con el nombre de isabelino y por qué recibe este nombre?
Respuesta: Se trata del color amarillento que adquieren las prendas por el sudor o porque se ponen mucho y se lavan poco. Su nombre obedece a la promesa que hizo Isabel la Católica de no cambiarse de camisa hasta que no tomara Granada.
Respuesta:
Mari Jose ha dicho: “El color isabelino es de un tono amarillento o blanco sucio. Su origen etimológico proviene de la leyenda sobre el color de la ropa interior de la hija de Felipe II, Isabel Clara Eugenia, que prometió no cambiarse de ropa interior hasta que su esposo no terminase el asedio de Ostende. El asedio duró tres años”.
Comentario: Estamos ante una leyenda, no ante un hecho creíble, pues, si bien es verdad que la higiene, por obvias razones, no tenía la importancia que tiene ahora, no es menos cierto que estas Isabeles disponían de damas personales que se encargaban de tenerlas bien bañadas y bien perfumadas. Por lo tanto debe darse por acertada.
Pregunta de febrero:
Entre el 14 y 17 de febrero de 1941 (acaban de cumplirse 85 años) se produjo en Santander un incendio que además de cobrarse muchas vidas y destruir muchas viviendas y muchos negocios, cambió para siempre el centro de la ciudad. ¿Qué nombre le dieron los santanderinos a este gran incendio y por qué? A pensar.
María Jesús
MESA CAMILLA
Escarmentar en cabeza ajena
Estamos en precampaña electoral, bueno, esto es un decir, en campaña electoral o precampaña, que viene a ser lo mismo, estamos todos los meses del año, todas las semanas de los meses, todos los días de las semanas y todas las horas de los días, por eso, tanto los que aspiran a gobernarnos como los que aspiran a no dejar de hacerlo, llegan a las urnas con las tareas pendientes, pero ¿qué pasará en esta ocasión? Pues si echamos una ojeada hacia atrás, seguramente encontramos la respuesta.
Extremadura
¡Ay Extremadura del alma, pero qué diantres habrás hecho para que los políticos te traten tan mal! El 21 de diciembre de 2025 se celebraron elecciones autonómicas. La presidenta Guardiola, todavía en funciones y Dios sabe hasta cuando, no podía hacer con los señores de Vox todo lo que quería hacer por sus “queridos extremeños” y decidió adelantarlas para gobernar con mayoría. Muy segura del éxito no debía estar cuando la víspera, aprovechando la jornada de reflexión, se fue a la Montaña de Cáceres para llevarle a la patrona de la ciudad un ramo de flores, pero el domingo por la noche, la Virgen de la Montaña, que así se llama, le dijo a través de las urnas que ella entendía de devotos, no de votos, y por no querer caldo, se tuvo que tomar tres tazas de un sorbo. Dicen los que saben más que yo de esto que perdieron todos: ella, los de Vox y los ciudadanos. Pero para mí que los únicos que perdieron fueron los ciudadanos, porque son ellos los que tuvieron que pagar los no sé cuántos millones de euros que costaron las elecciones, y los que tendrán que volver a pagarlos en el caso de que haya que repetirlas que está dentro de lo posible.
Aragón
Aragón decidió seguir los pasos de Extremadura. Los políticos, sean de un lado o sean del otro, cuando son incapaces de resolver los problemas y los problemas saltan a la vista, recurren a convocar elecciones, toque o no toque. No sé si será para justificar el sueldo que cobran, no sé si será para responsabilizar a los ciudadanos de lo que tienen que responsabilizarse ellos, lo único palmario es que lo hacen porque no tienen que poner dinero de su bolsillo. Confieso que empecé a seguir la campaña como de costumbre, no porque a mí me interesen los políticos, sino porque yo, como ciudadana, sí le intereso a ellos, pero una concejala valenciana del PP aprovechó un mitin en Teruel para llamar a pleno pulmón “hijo de puta” a Pedro Sánchez y dejé de hacerlo. Cuando se me pasó el enfado repasé la prensa y parece que la “educadísima” concejala pidió perdón a su partido, pero el señor Feijóo se lo ha agradecido diciéndole que siga tranquila, que no pasa absolutamente nada, que estaba expresando su opinión. Normal. Para este señor que sigue empeñado en gobernarnos lo más importante es que los suyos sepan insultar firme, alto y claro, y cuanto más graves sean los insultos, más contento lo tendrán. A lo que sí estuve atenta cuando se abrieron las urnas fue a los resultados: el PSOE perdió votos, el PP también pero fue el que más votos consiguió aunque no los suficientes para poder formar gobierno, y Vox, nos guste o no nos guste, los duplicó. Y ahora a ver qué jota pueden bailar con ellos para no tener que seguir los pasos de la Guardiola.
Castilla y León
Y para no ser menos que Extremadura y Aragón, el quince de marzo nos toca a nosotros pasar por las urnas. ¿Qué pasará? Pues según el presidente Mañueco ganará las elecciones por mayoría y en menos que canta un gallo conseguirá que Castilla y León sea la primera autonomía de España. No ha dicho en qué será la primera, pero se entiende que en materia de sanidad, en servicios sociales, en empleos de calidad, en educación, en cultura, en turismo, etc., porque una cosa debemos tener clara los votantes: a Vox, ni el pan, ni la sal, todo se lo negará por malos. Pero como él propone y los votantes disponen, o los ciudadanos nos aplicamos lo de escarmentar en cabeza ajena, o pronto nos veremos en un lío como los de Extremadura y Aragón, porque cerrarle las puertas a Vox, se lo crea él o quiera que se lo creamos nosotros, no va a resultarle tan fácil como le resultó ser el primero en abrírselas.
María Jesús Sánchez Oliva
16-II-2026
CAJÓN DE SASTRE
Cuánta es la riqueza de la Iglesia católica y de dónde proviene.
Las finanzas de la Iglesia católica han sido siempre secretas.
Información del artículo
Autor, Débora Crivellaro
Título del autor, BBC News Brasil
11 mayo 2025.
Hay una máxima que dice que el valor del patrimonio de la Iglesia católica es uno de los misterios de la fe, un secreto que la institución ha guardado durante siglos.
Y debido a ese secretismo, las especulaciones sobre el tamaño de la fortuna de la Santa Sede han ido creciendo año tras año, creándose una mística en torno al tema que raya en la ingenuidad y comentarios como "¿por qué el Papa no vende el Vaticano para acabar con el hambre en el mundo?".
Lo cierto es que, desde el inicio de su pontificado, el papa Francisco, fallecido el 21 de abril, se esforzó hacer más transparentes las cuentas del Vaticano con medidas que han cambiado y agilizado la maquinaria vaticana y han tenido repercusiones en la Iglesia en general.
Una de ellas fue publicar, en 2021, el balance financiero público de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (Apsa) del año anterior, práctica que se ha seguido desde entonces.
Fue la primera vez, desde la creación en 1967 de Apsa, encargada de gestionar propiedades e inversiones, que esas cifras salieron a la luz.
Según el último informe de 2023 -divulgado el año pasado-, la Iglesia tuvo un beneficio total de más de US$52 millones y un aumento de activos de casi US$8 millones.
El patrimonio neto no ha sido revelado, pero la última cifra conocida es de casi US$1.000 millones. Este valor se refiere a todos los activos gestionados por el Banco del Vaticano, excluidos inmuebles, terrenos y otros activos.
La Iglesia también obtiene ingresos con la gestión de más de 5.000 inmuebles, de los cuales el 20% están alquilados, lo que genera unos ingresos operativos de US$84 millones y un beneficio neto de casi US$40 millones al año.
Es importante hacer una observación: todos estos valores son relativos sólo a la economía que mueve el Vaticano.
Porque las finanzas de la Iglesia están descentralizadas y cada diócesis del mundo gestiona su propio presupuesto, lo que significa que en la práctica el total es aún mayor y quizás incalculable.
"Es prácticamente imposible evaluar el patrimonio de toda la Iglesia Católica", afirma Fernando Altemeyer Junior, profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP).
En cualquier caso, los expertos estiman su riqueza en miles de millones de dólares. La Iglesia, por ejemplo, está considerada como uno de los mayores terratenientes del mundo.
El Instituto de Estudios de las Religiones y la Laicidad (IREL), con sede en París, estima que posee entre 71 y 81 millones de hectáreas. Esto incluye propiedades como iglesias, escuelas, hospitales, monasterios y propiedades rurales y urbanas.
El origen de la fortuna de la Iglesia católica:
Pero ¿de dónde sale ese dinero, si la Iglesia católica es una institución religiosa que en teoría no tiene como objetivo acumular patrimonio ni obtener beneficios, según el Código de Derecho Canónico?
La Iglesia comenzó a acumular bienes y riquezas a partir del siglo IV, con el emperador Constantino (272-337 d.C.), que convirtió el catolicismo en la religión oficial del Imperio romano.
Hasta ese momento, como señalan los historiadores, los cristianos vivían humildemente y celebraban sus servicios en sus propias casas, que en su mayoría eran humildes, o en catacumbas.
Esto se consideraba natural para los seguidores de una religión basada en las enseñanzas de un judío perteneciente a las castas sociales inferiores, que predicaba la moderación, la sobriedad y acciones dirigidas a los menos afortunados.
"Estos acontecimientos cambiaron radicalmente la historia del cristianismo y del Imperio romano", escribe Ney de Souza, profesor de historia eclesiástica y especialista en religión y política, en su libro "Historia de la Iglesia" (Ed. Vozes).
"A partir de ese momento, los destinos temporales y espirituales se entrelazaron. Los siglos siguientes demostraron si esta alianza y las sucesivas fueron la mejor estrategia de la institución religiosa o si trasladar el martirio [sufrido por los cristianos] y las catacumbas [donde profesaban su fe] a los palacios en detrimento de la experiencia de la fe cristiana condujo a la Reforma Protestante".
De perseguida, la Iglesia pasó a ser privilegiada y dueña de muchos bienes. La sencillez de sus seguidores, diferencial en un principio, da paso a un estatus y a unos símbolos de riqueza comparables a los dignatarios del imperio.
Entre los católicos, nombres como San Francisco de Asís o el propio Papa Francisco serían representantes de esta defensa de la sencillez.
Mientras que figuras como el Papa Benedicto IX (102-1055), que vendió el trono papal, y el cardenal Giovanni Angelo Becciu, jefe de la Secretaría de Estado durante el último pontificado, que fue destituido tras desviar cerca de US$200 millones destinados a la caridad para comprar un apartamento en Londres, serían ejemplos de lo contrario.
Riquezas inimaginables:
Constantino y muchos otros dirigentes del Imperio Romano donaron a la Iglesia palacios, propiedades, tierras hasta donde alcanzaba la vista e incluso baños termales, además de cantidades inimaginables de oro y plata.
A partir de entonces se estableció el mecanismo de donación a cambio de algo, incluso para que la Iglesia se estableciera en un determinado territorio.
Hasta que, en el siglo XVIII, surgieron los Estados Pontificios, territorios de la península itálica que funcionaban como entidades político-religiosas bajo el mando de un Papa, y la jerarquía católica surgió como autoridad civil, convirtiéndose en un aliado declarado de las familias más ricas de Europa.
Aunque no siempre ha gozado de prosperidad (la Edad Media, por ejemplo, fue un período de vacas flacas, ya que los católicos no gozaban de la simpatía de los que entonces tenían el poder), se puede decir con seguridad que la Iglesia católica construyó su patrimonio gracias a donaciones de los fieles y de personas interesadas en su influencia política y social.
Hoy, en pleno siglo XXI, se le suma su patrimonio cultural, que incluye obras de valor incalculable, museos que reciben millones de visitantes (de pago) al año e inversiones en el mercado financiero, un ámbito que ha sido epicentro de numerosos escándalos de envergadura.
Recién en 2021, tras la reforma impulsada por el papa Francisco, el Vaticano hizo públicas sus cuentas.
En el centro del poder católico, está la Ciudad del Vaticano. El régimen de gobierno es una monarquía absoluta ejercida por el Papa, nombre que recibe el obispo de Roma, que lleva otros títulos como Vicario de Jesucristo, sucesor del príncipe de los apóstoles y Sumo Pontífice de la Iglesia Universal.
El Estado Vaticano fue establecido alrededor del año 752 durante el pontificado de Esteban II (715-757). Los primeros museos se remontan a la época del Papa Julio II (1443-1513).
El Vaticano se sostiene gracias a la colaboración financiera de todas las diócesis del mundo, especialmente de las americanas y alemanas, dos de las más ricas. Otra fuente de ingresos es el turismo.
Dentro de la ciudad se encuentran los órganos de la Ciudad-Estado, los dicasterios y servicios de la Santa Sede, entre los que se encuentran: el Palacio Apostólico, 15 museos, pinacotecas (Capilla Sixtina, Capillas de Rafael, Pinacoteca Vaticana, Museo Etnológico Misionero, Museo Histórico), la Biblioteca Apostólica Vaticana, Radio Vaticano, el banco, el Observatorio Astronómico, la Domus Vaticanae (antiguamente Casa Santa Marta), la Basílica de San Pedro, los edificios adyacentes a la Basílica, el periódico Osservatore Romano, Vatican Media - Centro Televisivo Vaticano, la Libreria Editrice y el archivo apostólico.
Posesiones también extramuros:
Son 12 edificios o espacios extraterritoriales que pertenecen al Vaticano, entre ellos las Basílicas Mayores de San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros, Santa María la Mayor y la parroquia de Santa Ana, además de las oficinas de los dicasterios y la Villa de Castel Gandolfo, conocida como la residencia de verano de los papas.
También existe el Óbolo de San Pedro, que consiste en donaciones voluntarias realizadas por creyentes de todo el mundo. Estas donaciones se destinan a obras sociales y al mantenimiento de las actividades del Vaticano, del turismo y de los museos, que atraen cada año a millones de personas a algunas atracciones.
Entre ellas se encuentran el Museo Vaticano y la Capilla Sixtina, la venta de sellos y monedas conmemorativas y, lo más controvertido, las actividades de sus instituciones financieras, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), más conocido como Banco del Vaticano, que gestiona importantes activos financieros, y Apsa.
El Vaticano también posee una de las mayores colecciones artísticas y culturales del mundo. Sin embargo, estos activos se consideran intangibles y no están disponibles para la venta o uso comercial.
El dictador Benito Mussolini fue uno de los mayores donantes del Vaticano.
Gran parte de esta herencia proviene del dictador italiano Benito Mussolini. En 1929, depositó 1.750 millones de liras italianas en las arcas de la Santa Sede a través de la Conciliación, un reembolso por los bienes de la Iglesia Católica que fueron tomados durante la Unificación Italiana.
El movimiento político y militar consolidó varios reinos, ducados y estados independientes, incluidos los Estados Pontificios, en el reino de Italia. En ese período, especialmente entre 1860 y 1870, muchos bienes y territorios fueron arrebatados a los católicos, lo que representó uno de los momentos más delicados de la historia en la relación entre la Iglesia y la Italia unificada.
Aproximadamente una cuarta parte de esta cantidad fue utilizada por el Papa Pío II para estructurar el nuevo Estado Vaticano, erigir los edificios de la Santa Sede (como el monumental palacio de San Calixto, en Trastevere/Roma) y construir viviendas para empleados cerca del Vaticano.
El resto del dinero recibido se colocó en una serie de inversiones utilizando el principio de diversificación como estrategia, con el fin de evitar riesgos.
Como resultado, Apsa cuenta con propiedades en Gran Bretaña, Francia y Suiza, además de Italia, principal país inversor, especialmente Roma, con el 92% de las unidades inmobiliarias, que van desde edificios hasta oficinas, tiendas y restaurantes.
Números poco claros:
Actualmente, parte del patrimonio inmobiliario, junto con la gestión de la cartera de inversiones —unos US$1.900 millones aproximadamente- generan ingresos destinados al mantenimiento de la Curia Romana, órgano de administración del Vaticano.
Ésta es la función principal de las finanzas del Vaticano: sostener el aparato de la Santa Sede, las nunciaturas, los movimientos del Papa y las acciones caritativas.
En 2019, cuando le preguntaron sobre las finanzas, el Papa Francisco defendió la necesidad de invertir, no para especular, sino para evitar que el capital se devalúe. "Para que se mantenga o rinda un poco", dijo.
Esto es relevante porque la Santa Sede, a pesar de estar apoyada por el Estado Vaticano, no es en sí misma un Estado, afirmó el historiador italiano Andrea Riccardi, fundador de la organización católica Comunidad de Sant'Egidio, al periódico italiano Corriere della Sera.
No tiene impuestos ni deuda pública. Se sustenta con los ingresos de sus activos y, sobre todo, con las donaciones de los fieles. Esta tendencia está ligada a la opinión pública católica, afirma Riccardi.
"Por esta y otras razones, son necesarias la transparencia presupuestaria y el orden en la gestión."
Sin embargo, los ingresos y gastos anuales del Vaticano han sido significativamente inferiores a los declarados, y sus activos totales son el doble de lo que se declaró anteriormente (alrededor de US$4.000 millones).
Así lo constata el sacerdote jesuita español Juan Antonio Guerrero Alves, jefe de la Secretaría de Economía, una oficina creada por el papa Francisco al inicio de su reforma económica en 2014.
Para controlar el gasto excesivo, el Vaticano comenzó a vender entre US$20 y US$25 millones de sus activos cada año.
"Estos desafíos deben abordarse y no está claro cómo una iglesia que ve disminuir el número de fieles en los países con las economías más desarrolladas puede generar los recursos necesarios para mantenerse", dice el experto en cuestiones vaticanas, John Allen Jr.
Pero incluso bajo la sombra de la disminución del número de fieles generosos en las naciones más desarrolladas, especialmente en Europa y Estados Unidos, donde el éxodo de devotos es más pronunciado, hay países donde la Iglesia católica es extremadamente rica.
Las diócesis más ricas:
El miembro más sobresaliente de esta lista de millonarios es Alemania. Allí reina la prosperidad gracias al "kirchensteuer", el impuesto eclesiástico recaudado directamente de los miembros de las comunidades religiosas reconocidas por el Estado, como la Iglesia Católica.
El impuesto municipal corresponde a un porcentaje de la renta imponible del ciudadano, que varía entre el 8% y el 9% según el estado federado.
En 2023, la Iglesia recaudó aproximadamente US$7.400 millones con ese impuesto, lo que representa una caída de alrededor del 5% en comparación con el año anterior, cuando se recaudaron US$7.770 millones.
A pesar de las grandes cifras, la disminución de los ingresos preocupa a la jerarquía católica, ya que está directamente relacionada con el éxodo de creyentes.
Parte de la responsabilidad de este descenso del número de fieles en Alemania recae en las reiteradas crisis de imagen de la Iglesia en el país.
En 2013 salió a la luz el escándalo que involucraba al entonces obispo de Limburgo, Franz-Peter Tebartz van Elst. El costo de construcción de su palacio episcopal saltó de US$5,7 millones a al menos US$35 millones en cinco años, una crisis que afectó a toda la Iglesia católica alemana.
Semejante gasto llevó a muchos alemanes a cuestionar la riqueza de la Iglesia.
Tras la presión de la prensa, la mitad de las 27 diócesis alemanas han hecho públicos sus bienes. Fue entonces cuando la población descubrió que sólo conocía una pequeña parte de las cifras.
De hecho, aunque los obispos deben publicar sus balances, las cifras de la Iglesia permanecen confidenciales. Además de los inmuebles clásicos, poseía diez bancos, varias compañías de seguros, 70 hoteles, importantes empresas de gestión inmobiliaria y varios medios de comunicación.
La de Colonia, en Alemania, es una de las diócesis más ricas.
Sólo la diócesis de Colonia, una de las más ricas del mundo, estimó en 2023 su patrimonio neto en casi US$5.000 millones.
Ese mismo año, recaudó US$744 a través de impuestos eclesiásticos, lo que representó el 70% de su ingreso anual total.
Esta operación de transparencia permitió a la población conocer, aunque de manera limitada, un poco de la vida privada de los religiosos católicos alemanes.
Como el obispo Tebartz-van Elts, que tenía una bañera que valía US$17.000, y el arzobispo de Múnich, el cardenal Reinhard Marx, que vive en un imponente palacio barroco que fue restaurado por US$9.900 millones, tres cuartas partes de los cuales fueron pagados por los contribuyentes.
El mismo Reinhard Marx posee, entre otros bienes, un BMW 730, con conductor incluido. Una realidad que a muchos católicos alemanes les resultó indigesta cuando descubrieron que su dinero patrocinaba tantos lujos.
"Ninguna propiedad de la Iglesia católica está a nombre de una persona física, es decir, sacerdote, obispo, cardenal o cualquier religioso", afirma el padre Antonio Lisboa Lustosa, profesor de teología y especialista en ciencias religiosas.
El experto reconoce que hay desviaciones entre algunos de sus semejantes y que tales prácticas de lujo, orgullo y ostentación no van acordes con los principios el cristianismo.
"Sucede a menudo, pero nadie puede olvidar que la Iglesia está formada por hombres capaces de equivocarse", afirma Lustosa.
"En todo caso, lo que Jesucristo predicó y reforzó el Papa Francisco es el mantenimiento de la sobriedad y la sencillez", apunta.
También Estados Unidos:
La Iglesia en Estados Unidos, otro de los países que más aportaciones realiza al Vaticano, no se queda atrás. Allí, la jerarquía católica posee un vasto patrimonio, que incluye universidades de renombre como Notre Dame, en Indiana (con ingresos de US$1.760 millones, y Georgetown, en Washington (con ingresos de US$1.920 millones, además de hospitales y escuelas.
Aunque no existe un impuesto eclesiástico obligatorio, la Iglesia recibe importantes donaciones privadas. Se estima que los líderes religiosos estadounidenses recaudan alrededor de US$10.000 millones en donaciones anuales, además de poseer considerables activos inmobiliarios y financieros.
Vale la pena considerar que la Iglesia estadounidense concentra el mayor número de religiosos del ala católica conservadora, quienes permanecen estrechamente vinculados a la derecha radical.
La Universidad de Georgetown, propiedad de la Iglesia Católica en Estados Unidos tiene US$1.920 millones anuales en ingresos.
Las cuentas en Brasil:
Brasil, el país con el mayor número de católicos del mundo, también tiene una Iglesia con considerable influencia y herencia.
Aunque no existen datos financieros consolidados ya que no existe un informe financiero público nacional, lo que dificulta obtener una visión completa de las finanzas de la Iglesia, las diócesis brasileñas administran una vasta red de parroquias, escuelas, hospitales y universidades.
Además, reciben donaciones de los fieles y tienen exenciones de impuestos.
Brasil también alberga el mayor y segundo santuario mariano más visitado del mundo, el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Aparecida, ubicado en Aparecida, en el interior de São Paulo, considerado el más rico del mundo en recursos financieros, según datos ofrecidos por las propias diócesis y consolidados por expertos en turismo religioso.
El santuario recibe cerca de 10 millones de peregrinos al año, que gastan, en promedio, US$21al día, lo que resulta en una recaudación anual de aproximadamente US$240 millones en la ciudad de apenas 35.000 habitantes.
Durante la visita del Papa Benedicto XVI a Brasil en 2007, los ingresos mensuales de la Basílica, según información divulgada por la arquidiócesis en la época, variaron entre US$70 millones y US$90 millones, impulsados por campañas de donaciones.
El tercer templo católico más visitado del mundo es la Catedral de Notre Dame, en París.
Francia no está en la lista de países con mayor población católica del mundo. En la actualidad, el 29% de los franceses se declaran católicos; hace diez años, era el 70%. Pero es allí donde se encuentra el tercer templo católico más visitado del mundo, la Catedral de Notre Dame, en París.
Antes del incendio de 2019 que lo mantuvo cerrado durante cinco años, recibía alrededor de 13,6 millones de visitantes al año, por delante de atracciones turísticas como la Torre Eiffel y el Museo del Louvre.
La restauración de la catedral fue un proyecto que supuso colaboración internacional y una importante inversión. La restauración del templo gótico construido hace nueve siglos costó cerca de US$800 millones de euros y recaudó casi US$1.000 millones mediante donaciones de cerca de 340.000 personas de 150 países.
Tales cifras son consistentes con el tamaño de los activos que sustentan una institución como la Iglesia católica dotada de una maquinaria monumental, integrada por miles de empleados y religiosos repartidos por el mundo, universidades, museos, hospitales y cientos de obras de caridad, entre otros.
En una entrevista con el director del periódico Corriere della Sera, Ferrucio de Bortoli, en 2014, el Papa Francisco argumentó que el problema no es tanto el tamaño de esta fortuna, sino la falta de transparencia que la rodea.
Al ser preguntado sobre la riqueza y los excesos de la Iglesia, Francisco dijo: "Jesús dice que no se puede servir a dos señores: Dios y las riquezas. Y cuando seamos juzgados en el juicio final, nuestra cercanía a la pobreza contará. La pobreza nos aleja de la idolatría y nos abre las puertas a la Providencia".
Y concluyó: "El dinero es siempre un traidor".
EL ÁLBUM DE LA LENGUA
La voz anti-ICE se escribe con guion y no son adecuadas las grafías anti ICE ni antiICE.
Uso inadecuado:
• Trump prepara 1500 soldados en medio de las protestas anti ICE.
• La Casa Blanca acusa a manifestantes antiICE de bloquear operaciones de fuerzas de seguridad.
• Protestas anti ICE en Mineápolis.
Uso adecuado:
• Trump prepara 1500 soldados en medio de las protestas anti-ICE.
• La Casa Blanca acusa a manifestantes anti-ICE de bloquear operaciones de fuerzas de seguridad.
• Protestas anti-ICE en Mineápolis.
De acuerdo con la Ortografía de la lengua española, los prefijos se escriben por regla general unidos a la palabra a la que preceden sin guion:
antigás, antirrobo, anticrisis... No obstante, sí se emplea el guion cuando el prefijo se une a una sigla o a una palabra que empieza con mayúscula (en general un nombre propio): anti-ICE, anti-OTAN, anti-Trump...
Recomendación de la FUNDÉUM.
LA BUTACA
Pío Baroja. Corría el año 1904 y aquella tertulia, que había abierto el
gallego Ramón María del Valle-Inclán en el Nuevo Café de Levante, hervía por
las noches con la flor y nata de los intelectuales de la Generación del 98 y
los artistas más significados, entre ellos Ignacio Zuloaga, Gutiérrez
Solana, Santiago Rusiñol, Mateo Inurria, Chicharro, Beltrán Masses o Rafael
Penagos.
Y aquella tarde noche del 13 de mayo de 1904 el que sorprendió a
todos los presentes fue Pío Baroja. Porque cuando se estaba hablando de los
españoles y de las distintas clases de españoles, el novelista vasco
sorprendió a todos y dijo:
"La verdad es que en España hay siete clases de españoles. sí,
como los siete pecados capitales. A saber:
1) Los que no saben;
2) los que no quieren saber;
3) los que odian el saber;
4) los que sufren por no saber;
5) los que aparentan que saben;
6) los que triunfan sin saber, y
7) los que viven gracias a que los demás no saben.
Estos últimos se llaman a sí mismos "políticos" y a veces hasta
"intelectuales".
EL MIRADOR DE LA POESÍA
Hoy, desde las estrellas, llega al mirador un poema del poeta mexicano Manuel María
Flores. 1840—1885.
Adoración
Como al ara de Dios llega el creyente,
trémulo el labio al exhalar el ruego,
turbado el corazón, baja la frente,
así, mujer, a tu presencia llego.
¡No de mí apartes tus divinos ojos!
Pálida está mi frente de dolores;
¿para qué castigar con tus enojos
al que es tan infeliz con tus amores?
Soy un esclavo que a tus pies se humilla
y suplicante tu piedad reclama,
que con las manos juntas se arrodilla
para decir con miedo. . . que te ama!
¡Te ama! Y el alma que el amor bendice,
tiembla al sentirle como débil hoja.
¡Te ama! y el corazón cuando lo dice
en yo no sé qué lagrimas se moja.
¡Perdóname este amor! A mí ha venido
como la luz a la pupila abierta,
como viene la música al oído,
como la vida a la esperanza muerta.
Fue una chispa de tu alma desprendida
en el beso de luz de tu mirada
que al abrazar mi corazón en vida
dejó mi alma a la tuya desposada.
Y este amor es el aire que respiro,
ilusión imposible que atesoro
inefable palabra que suspiro
y dulcísima lágrima que lloro.
Es el ángel espléndido y risueño
que con sus alas en mi frente toca,
y que deja - ¡perdóname, es un sueño!
El beso de los cielos en mi boca.
Mujer, mujer . . . mi corazón de fuego
de amor no sabe la palabra santa,
pero palpita en el supremo ruego
que vengo a sollozar ante tu planta.
¿No sabes que por sólo las delicias
de oír el canto que tu voz encierra,
cambiara yo, dichoso, las caricias
de todas las mujeres de la tierra?
¿Que por seguir tu sombra, mi María,
sellando el labio a la importuna queja,
de lágrimas y besos cubriría
la leve huella que tu planta deja?
¿Que por oír en cariñoso acento
mi pobre nombre entre tus labios rojos,
para escucharte detendré mi aliento,
para mirarte me pondré de hinojos?
¿Que por sentir en mi dichosa frente
tu dulce labio con pasión impreso,
te diera yo, con mi vivir presente,
toda mi eternidad . . . por sólo un beso?
Pero si tanto amor, delirio tanto,
tanta ternura ante mis pies traída,
empapada con gotas de mi llanto,
formada con la esencia de mi vida;
si este grito de amor, íntimo, ardiente,
no llega a ti . . . si mi pasión es loca,
perdona los delirios de mi mente,
perdona las palabras de mi boca.
Y ya no más mi ruego sollozante
irá a turbar tu indiferente calma . . .
Pero mi amor hasta el postrer instante
te daré con las lágrimas del alma.
Algunos datos del poeta: Nacionalidad: mexicana. Nacimiento: 1840. Fallecimiento: 1885. Causa de la muerte: suicidio. Se dijo que había sido víctima de un amor no correspondido. Analizando este poema cabría pensar que algo de lo dicho habría, pero ni se pudo afirmar entonces, ni se puede afirmar ahora: poetas son los que pueden escribir del amor sin estar enamorados y del desamor sin tener que desenamorarse, y lo único que puede afirmarse sin rastro de duda, es que privó a la poesía de muchos y grandes poemas pues su capacidad de creación fue tan breve como brillante.
CARTA A...
23-II-2026
Queridos ucranianos:
Hoy se cumplen cuatro años de una guerra que iba a durar unos días. Van miles de muertos inocentes, de los heridos, se ha perdido la cuenta, han desaparecido edificios, tanto públicos como privados, se han tenido que separar muchas familias, ni se sabe el número de niños que han sido reportados, han sido muchos días de frío, de calor, de hambre, sin luz, sin agua, sin internet… y la tragedia no tiene visos de acabar. Al Putin de los demonios y a sus secuaces no les importa un palmo de tierra como dicen. Eso es el pretexto para justificar sus crímenes. La verdadera razón es la razón que da lugar a todas las guerras desde que el mundo es mundo: probar bombas, granadas, carros de combate, drones o como se llamen los nuevos artilugios y sobre todo vaciar los arsenales de armas para volver a llenarlos para que el sucio negocio no acabe. ¿Cómo es posible que después de tantos siglos los gobernantes no sean capaces de acabar con las guerras? Bastaría con que el dinero y el tiempo que invierten en hacer las guerras lo emplearan en arreglar el mundo, pero esto, nos lo cuenten como nos lo cuenten, ni les interesa a los que las hacen, ni les interesa a los que están en contra, si no fuera así siglos haría que por ley tendrían que litigar las contiendas entre ellos en lugar de atrincherarse para que no les alcance ni el ruido de los bombardeos y mandar a los ciudadanos a matar, a morir, a sufrir calamidades de toda índole y a hacerse apátridas, porque los que tienen que pasar por una guerra, de una manera o de otra, quedan marcados para siempre.
Siento mucho no poder deciros todo lo contrario pero engañaros a vosotros para daros ánimos es imposible.
María Jesús
COSAS DE GARIPIL
¡Hola!: Desconecta el televisor, deja el móvil donde ni lo veas ni lo oigas, siéntate en tu sillón favorito, cierra los ojos y permíteme que te lea el quinto relato de Letanías en lo que el sueño te manda a la cama para recuperar las fuerzas perdidas durante el día.
Los extranjeros
Al abrir los ojos aquella mañana de domingo Belsa sin¬tió que entre las brumas del sueño se diluían sus temores, aquellos temores que como colmillos de lobo habían roto sus nervios en las últimas semanas. Suspiró con esa tranquilidad que derrama en el ánimo la idea de que un problema ahueca por fin el ala. Tras las finas paredes del piso no se oía el tintinear de los collares de lluvia al desenhebrarse y rodar sus perlas por los rojizos tejados, por los coches estacionados en la calle, por los árboles desnudos y por las persianas bajadas al ras de las repisas. Le dolían los huesos de dar vueltas en busca de la hora del sueño que encontró de madrugada, pero la ilusión le dio un empujón y la echó de la cama.
La alegría se opuso a su costumbre de entrar en el baño, en la cocina, en el cuarto de sus hijas... y sumisa ante sus órdenes se dirigió al salón y abrió el balcón de par en par.
El paisaje que asaltó sus ojos se le antojó un milagro, un resorte capaz de poner en pie todas sus sentadas esperanzas. Ni la huella de una mancha oscura en el manto azul del cielo, el sol había empezado a encender sus velas y los múltiples pabilos iban iluminando los cercanos encinares, el aire se había quedado dormido entre las tibias
sábanas de los veinte grados de temperatura, y a lo lejos, las montañas, se habían cambiado la pamela de copos blancos por una diadema de revoltosos pajarillos.
Decididamente febrero era el mes más loco del año, pero bendita locura. Más de quince días se había pasado haciéndole a las borrascas muecas de desprecio para espantarlas, pero ni por ésas, antes de irse una, ya había llegado otra, y al encontrarse inundaban la tierra juntas.
Miró con ternura su vieja furgoneta. Vieja, sí, pero no porque llevara durmiendo allí, a las puertas de su casa, más de tres años, sino porque la habían comprado de segunda, de tercera o ¿quién sabía si de cuarta mano? A juzgar por sus achaques los romanos escribirían su edad con un par de equis por lo menos, pero daba igual, lo importante era que aunque a trancas y barrancas, iba y venía de pueblo en pueblo, de fiesta en fiesta, de rastro en rastro. De acuerdo que de vez en cuando, siempre en el momento más inoportuno, le daba la fatiga en medio de una carretera y se paraba a descansar, pero todo quedaba en un susto de muerte. En aquellos trances, Lope, se vestía de cirujano, ¡cuántos oficios enseñaba la necesidad!, y con el bisturí hurgaba en el ovillo de sus tripas metálicas hasta que daba con el quid y la obligaba a caminar exhalando unos que¬jidos de dolor que se amortiguaban con las ganas de llegar a casa.
¡Pobre furgoneta! Estaba desahuciada de todos menos de ellos. Los mecánicos, en los talleres, no se molestaban en darle ni una aspirina, pensaban que eran me¬jores dejándola morir que dando de sí su vida; los técnicos, en las inspecciones, se empeñaban en jubilarla, opinaban que no era válida para andar por el mundo; los motoristas la cosían a multas para que se fuera al cementerio de una vez. Pero se hacía la tonta porque para sus amos era toda su fortuna, algo imprescindible. Sobre sus hombros cansados viajaba la tienda ambulante con la que se
ganaban la vida, al ritmo de sus torpes pasos conjugaban a diario la necesidad de comer y el afán de vivir con dignidad, además, aquel mismo mes había pagado su última letra. Estaba contenta por ello, tan contenta que hasta su claxon sonaba con más alegría. Sus faros no se pondrían ya tan rojos de vergüenza cuando le diera un colapso. Le resultaba tan violento que alguien pagara todavía por su corazón descompensado, por sus venas atrofiadas, por su piel picada de viruela... que el sentimiento de carga no la dejaba levantar cabeza. Estaba segura de que en adelante gozaría de mejor salud. ¡Claro que sí! Sus amos dis¬pondrían de más recursos y le comprarían los remedios que tantas veces le habían tenido que negar.
También a Belsa se le había quitado un gran peso del corazón: una letra menos al mes es para los pobres como una rebaja en la condena para los presos.
La clara mañana pareció tamizar todas las angustias de Belsa y se dijo para sus adentros que no tenía razones para verlo todo tan negro, allí estaba su furgoneta, su trabajo, y el día era realmente espléndido. A través de las ventanillas vio los artículos almacenados haciéndole guiños de complicidad: joyas de fantasía, juguetes, artesanías... Tres años llevaba soñando con aquel vasto y variado surtido. Su puesto en el rastro de la ciudad sería por fin uno de los mejores.
No en balde se habían gastado en aquella mercancía los ahorros de tres años, ahorros conseguidos a golpe de privaciones, de cazar rebajas, de aplazar letras... aunque devengaran intereses, pues, para comprar a buen precio, era preciso comprar por junto, para vender más, era necesario tener para elegir, y para vivir con cierta decencia había que vender muchas baratijas de veinte duros.
Unos días antes se habían desplazado a Madrid para hacer la inversión, aquella inversión que los sacaría de apuros. El mercado allí era más amplio y la competencia en
los precios favoreció sus intereses. Claro que había valido la pena el viaje... aunque lo que no va en lágrimas, va en suspiros. El último billete lo necesitó la furgoneta. Para una vez que no le dio un telele, alguien le birló la rueda de repuesto, y, por si las moscas, fue sustituida por otra que ya tenía unos kilómetros de sobra. No era el zapato ideal, ya lo sabían, pero el billete no alcanzó para uno nuevo.
Habían puesto la denuncia, pero para perder el tiempo: las agresiones a los extranjeros perdían gravedad en las ventanillas oficiales. Extranjeros... Ellos eran extranjeros. ¡Maldita palabra! Si Dios había creado una tierra para todos los hombres, ¿por qué éstos alzaban fronteras, y tras ellas, marginaban a unos, privilegiaban a otros, según los intereses de los más fuertes económicamente? Se rebelaba ante tantos intereses creados, ante tantas injusticias legalizadas, ante tantos problemas evitables, porque ella sabía mejor que nadie las cuotas en lágrimas que muchos seres humanos tenían que pagar por ellos.
Su pasaporte decía que ella y los suyos eran argentinos. Argentinos... ¡Qué lejos y qué cerca quedaba su país! Raro era el día que su pensamiento no desplegaba las alas para cruzar el mar. Visitaba a su madre, enferma de cáncer en un hospital de mala muerte; a su padre, pensionista que tenía que trabajar en lo que salía para poder comer todos los días del mes; a sus hermanos, haciendo piruetas para pagar a plazos los zapatos de sus sobrinos; a sus amigos, los que no tuvieron valor para sacar sus raíces de la tierra que los vio nacer.
Ellos, aunque con pena, se animaron. En España los recibirían con los brazos abiertos, tanto en el pueblo como en la tribuna oficial. Era un país libre. Sus ideas serían respetadas, entre otras razones porque su política era la de ganarse el pan con el sudor de la frente, su meta la de salir de la miseria y su ideal el de vivir en paz. Era un país con
recursos, ávido de modernizarse, harían falta mil manos para construir mil cosas, y en caso de apuro, habría mil servicios de ayudas oficiales con las puertas abiertas de par en par. Era un país cívico, solidario. Si los europeos no eran extranjeros en él, ¿cómo iban a serlo ellos siendo argentinos...? Sus leyes eran tan avanzadas que todos los ciudadanos con residencia legal tendrían los mismos deberes y los mismos derechos, y ellos no iban a venir ni camuflados ni ocultando nada, si acaso huyendo del hambre y de los malos vientos que cercenaban su país; además, hablaban el mismo idioma, y éste era el mejor báculo para abrirse paso en un país extranjero.
Con fe en el futuro, sin miedo a lo desconocido, embarcaron con lo puesto una mañana de agosto, volverían a empezar partiendo de cero. ¿Que era difícil? ¡Naturalmente! Pero su abuelo, español, murió diciendo que nadie era profeta en su tierra, quizá, porque siendo joven, tuvo que dejar España e irse a Argentina para subsistir.
Así era la historia, así la hacían los hombres: aquel día, al cabo de tantos años, ellos, sus nietos, hacían lo mismo, por las mismas razones, pero al revés, y triunfarían, se lo decía el corazón, como triunfó su abuelo, entre otras cosas porque no venían a un país tan ajeno ni pretendían hallar en él la gallina de los huevos de oro, sólo aspiraban, querían labrarle a sus hijas un mañana más halagüeño en un país libre, próspero y en paz. Para conseguirlo trabajarían como leones de día y de noche y en lo que hiciera falta. Entre tantos sueños por realizar, ya contaban con uno que por sí solo era un éxito: nadie los discriminaría oficialmente por ser extranjeros.
Pero las rosas de sus ilusiones se marchitaron con las espinas de la realidad. Nadie les puso trabas para vivir en España. ¡Faltaría más! Pero una cosa es residir y otra subsistir. Solicitaron un piso de protección oficial, pero no ¬
tenían derecho a él: eran extranjeros; solicitaron trabajo adjuntando sus títulos respectivos, pero éstos no eran válidos para nada: eran títulos extranjeros; solicitaron un crédito bancario, pero ningún banco cursó la solicitud: eran extranjeros; solicitaron varias prestaciones sociales para empezar, pero no tenían derecho a ellas: eran extranjeros. ¡Maldita palabra! Desistieron de dar vueltas por los despachos enmoquetados de los centros oficiales; estaba muy claro que en España, los extranjeros, sólo tenían derecho a residir. Pero ¿y lo demás…? Lo demás tuvo que empezar a resolverlo quien lo resuelve siempre: el pueblo llano, el que vive con lo justo, alguien que les alquiló un piso y se comprometió a no cobrar el alquiler hasta el tercer mes.
El tiempo volaba y en un abrir y cerrar de ojos llegaría el día fijado para saldar las mensualidades; además, sus estómagos exigían el pan de cada día, y al hambre, como mucho, se la podía engañar unas horas. Era muy urgente pues encontrar un empleo, y tenían que encontrarlo aunque fuera de¬bajo de las piedras. La total ausencia de oportunidades les evitó el dilema de elegir profesiones. Enrollaron sus diplomas, de enfermera y de arquitecto respectivamente, y, por obra y gracia del "esto son lentejas..." se diplomaron en vendedores ambulantes, en lo que se diplomaban todos los extranjeros. "Tampoco tendremos que pagar impuestos", logicó Lope. Pero ¡qué sorpresa!, para eso no eran extranjeros.
Belsa se apeó de las nubes donde la habían subido sus recuerdos. Aquella mañana ni debía ni quería ponerse triste. En la calle esperaba su furgoneta, estaba llena hasta los topes, lucía el sol y los días buenos el rastro de la ciudad era un hervidero de gente. Ya sólo era cuestión de vender, comprar, volver a vender... y con el tiempo serían lo que se sentían a pesar de todo: españoles. Entonces sus vidas cambiarían el mandil por el vestido. Ellos podrían ¬
aspirar a ejercer sus profesiones con todas las de la ley, sus hijas no sufrirían jamás aquellos problemas burocráticos que a ellos les acosaban, hasta podrían ir todos de vacaciones a su Argentina del alma... y cómo no, tendrían un pisito en propiedad. De momento ya le había tocado el gordo con tener la furgoneta pagada y llena de mercancía. ¿Qué más podía desear que empezar a liquidar las deudas pendientes y comprar algún mueble que hacía falta...? Si acaso cambiarle a la furgoneta el motor y las ruedas, que era de lo que más se quejaba. Pintarla... la pintarían ellos mismos y tendrían tienda ambulante hasta que cambiaran de oficio.
Hilvanando estos proyectos entró en casa sin cerrar el balcón. Su voz se vertió a chorros por las alcobas de los suyos. "¡Raúla, Miguela, arriba, por favor, arriba! ¿No me oís? Tirad las mantas, no hagáis caso a la pereza; hace un día de primavera y tenemos que aprovecharlo. ¡Vamos, vamos! Y tú, Lope, ¿no has oído que el reloj de los vecinos dio las siete hace mil horas? ¡Vamos, por Dios, vamos, que estar hoy un minuto en la cama es tirar a la basura una pepita de oro!", relataba abriendo las puertas, y súbitamente se despertaron.
Los rayos de sol que entraban por el balcón, aquellos rayos que iluminaban el salón, el pasillo, las habitaciones... iluminaron también sus empañadas esperanzas. sin abrir los ojos siquiera, como ratones con el gato a los talones, los tres se tiraron de la cama. Hasta las pequeñas sabían lo importante que era para el negocio, para la familia, una mañana de domingo soleada. Mil veces se lo oían decir a los vendedores del rastro cuando iban a vender con sus padres: "Día de sol, día de clientes". Y lo mejor era llegar de los primeros. También lo decían los “rastreros”, como los llamaban en su argot: "El que primero llega, hace la feria".
Padre e hijas hicieron las camas y recogieron los pijamas. En la cocina se chocaban las tazas y silbaba la
cafetera mientras Belsa preparaba los desayunos. Unos minutos después se instalaron los cuatro en la mesa de formica. Entre sorbos de café, rebanadas de pan y porciones de mantequilla, cada cual se asignó los objetos más vendibles con el afán de ser el que más caja hiciera: Raúla vendería los collares de perlas mentirosas y los pendientes que presumían en balde de esmeraldas, de turquesas, de diamantes... a Miguela le daba mucha pena, pero vendería todos los osos de peluche, a Lope le barrerían de las manos las herramientas que iba a poner a la venta por vez primera. Belsa vendería medias, espejos, pañuelos, jabones, agujas, gafas, horquillas... y lo que hiciera falta con tal de transformar la mercancía en billetes de banco para reciclarlos de nuevo en materia prima.
De repente un grito de auxilio se mezcló con el café tras colarse por el balcón: "¡Fuego, fuego!" Y las cuatro tazas quedaron a medias. Padre e hijas descendieron las escaleras de tres pisos con alas en los pies. A ninguno se le ocurrió asomarse antes al balcón. Ella, más previsora, llenó dos cubos de agua; alguna vivienda estaría ardiendo y a buen seguro que toda agua era poca. Cogió los cubos y dejó la puerta abierta: a lo mejor tenía que subir a llenarlos de nuevo y no era cosa de esperar a que la llave le diera permiso para entrar. Salió del portal. Alguien le arrebató los cubos de las manos. Quien fuera, masculló unas palabras sí, pero ella no entendió absolutamente nada; las imágenes que acribillaron sus ojos troncharon sus pensamientos, su voz, sus piernas... y cayó sobre la acera como una hoja cuando el viento la arranca de su tallo. Allí estaban sus hijas, lloraban como Magdalenas, pero nadie se ocupaba de ser para ellas paño de Verónica; todos se peleaban por derramar cubos de agua sobre unas llamas que pugnaban por devorar su furgoneta. Y entre las volutas de humo leía Lope la matrícula de un coche que alguien le indicaba
tratando de identificar al malnacido que huía después de rociar su vehículo con gasolina y prenderle una cerilla.
Volvió a la realidad entre los brazos de su sillón de eskai, frente a una taza de tila humeante de horrores: su bazar era un amasijo de hierros retorcidos. Lope colaboraba con la Guardia Civil para conseguir saber que el agresor era un compañero del rastro. El muy canalla se había vengado de la furgoneta porque un mes antes su coche chocó con ella estando bien aparcada y ellos se negaron a responsabilizarse del bollo del suyo. Pero la gestión no servía para nada, se trataba de un "enfermo" e "insolvente" que, a pesar de su "enfermedad" e "insolvencia", había huido a Portugal, para no poder ser detenido; además, las víctimas, ellos, eran extranjeros.
En los ojos de Raúla y de Miguela bailaba una triste alegría: por primera vez en tres años, sus padres se quedarían todo el día en casa, con ellas. Belsa volcó el monedero en la mesa camilla: 218, 428, 608, 888. Ni siquiera tenían un billete de mil. ¿Sería posible que en un país que presumía en la televisión de solidario y de servicios sociales, unos ciudadanos que pagaban impuestos, por ser extranjeros, tuvieran que volver a empezar con aquellas 888 pesetas en calderilla...?
En la mañana del lunes llegó la trabajadora social del municipio. Era una visita de trabajo. Para eso ganaba un sueldo y a buen seguro que, para pagárselo, de su bolsillo salía algún duro que otro. "Haré un informe de la si-tuación y a ver si con el tiempo les consigo una ayuda, un dinero a fondo perdido, pero..." dijo encendiendo un cigarro, con esa tranquilidad que da el verse lejos del difícil lugar que se descubre. Belsa entendió al vuelo. La burocracia era lenta y el hambre rápida; la Seguridad Social reclamaría las cuotas sin perdonar intereses; el dueño del piso querría cobrar el alquiler y él sí tenía derecho a ponerlos de patitas en la calle por falta de pago; los
municipales exigían el impuesto de venta en los rastros por adelantado. Precisamente aquel mes tenían que pagar el permiso para vender los jueves en el rastro de... que cobraban con seis meses de adelanto. Y leyó en el rostro de ella que en el ayuntamiento ya estaban todos los cuartos presupuestados para subvencionar las próximas fiestas de primavera. Era absurdo, pues, sentarse a esperar remedios oficiales, un baile "gratis" daba más votos que ayudar a una familia extranjera sin derecho a votar.
La luz se encendió por la tarde y alumbraba desde el candil de siempre: del pueblo llano, de quien si se desprende de mil duros anda tres meses a remolque. Los vecinos subieron con bolsas de comida, los compañeros del rastro llegaron con parte de su mercancía, el cura hizo una colecta en la parroquia, alguien les prestó una furgoneta… cada cual puso lo que pudo y algunos lo que no podían. Belsa y Lope se sentían incómodos ante aquellos socorros, pero era el único camino que tenían para volver a empezar, y lo peor era que a sus salvadores sólo podían darles las gracias.
Al día siguiente volvieron las borrascas. ¡Las muy..! Simplemente habían hecho un alto en el camino para favorecer al autor de su ruina.
Raúla y Miguela volvieron a quedarse solas, de amitas de casa. Sus padres se fueron temprano a la ciudad. Belsa llegó al rastro. Era la única vendedora. Sobre una mesa portátil extendió un pañuelo verde y en él fue ordenando con gracia y esperanza la ristra de objetos reunidos. La mitad de un paraguas color helado de fresa defendía a duras penas su cabeza de la lluvia, la otra mitad tenía que servir de porche a su frágil e improvisado tenderete. El barrendero, sin pararse, la saludó extrañado. "Mal día es¬cogió, señora, mal día. A lo mejor le trae más cuenta recoger los bártulos y largarse a casa". A lo mejor... pero ella necesitaba recaudar urgentemente diez mil pesetas, las
que pagadas a tocateja exigía una grúa para enterrar el cadáver calcinado de su furgoneta. Lope, en un almacén, convirtiendo los donativos en baratijas vendibles, montaba en cólera. "¡No puede ser, no puede ser! Me dejan sin herramienta de trabajo y además de aguantarme tengo que pagar. ¡Hijos de..! ¡Basta ya de atropellos, basta ya de humillaciones! Que la quite el ayuntamiento si le es¬torba para las verbenas, que a mí.." Pero los dos sabían que los niños de la urbanización buscarían tesoros entre los hierros calcinados, y sus escaldados corazones les me¬tían prisa en retirarlos; si alguno sufría un accidente, les exigirían responsabilidades, porque, para los deberes, nadie corría el tupido velo que tapaba los derechos de los extranjeros.
María Jesús Sánchez Oliva
Relación de libros publicados por mi autora: María Jesús Sánchez Oliva. Pero antes quiero recordarte que por ser el primero de sus libros publicado me ha distinguido con este espacio en su blog del que me siento tan orgulloso como responsable.
“Garipil (1995)”.
Reseña: Garipil es un semáforo. Nace con una idea en la cabeza: decir a la sociedad que las máquinas como él nacen para estar al servicio del hombre, para ayudarle en todas las tareas que tiene que realizar, para hacerle la vida más cómoda, pero en ningún caso para suplirlo. Su mensaje es tan aconsejable para niños como para mayores.
“Letanías (1999)”.
Reseña: Letanías es una colección de historias breves pero completas. El libro ideal para los que quieren leer pero les falta paciencia para enfrentarse a libros con muchas páginas. Algunos de los relatos han sido premiados en distintos certámenes literarios.
“El rosario de los cuentos (2003)”.
Reseña: En los primeros años de la posguerra española, en un pueblo de Castilla, un cura de la época es incapaz de encauzar a sus feligreses por el camino recto a través del Santo Rosario, como era costumbre. Ante su fracaso decide transformar cada misterio en un cuento. El resultado son quince cuentos para niños de distintas edades. Cada cuento está ilustrado con una viñeta alusiva a la época. Este libro obtuvo el tercer premio en el Concurso de Cuentos Tiflos en su edición de 1996.
“Cartas de la Radio (2007)”.
Reseña: Cartas de la Radio es una colección de cartas o artículos de opinión escritas y leídas semanalmente en Onda Cero por María Jesús Sánchez Oliva durante cuatro años. Las cartas van dirigidas a políticos, ciudadanos de a pie, víctimas del terrorismo, instituciones, asociaciones, etc., y no pocas nos llevan a acontecimientos que siguen vivos en nuestra memoria.
“Cuentos de la Cigüeña (Soles y Lunas) (2014)”.
Reseña: Son doce cuentos escritos en verso con los que las mamás y los papás disfrutarán leyéndoselos a sus hijos y los niños aprenderán a amar la poesía a la vez que los cuentos.
“Los días perdidos (2018)”.
Reseña: En esta novela se narra la historia de Ara, una mujer que de forma inesperada tiene que enfrentarse a una ruptura matrimonial. El impacto la lleva a recluirse en su ático de soltera. Tras varios años de aislamiento, al salir de casa una mañana, la avería del ascensor la obliga a bajar andando todas las plantas del edificio. En cada planta se encuentra con una mujer que le cuenta su historia. Son mujeres muy distintas unas de otras, pero todas, por distintas razones, han perdido muchos días de su vida. Ya en la planta baja se encuentra con Daniel, el único vecino del edificio que también ha perdido muchos días inútilmente, y de forma espontánea los dos deciden no perder ni uno más. “Primer Premio Tiflos 2013”.
Para más información sobre los libros, hacer un comentario o simplemente saludarme, solo tienes que contactar conmigo a través de mi dirección de correo electrónico:
Garipil1995@gmail.com
Estaré encantado de responderte.
Gracias por tu visita y hasta el próximo número.
Firmado: Garipil.
viernes, 30 de enero de 2026
PORTADA
Queridos lectores: Acaba de salir el número 132 de 30 días, mi periódico, tu periódico, el periódico de cuantos quieran leerlo.
NOTA IMPORTANTE
A partir de esta fecha (30-Y-2026) y a sugerencia de algunos lectores se agregan dos entradas al periódico: El juego de las preguntas. Consiste en hacer una pregunta (relacionada con la cultura generalmente) que los lectores pueden responder. Las respuestas y el número y nombre (pueden ser seudónimos) de los acertantes se comunicarán en el número siguiente, y a final de año, la persona que más aciertos haya tenido, podrá figurar como seguidora de honor en la portada. Y El mirador de la poesía. Consiste en publicar poemas de poetas consagrados, desconocidos o aficionados, que se consideren, claro está, aceptables. Las respuestas a las preguntas para concursar y el envío de poemas para ser publicados solo se recibirán en el correo electrónico de Garipil que figura al final de su sección “Cosas de Garipil”.
LO MÁS DESTACADO DE ENERO
LA VITRINA: Autor del libro que hoy se presenta para invitarnos a la lectura: Óscar Soto Nicolás.
EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS: La solución a la pregunta y el número de respuestas se publicarán en el número siguiente.
MESA CAMILLA: Última entrada de enero en Salamanca RTV Al Día.
CAJÓN DE SASTRE: Historia de la mujer que inspiró la mítica canción de Carlos Cano.
EL ÁLBUM DE LA Lengua: Usos de delante y adelante.
LA BUTACA: Protagonizada por el dramaturgo y escritor don Pedro Muñoz-Seca.
EL MIRADOR DE LA POESÍA: Hoy estrena el mirador el poeta Gabriel y Galán.
CARTA a… María Corina Machado.
COSAS DE GARIPIL: IV relato del libro titulado Letanías.
Si has visitado cualquiera de las secciones, mil gracias; si las has visitado todas, un millón.
Volveremos a encontrarnos en el próximo número.
María Jesús Sánchez Oliva.
Seguidores de Honor:
Mónica Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 23-IV-2012.
Arturo Arias Terceiro. Nacionalidad: argentina. 12-VI-2012.
María del Mar Nuevo Vialás. Nacionalidad: española. 29-VI-2013.
Concepción Martín Martín (Conchi). Nacionalidad: española. 19-IV-2015.
Claudio Hernández Díaz (pintor). Nacionalidad: española. 30-VI-2020.
LA VITRINA
Queridos lectores: En este número soy yo el elegido para invitaros a leerme. Por si decidís aceptar mi invitación, me presento y os adelanto mi contenido.
Mi título: Rojo veneciano
Mi autor: Soto Colás, Óscar
Esto me han dicho que os diga de mí: Valladolid, 1620. Martin de Castro es un pintor de santos cuya esposa murió al dar a luz a su querida hija, Juana. La niña demuestra desde bien pequeña un talento auténtico por la pintura. Siendo ya una adolescente, ocurren dos sucesos que cambiarán su hasta entonces plácida vida: Martín es seducido por una intrigante mujer que acaba convirtiéndose en su madrastra y ella, a su vez, comienza una intensa relación con Francisco Peña, el mejor aprendiz de su padre. Así se inicia esta intensa, barroca y fascinante novela en la que su autor ha derrochado talento narrativo para recrear la vida de una mujer que tiene que desempeñar su arte en la clandestinidad, negándose así a aceptar un destino impuesto por otros. Una vida cargada de rebeldía y plena en experiencias que trae al presente el fascinante siglo XVII. Desde la Venecia de los dogos a la Roma de los papas, pasando por el Madrid de los Austrias y la severa Valladolid, Juana conocerá de primera mano el ambiente artístico de su época y a personajes históricos como el mismísimo Diego Velázquez o Felipe IV.
Firmado: Rojo veneciano
Si abres mis hojas, abriré tus ojos
EL JUEGO DE LAS PREGUNTAS
Pregunta de enero:
¿Qué color se conoce con el nombre de isabelino y por qué recibe este nombre?
María Jesús
MESA CAMILLA
Nota discordante
La nota discordante en la tragedia de los trenes en el pueblo cordobés de Adamuz la ha puesto quien más tiene que callar precisamente: Isabel Díaz Ayuso, porque llamarla señora con su mala educación, o presidenta con su penosa gestión en la Comunidad de Madrid, está fuera de lugar. Ella, solo ella, que yo sepa y he seguido los hechos al detalle como la mayoría de los españoles, es la única que no se ha molestado en dar las gracias a los vecinos, a los que acudieron con remedios sin que nadie los llamara, a las fuerzas de seguridad, a los bomberos, al personal sanitario, a los medios de comunicación, a los miembros del Gobierno, a los de la Junta de Andalucía incluso y a todos los que lo dejaron todo para ayudar a las víctimas; ella, solo ella, es la que no se ha dignado en mandar un mensaje de pésame a las familias afectadas; ella, solo ella, es la que no se ha interesado por los heridos; ella, solo ella y los cuatro descerebrados que nunca faltan, son los que ven conductas conspiranoicas en los accidentes de trenes. Sí, ella, la que se ha olvidado por completo de los casi trescientos muertos en la DANA de Valencia, la que no recuerda la peor que mala gestión de su partido, la que defendió a capa y espada a su colega, la que acusó de la tragedia al Gobierno y no se cansó de pedir la cabeza del presidente por inútil, la que fue incapaz, y sigue siendo, de intervenir para que su jefe nos diga de una vez qué hacía aquella tarde el tal Mazón tantas horas en el ventorro de marras y en qué condiciones salió de él aunque ya solo sirva para evitar conjeturas poco loables, y la que si mal no recuerdo, ni siquiera asistió al funeral de Estado, ahora, además de exigir al Gobierno explicaciones de todo tipo y con urgencia se pone en contra de que el funeral de Estado tenga lugar en Huelva por ser la provincia que más muertos ha tenido y para restar protagonismo, para presumir de cargo, para lucirse, ha decidido hacer otro funeral en Madrid el mismo día. Si Feijóo, que se supone asistirá al funeral, aprovechara la misa para reflexionar, la mandaría a su casa en cuanto recibiera la bendición, porque si él no acaba con ella, será ella la que acabe con él. Y su sueño de ser presidente se quedará en un sueño.
26-I-2026
María Jesús
CAJÓN DE SASTRE
Tras los pasos de María la Portuguesa, la mujer que inspiró la mítica canción de Carlos Cano
EL PAÍS - domingo, 25 de mayo de 2025.
Amaranta Cano, hija del cantautor granadino, protagoniza un documental que recrea los trágicos sucesos que le llevaron a componer su tema más versionado.
Quizás la única forma de escudriñar el alma del cantautor Carlos Cano (Granada, 1946-2000) sea a través de sus canciones. El renovador del folclore, cantor de coplas y juglar comprometido, se hizo presente en cada una de sus melodías. Una de ellas, María la Portuguesa, que hermana fado y pasodoble, es una herida por donde respira el dolor del pueblo pesquero andaluz que mantendrá para siempre viva la memoria de este poeta fundamental de la Transición y la Autonomía de Andalucía.
Es una canción que ha rebasado límites, ha cruzado fronteras y ha trascendido al propio creador. Con una voz tenue, transida por la melancolía, una de las hijas del artista, Amaranta Cano, reconoce en este icono musical “la verdadera dimensión” de una obra de arte cuando corta el cordón umbilical con su autor y pasa a pertenecer “al pueblo”.
María la Portuguesa es ahora también el título de una película documental firmada por el cineasta Eduardo Montero, con guion de Ángel del Río, que sirve a Amaranta Cano para el reencuentro con su padre. “La dimensión de mi padre a nivel popular la conozco realmente cuando fallece. El Carlos Cano artista nos tenía al margen, separado del Carlos Cano familiar. El que yo conozco es el padre que está en casa, que es cariñoso, es tímido. Recuerdo estar en mi habitación estudiando y escuchar de fondo la guitarra y los susurros de mi padre mientras estaba componiendo. Fue mi banda sonora cuando estudiaba”, rememora la hija del músico en el documental.
No soporto que esté muerto y que su legado esté muerto, insiste Amaranta Cano al inicio del metraje. Y en este empeño por mantenerlo vivo, en la memoria y en la historia musical de este país, la hija se enrola en un viaje para encontrarse con el padre, con María la Portuguesa como médium. La filmación de una expedición que sirve también para reconstruir los hechos algunos imaginados, la mayoría reales en los que Carlos Cano se inspiró para escribir este clásico.
María la Portuguesa la firma Carlos Cano en 1987 y pertenece a su álbum Quédate con la copla. Ha sido versionada por multitud de artistas, fundamentalmente voces femeninas, como la gran fadista Amália Rodrigues, María Dolores Pradera, Pasión Vega, Las Migas, Rozalén y Martirio, estas dos últimas presentes en el documental.
Es una hibridación de fado, morna caboverdiana, copla y pasodoble. ¿Pero qué se narra exactamente en María la Portuguesa?
“La canción dice en un momento ‘y un disparo sonó’. Ahí me doy cuenta de que Carlos Cano siempre canta historias, historias que además han sucedido. Y es cuando me pregunto ¿de qué habla María la Portuguesa?”. Se lo formula ante Amaranta Cano el periodista David López Frías, que durante tres años ha investigado la conexión entre la canción y los hechos reales ocurridos en la frontera entre Ayamonte y Vila Real do Santo António, en el Algarve portugués, la noche de Reyes de 1985.
Un guardinha portugués (policía fronteriza) mató a Juan Flores, un mariscador español, en plena desembocadura del río Guadiana, sospechando de pesca ilegal y contrabando en el país vecino: una mujer desconocida para la familia, María, veló el cadáver toda la noche, acompañó al féretro en el cementerio hasta la tumba y desapareció. Al conocer los hechos, Carlos Cano fabuló una historia de amor.
La mujer real, sin embargo, “ni se llamaba María ni era portuguesa”, explica el periodista. Las crónicas de la época, recogidas en hojas de periódico teñidas de sepia que custodia Loli Flores, la hija del pescador fallecido, nos hablan de un suceso que casi provoca una grave crisis diplomática entre España y Portugal y por el que el pueblo entero de Ayamonte salió a la calle para pedir justicia. Tras los juicios celebrados en Vila Real de Santo Antonio, el guardinha José Antonio Nunes fue condenado por imprudencia temeraria. Juan Flores dejó viuda y dos hijas, y su familia solo consiguió 200.000 pesetas de indemnización.
Página de 'El correo de Andalucía' del 7 de enero de 1985 en la que se recoge la historia de Flores.
De la enigmática mujer, sin embargo, nada dijeron los periódicos. Amaranta Cano visita Ayamonte y acude a los mayores del lugar, acostumbrados a velar viejos secretos y a mirar hacia otro lado ante las preguntas de los forasteros. Es al cruzar la frontera a Vila Real do Santo António donde la hija de Carlos Cano va desenmascarando a una mujer que, según relatan los vecinos portugueses, “no dejaba indiferente a nadie”.
“Por donde pasaba dejaba un rayo de alegría, un rastro de luz”. “Era española, pero pasó a ser nuestra”, recuerdan en la zona lusa a esta mujer nacida en 1926 en el lado español de la frontera como María, pero rebautizada en Portugal con el nombre de Aurora. “Una persona que no pasaba desapercibida”, “una figura que imponía”, “con sus labios rojos, su colorido vital”… “Despertaba odio entre las mujeres casadas, porque ella se iba con los hombres”, reconoce incluso una de las trabajadoras del geriátrico donde Aurora pasó el final de sus días, aquejada de alzhéimer.
Sin embargo, detrás de esta leyenda de mujer fatal, Aurora fue, y ahí sí ha encontrado Amaranta Cano el consenso, una mujer que “comprendía las necesidades de la gente, sus dificultades financieras, ayudaba a las personas, por eso era tan conocida; le pedía trabajo a los patrones de los barcos para los pescadores más necesitados”, explica en portugués una amiga de la protagonista de la canción, que asevera: “Lo que tuvo con Juan Flores no fue un romance, fue solidaridad, por las circunstancias en las que murió, la injusticia, por ver el dolor de una familia española en la frontera”.
El documental no desvela si esta mujer pudo ver reconocida su historia en la canción de Carlos Cano, tan conocida en el país vecino por el homenaje que el artista andaluz realiza en ella al fado. “Es un género musical que fascinó profundamente a mi padre, tanto como su autora más emblemática, Amália Rodrigues, señala Amaranta.
“Amália Rodrígues y Carlos Cano conforman la historia de la unión ibérica”, llega a decir la fadista Teresa Salgueiro, reunida en este documental junto a otros artistas como Martirio, Rozalén, Antonio Chainho y Raúl Rodríguez. Para este último, la grandeza de María la Portuguesa resume no solo una inspiración, sino el reencuentro de una hija con su padre como símbolo de pervivencia de un legado: “María tiene esa cosa de las grandes obras de arte de convertir una historia muy local en un hecho universal, trasplantable a tantos países que tienen relación con las fronteras, donde la gente se quiere más allá de los límites administrativos, se salta los puentes y se aman sin pasaporte”.
EL ÁLBUM DE LA LENGUA
Usos de delante y adelante
Ante la vacilación a la hora de emplear los adverbios delante y adelante, se ofrecen algunas indicaciones sobre su uso.
1. Caminamos adelante y caminamos delante
Con verbos de movimiento se suele usar adelante, pues ya su etimología aporta ese sentido: «No es posible ir adelante» o «El público dio un paso adelante». Con el objetivo de reforzar esa idea de movimiento, el adverbio puede llevar las preposiciones hacia o para: «Muévete un poco para adelante». Si se usan estas preposiciones, también se puede usar delante: «Muévete un poco para adelante», «Anduvo hacia delante».
No obstante, también es posible que estos verbos se construyan con el adverbio delante. En ese caso no se expresa dirección o movimiento, sino ubicación. Por ejemplo, en Caminamos adelante se alude a la dirección del movimiento que realizan las personas, mientras que en un enunciado como Caminan delante esas personas están situadas delante (y otras detrás).
2. Estoy delante del parque y Estoy adelante del parque
Cuando se quiere expresar situación o ubicación, pueden emplearse ambos indistintamente: «Nos reuniremos delante de la finca», «El coche de adelante va muy lento», «¿Estaba adelante de nosotros?» o «Me senté delante». Con este uso solo adelante admite sin problemas la
cuantificación con expresiones como más, bastante, demasiado, muy, etc., pero delante las rechaza. Así, es adecuado decir «La tienda estaba más adelante», pero no «La tienda estaba muy delante».
Según la segunda edición del Diccionario panhispánico de dudas, tanto delante como adelante pueden llevar un complemento con la preposición de, pero no se documentan estas opciones de la misma manera en todas las zonas en las que se habla español. En Hispanoamérica es mucho más frec uente adelante de, mientras que en España se pref iere delante de.
Recomendación de la Fundéum
LA BUTACA
:Anécdota
Don Pedro Muñoz-Seca vivía desde sus tiempos de estudiante en una casa de Madrid donde atendía la portería un encantador matrimonio al que profesaba auténtico afecto. Falleció la mujer, y a los pocos días, más de pena que de enfermedad pues era un matrimonio profundamente enamorado, el marido.
El hijo de los porteros se dirigió a don Pedro muy afectado tras la muerte de su padre y le pidió que redactara un epitafio para honrar su memoria. Del corazón de
Muñoz-Seca surgieron estos versos:
Fue tan grande su bondad,
tal su generosidad
y la virtud de los dos,
que están, con seguridad,
en el cielo junto a Dios.
Corría mil novecientos veinte y tantos, y en aquella época, era preceptivo que la Curia diocesana aprobara el texto de los epitafios que habían de adornar los enterramientos. Así que don Pedro recibió una carta del Obispado de Madrid reconviniéndole a modificar el verso, puesto que nadie, ni siquiera el propio Obispo de la diócesis o el Santo Padre, incluso, podía afirmar de un modo tan categórico que unos fieles hubieran ascendido al cielo sin más.
Don Pedro rehizo el verso y lo remitió a la Curia del modo siguiente:
Fueron muy juntos los dos,
el uno del otro en pos,
donde va siempre el que muere,
pero no están junto a Dios
porque el Obispo no quiere.
Nueva carta de la Curia
El Obispo, tras recriminar al autor lo que cree, con toda la razón del mundo, una burla y un choteo de Muñoz-Seca, le exige una rectificación ya que no es el Obispo el que no quiere, pues ni siquiera es voluntad de Dios, que no decide nuestro futuro, sino que es nuestro libre albedrío el que nos lleva al cielo o no.
Así que don Pedro remata la faena escribiendo un verso que jamás se colocó
en enterramiento alguno porque la Curia jamás le contestó:
Vagando sus almas van
por el éter, débilmente,
Sin saber qué es lo que harán
porque, desgraciadamente,
Ni Dios sabe dónde están.
Enviada desde su sección en 30 días por Garipil.
EL MIRADOR DE LA POESÍA
Hoy estrena el mirador el poeta salmantino José María Gabriel y Galán (1870-1905) con uno de sus poemas.
La espigadora
¿Vas a espigar, Isabel?
¡Cuánto siento, criatura,
que bese el sol esa piel
que tiene jugo y frescura
de pétalos de clavel!
Sé que espigar necesitas,
porque, aunque al sol te marchitas,
no es bueno que huelgue y duerma
quien tiene cuatro hermanitas
y tiene a su madre enferma.
Mas díganme humanos ojos
si te hizo Naturaleza
para que en estos rastrojos,
hieran tus pies los abrojos
y abrase el sol tu cabeza.
Entre pintados cristales
de alcázares ideales
hay cien reinas poderosas...
¡Para las más bellas cosas
no tiene el mundo fanales!
Isabel: no puedo amar;
no puedo abrirte la puerta
de mi pecho y de mi hogar,
porque a otra Isabel, ya muerta,
se los juré consagrar.
Y eres tan bella, Isabel,
que tengo duda cruel
de si serás sombra bella
de aquella eclipsada estrella
que viene a ver si soy fiel.
Lo digo por tus miradas,
que parecen oleadas
del piélago de la gloria
y no pobres llamaradas
de bella mortal escoria;
lo digo porque me suena
tu voz a salmo cristiano:
lo digo porque eres buena,
porque eres casta y serena
como noche de verano.
¡Isabel: no puedo amar!
Dios sabe que si pudiera
partir contigo mi hogar
ahora mismo te dijera:
-No vayas, niña, a espigar,
que cerca de ese desierto
tengo una casa y un huerto
que entolda un viejo parral
donde estarás a cubierto
del beso de mi rival,
y si espigar necesitas...,
¡descanse mi reina y duerma!,
que está en mis trojes benditas
el pan de tus hermanitas
y el pan de tu madre enferma.
Mas ni estas puras y sanas
consolaciones cristianas
puedo pedir al amor...,
¡dijeran lenguas villanas
que andaba en ello tu honor!
Vete a espigar, moza mía,
que si el mundo fuese honrado,
como tu honor merecía,
contigo a espigar iría
quien sabe lo que es sagrado;
contigo se fuera, hermosa,
por el desierto ardoroso,
quien tiene por cierta cosa
que nadie mancha una rosa
si no es un reptil baboso.
En el rincón de ese ardiente
desierto que el sol calcina
tengo yo un prado riente
con una pomposa encina
y una purísima fuente;
y bajo el palio frondoso
que apaga el fuego del cielo,
yo te dejara gozoso
oyendo el decir copioso
del agua del regatuelo,
y yo, afrontando fatigas
bajo ese cielo que arde,
diera envidia a las hormigas
para llevarte a la tarde
rubias manadas de espigas.
¡No puedo, sol de mis ojos!
Tendrás que ir sola, Isabel,
para que en esos rastrojos
hieran tus pies los abrojos
y el sol mancille tu piel.
Tendré que verte a la vuelta,
cuando a tu pobre hogar vayas,
la trenza del jubón suelta,
rotas las pulidas sayas,
la cabellera revuelta,
con polvo y sudor pegado
sobre las sienes el pelo
y hundido el seno abultado,
y el alto dorso encorvado,
y el casto mirar al suelo.
Y fuerza será que vea
cómo el sol de los rastrojos
tu piel de rosa broncea
y cómo escalda y orea
tus húmedos labios rojos.
Mas vete sola, Isabel,
que, aunque me cause dolor
que el sol mancille tu piel,
es más injusto y crüel
que el mundo empañe tu honor.
Mejor que un decir artero
mil veces llorar prefiero
bellezas que el sol se lleve...
¡Virgen de bronce te quiero
mejor que Venus de nieve!
Poesía es sentir hondo, pensar derecho y hablar cantando.
CARTA A...
20-I-2026
María Corina Machado:
Los premios Nobel, dice Noruega con mucho sentido común, no se pueden regalar: son personales e intransferibles. El Nobel de la Paz de 2025 lo solicitó para sí mismo Donald Trump. Hasta ahí llega su osadía. Gracias a su pasión por las guerras, a su negra conciencia, a su falta de escrúpulos, a su odio mortal a los migrantes, a los negros, a todos los que no le aplaudan sus barbaridades… y al buen criterio de la organización se lo denegaron o no le hicieron ni repajolero caso que viene a ser lo mismo. Sin embargo usted fue propuesta para el galardón por su constante oposición al chavismo, por su defensa de la democracia, de los derechos humanos y de la libertad de expresión, y aunque le costó Dios y ayuda salir de su escondite para ir a recoger el premio, consiguió llegar a Oslo vivita y coleando afortunadamente. Esto era lo esperado y así fue. Pero ahora, cuando el perseguido por Trump es Nicolás Maduro y lo tiene entre rejas y a miles de kilómetros, usted, en lugar de pedirle ayuda para que se convoquen elecciones limpias inmediatamente y se respeten los resultados, le regala su nobel como quien regala una caja de bombones para ganarse su simpatía. ¿No será que ya, más que defender la libertad del pueblo venezolano, le interesa defender la suya? Esperemos que el tiempo nos diga que hay que pedirle perdón por esta sospecha.
María Jesús.
COSAS DE GARIPIL
¡Hola!: Desconecta el televisor, deja el móvil donde ni lo veas ni lo oigas, siéntate en tu sillón favorito, cierra los ojos y permíteme que te lea el cuarto relato de Letanías en lo que el sueño te manda a la cama para recuperar las fuerzas perdidas durante el día.
Cuando suene la flauta
Una cortina de niebla envolvía la ciudad aquella mañana de enero. Por una de las avenidas principales, entre yen¬tes madrugadores y vinientes trasnochadores, Henar caminaba despacio, como dudando entre seguir adelante o volverse atrás. Las calles le parecían el doble de anchas, se le antojaba que las plazas habían cambiado de sitio, ni siquiera los nombres de las tiendas le resultaban familiares. De vez en cuando, el bombardeo de frases de parientes y amigos explotando entre sus sienes, la invitaba a acelerar el paso. "Ánimo, Henar, ánimo, que todo volverá a ser como antes", le decían los más optimistas. "Ánimo, Henar, ánimo, que el prestigio no se pierde como la belleza", le decían los más idealistas. "Ánimo, Henar, ánimo, que lo importante es poder con¬tarlo", le decían los más realistas. Pero el ánimo
—decía ella— no se compraba en los bazares de «todo a veinte duros".
—Buenos días, doña Henar, ¿cómo está usted? —le preguntó la portera en cuanto puso los pies en la amplia alfombra del portal.
—Bien, ya estoy bien. —respondió ella e inclinó la cabeza para que aquel par de ojos no lograra ver lo que tan descaradamente pretendía.
Llamó el ascensor y entró de espaldas para no verse reflejada en el espejo. Estaba segura de que aquel rectángulo azogado que tantas veces la había rociado de elogios, de halagos, a la sazón la empaparía sin piedad, sin recato, de insultos. Abrió la puerta número ocho de la cuarta planta muy feliz por no haberse tropezado con ningún vecino en el rellano; ella, que siempre había tenido los saludos en oferta, —decían que daba tres por uno—, ahora los vendía a precio de oro, y cuando los vendía. Entró por fin en el despacho. Cinco lustros había pasado entre aquellas paredes repletas de títulos universitarios, de fotografías de ilustres juristas, de sentencias famosas... y sin embargo aquella mañana todo se le figuraba tristemente novedoso. Desconectó el contestador automático. "El bufete de la le¬trada doña Henar L. Suviña permanecerá cerrado por tiempo indefinido", había estado repitiendo como un loro aquel maldito cacharro durante dieciocho meses, año y medio, toda una eternidad para quien estaba acostumbrada a que los días se le escaparan como el agua de las manos. Se sentó ante la regia mesa que estrenara su abuelo y heredara de su padre. Encendió un cigarro y al separárselo de los labios se rozó los dientes con la uña del pulgar. Sonrió con amargura. En dientes, lo que era en dientes, sí que había ganado. Una sarta de perlas nacaradas sustituía a aquella hilera de dientes, anchos los frontales, estrechos los laterales, amarillos todos por el efecto del tabaco y la rebeldía a los artilugios del dentista, pero ¿para qué diablos se había gastado tanto dinero en aquellas perlas si ni siquiera tenía valor para sonreír a los demás cara a cara?
—La primera clienta, doña Henar, —le anunció su se-cretaria sin mirarla a la cara.
—Hágala pasar, Dorita, —dijo ella con una sonrisa de gratitud por la delicadeza.
Y un instante después, Nati tomaba asiento frente a ella. Era una mujer de aspecto sencillo. Antes de hablar cruzaro
una mirada. En la de Henar zigzagueó una ráfaga de envidia sana; en la de Nati, un suspiro de lástima y otro de extrañeza.
—No sé si mis posibles me permitirán contratar sus servicios. —dijo Nati algo nerviosa, como sin costumbre de hablar con abogados— Trabajo a temporadas en una empresa de limpieza y mi marido le cuida el jardín a las monjitas de una residencia de ancianos. Pero el lunes tenemos un juicio y dice el procurador que debemos llevar un abogado.
—No se preocupe, señora, todavía no he arruinado a ningún cliente. Problemas con algún hijo, ¿verdad?
—¡No, por Dios, nada de eso! Tengo dos y el único disgusto que me han dado es que no han querido estudiar. Pero son tan trabajadores, tan formales, que no me puedo quejar. Se trata de un accidente, de un accidente de tráfico.
"Un accidente, un accidente de tráfico...", repitió Henar para sí. Aquella negra mariposa que tantas veces había revoloteado sobre su mesa ahora tenía para ella un zumbido distinto.
—¿Y qué... y qué pasó?
—Nada, señora, nada para lo que pudo pasar. Aquel día volvimos a nacer mi marido y yo. Verá usted. Fue el primer sábado de junio, en junio hizo un año. Íbamos al aeropuerto, a recoger a mi hija y a su marido que regresaban de Canarias, donde habían pasado su luna de miel. Yo iba medio dormida. Mi marido conducía sin rebasar la velocidad autorizada, sin pretender adelantar a nadie, guar¬dando las distancias debidas, pero en carretera no basta con que uno sea prudente, también han de serlo los demás, y aquel día nosotros dimos con un loco. Intentó adelantarnos en la curva de la Muerte, y por esquivarlo, nos salimos de la carretera. Dimos no sé cuántas vueltas de campana y las consecuencias fueron horribles: él se partió
las piernas y los brazos y la memoria se le quedó al sereno todo el fin de semana; yo tuve en el cuerpo todo un cónclave de cardenales y los cristales me dejaron la cara hecha un cristo, así, como la...
Los atónitos ojos de doña Henar frenaron a Nati: el mismo día, en el mismo lugar y por las mismas razones, ella había sufrido un accidente de las mismas características, pero con peores consecuencias.
—El coche nos quedó hecho migas, para la chatarra,
—prosiguió Nati al ver que doña Henar, llamada por su brusco silencio, salía sobresaltada de sus pensamientos, ¬y ya ve usted, todavía nos faltaban tres letras que pagar, y lo que reclamamos es que el seguro del culpable nos indemnice, pues...
Doña Henar la oía sin escucharla. Conocía todos los pasos: los dados y los por dar. Por su experiencia hasta habría podido adelantarle el veredicto del juez. Pero lo que ignoraba, lo que le intrigaba, lo que no entendía era qué ángel había extraído de su cara las garras de aquellos cristales sin dejar ni el más leve rastro de ellas. Y más como mujer que como letrada, sin mañas para disfrazar su interés, su rabia y su ansiedad, le cortó el hilo del discurso con la tijera de sus preguntas:
—¿Y en qué hospital la atendieron? ¿Qué doctor la operó? Porque supongo que sería aquí, ¿verdad?
Antes de cambiarle la hebra a la aguja de su sermón, Nati se puso en pie y la miró de hito en hito. Tres ramos de cicatrices, deshechos como al descuido sobre su frente y sus mejillas, desfiguraban aquel rostro que, a juzgar por sus grandes ojos, por su pequeña boca, por su bien perfilada nariz, por su brillante mata de pelo y por las facciones que se pronunciaban entre los "tallos", había sido agraciado, bello, incluso. Pero ahora era feo, muy feo, tan feo que en los mayores despertaba un involuntario repeluzno, y en los menores, porque los cortos de edad son
a veces largos de crueldad, la risa. Y casi con vergüenza de ser más guapa que ella, devanó el carrete de sus recuerdos, enhebró de nuevo la aguja del sermón, y temerosa de herirla con las puntadas de su buena suerte, le cosió la historia:
—Ese ángel, señora, se llama casualidad. Sí, ya verá. El primero en pasar por el lugar del accidente fue el señor gobernador, ni más ni menos. Iba en el coche oficial, con su chófer, con su escolta, y en persona nos llevó al hospital de Tres Nardos. El director lo tomó por un asunto suyo y aquello fue el no va más: el quirófano libre en un instante, el instrumental automáticamente listo, el personal entre¬gadísimo... y si a mi marido le escayolaron las piernas y los brazos como quien trenza los cabellos de Dios, a mí me bordaron la cara como si del manto de la Virgen se tratara. Hasta mi madre se mata diciendo que ni con veinte años fui tan guapa. Y yo, señora, sólo le pido a San Cristóbal que si alguna vez vuelvo a tener un accidente, me auxilie un gobernador, pues hasta los tontos saben que si me toman por lo que soy: una limpiadora, hija de un panadero y esposa de un jardinero, a estas horas tengo la cara como la...
Doña Henar se puso en pie como sacudida por el látigo de un penoso recuerdo. Era cierto el diagnóstico de su amigo, el experto doctor Cifuentes. "Te han hecho una operación propia del siglo XV. Y por duro que te resulte, no gastes ni más tiempo ni más dinero, hoy por hoy nadie puede deshacer estos entuertos". Y esbozando una difícil sonrisa, un extraño abrir y cerrar de boca para que sus dientes de perlas nacaradas restaran lástima y sumaran admiración en los ojos que tenía enfrente, despidió a su clienta.
—Vaya tranquila, señora, vaya tranquila que el lunes estaré en la sala de juicios a la hora en punto, y aunque ustedes sean unos simples obreros, defenderé sus intereses, sus derechos, como si fueran los del mismísimo gobernador. —recalcó con sorna, como riéndose de su propia teoría.
—Muchas gracias, señora, muchas gracias. —musitó Nati, ajena por completo a la intención de sus palabras— Así debería ser siempre y no sólo cuando por casualidad suene la flauta. Al fin y al cabo, como decía mi abuelo: "Entre ocho pobres hacemos un rico". Y es de justicia que tengan en cuenta tantos sacrificios.
En cuanto Nati salió, doña Henar, deshecha en sollozos, se desplomó en el sillón. "¡Dios mío!, ¿cómo es posible que a mi clienta le hayan hecho en la cara un trabajo de hadas, y a mí, con las mismas heridas, en el mismo hospital y operada por los mismos doctores, me hayan transformado en un monstruo para toda la vida?.." se preguntó desesperada, vencida por la impotencia.
—Un hombre quiere verla, doña Henar, —volvió a anunciar su secretaria fingiendo no ver sus lágrimas.
—Hágalo pasar, Dorita, hágalo pasar, —pidió ella mientras intentaba recomponerse los ojos con la punta de un pañuelo.
Y el visitante, después de quitarse la gorra a guisa de saludo, dio unos pasos de puntillas, como con miedo de dañar el parqué, y se sentó frente a ella. Era un hombre rústico, vestía ropas tan nuevas como anticuadas, iba recién afeitado, limpio incluso, pero olía a encinas, a animales, a humo: a pueblo.
—Usted a mí no me conoce, pero yo a usted sí. —dijo soltando sobre la mesa una bolsita de terciopelo azul que extrajo del bolsillo interior de su pelliza.
—Viene de parte de Cleto, ¿verdad? Y ha metido en plei-tos a un vecino. —dijo ella intentando sonreírle, segura de que se trataba de un recomendado del administrador de la finca de su padre— Disputas por una vaca, enfrentamientos por el riego del maíz... litigios verdes, que llamamos los abogados.
—No, señora. —aclaró él— En Cerezal, mi pueblo, no hay ningún Cleto. El único que había se fue al extranjero
siendo yo un zagal. Y le juro que yo no tengo cuajar "pa" meter en líos a nadie, fue un vecino quien me metió a mí el día de marras: el del accidente.
—¿De qué accidente?
—Del suyo, del suyo y del de "la" su amiga, porque era amiga la chica que conducía, ¿verdad?
—Sí… sí... era una amiga, pero... no lo entiendo.
—¡Toma! Ni yo, ni nadie lo entiende, pero ya ve, hay gente de "mu" mala prosapia, y "el" mi vecino es de esa ralea. ¡Fíjese! "Pa" llevarlas al hospital tuve que dejar el rebaño a la custodia del perro, y ya sabe: los animales, como las personas, no siempre se respetan entre sí. Y las ovejas, en cuanto se vieron solas, se metieron en "el" su "prao" y se lo dejaron sin pasto "pa" "to" el verano. Yo quise arreglarlo por las "güenas", con un trago de vino y cuatro palabras, como los hombres tienen que arreglar las cosas, pues si en los pleitos pierde el que gana, dígame usted qué va a ganar el que pierde... Pero el "mu" canalla se subió a la parra, me pidió el oro y el moro, y tuve que dejarlo que me metiera en juicios. "Seguro que el juez no te castiga a pagar tanto", dijo "la" mi mujer, y cuando "la" Toña dice algo... "Pal" martes nos ha "citao", pero no pienso presentarme, hasta el cura me ha dicho que él tiene todas las de ganar, y aunque sea echarme la tierra encima, pre¬fiero ahorrarme lo del "abogao".
—Entonces... —balbuceó ella después de varios intentos por meter baza— ¿fue usted quien nos auxilió?
—Sí, señora, fui yo. Todavía me bailan las piernas cuando me acuerdo. Me había "quedao" traspuesto al pie de una encina y el perro me despertó a mordiscos. Cuando llegué a la curva me quedé como la cal, sobre todo cuando le vi la cara a usted, parecía el revés de un trillo. La cabeza me decía que llamara a una ambulancia, pero el corazón me aseguraba que la muerte era más rápida. Y como Dios me dio a entender, las metí en "la" mi Cirila, —así llaman
en el pueblo al cacho furgoneta que tengo—, las tapé con "la" mi zamarra, —"pa" que las heridas no se les llenaran de paja—, abrí las ventanillas, —"pa" que no se asfixiaran con el olor a pienso—, saqué un pañuelo más negro que blanco y a cien por hora me las llevé al hospital. No sé cómo no acabé de matarlas...
—¡Dios mío!, ¿cómo puedo pagarle todo lo que hizo?
—De ninguna forma, señora, estas cosas ni se pagan ni se deben. Ayer por usted, mañana por mí. Y la única es¬pina que tengo es que el director del hospital no es de mi parecer.
—¿Por qué dice eso?
—Porque al verme en la Cirila y con aquellas trazas adivinó que era un simple pastor y todo fueron pegas: el operatorio "ocupao", la herramienta sin preparar, los médicos "tos" atendiendo a no sé qué matrimonio que había "llevao" un pez gordo... y si a "la" su amiga le entablillaron las piernas y los brazos a matacaballo, a usted le sacaron los cristales de la cara como quien saca pipas de un girasol. Y "pa" eso digo yo que no hace falta ni llevar corbata ni hacer carrera. Pero no se ponga triste, señora, lo importante es vivir, vivir como sea. Y yo no venía a ha¬cerla llorar, venía a traerle un recuerdo, un recuerdo tris¬te, pero un recuerdo. ¡Téngalo!
Doña Henar recogió perpleja la bolsita de terciopelo azul que el pastor le ofrecía, deshizo el nudo del cordón que la cerraba y volcó su contenido sobre la mesa. Era un diente ancho, amarillo… suyo, que maravillosamente en¬garzado pendía de una cadena de oro.
—Se le cayó en "la" mi Cirila, —comentó el pastor—, ¬y seguro de que le haría falta, le dije un día a "la" Toña: "Se lo voy a llevar, “pa” que se lo ponga el “dientista”, pues es una lástima que siendo tan joven ya esté “mellá”". Ella me dijo que a esto no llegaban los adelantos, que me acordara de su padre, que perdió una pierna en la guerra, y cojo se fue al otro barrio, que me dejara de hacer el bobo y que lo enterrara de una vez. Fui al camposanto y escarbé en la tierra, pero me dio cosa dejarlo allí, sin una misa, sin ataúd... Me parecía un sacrilegio enterrar un cacho de usted estando viva todavía, un crimen que la dejaría "pa" siempre con el cuerpo a medias. Y "pa" quitarme la zozobra acordamos venir a un joyero de la ciudad antes de que nos desplumara el juez y él nos hizo este colgante, "pa" que pueda llevarlo al cuello, ya que en su sitio no "pue" ser. ¿Qué le parece?
—Que esto no es un diente, ni siquiera un colgante; es un mimo, una sonrisa, un pedazo de corazón... —reci¬tó ella mientras se colgaba la cadena al cuello— Y vaya tranquilo, y en mi nombre tranquilice a su mujer, el martes seré yo quien me presente en la sala de juicios para de¬fender sus derechos como si fueran míos, y poco valgo, o le aseguro que ese cantamañanas de Cerezal tendrá que indemnizarlo por intransigente, por insolidario, por amedrentarlo...
—afirmó muy dolida, convencida ya de que Nati tenía razón.
—Muchas gracias, señora, muchas gracias. —musitó el pastor, ajeno por completo a su indignación— Así debería ser siempre y no sólo cuando por casualidad suene la flauta. Al fin y al cabo, como decía mi abuelo: "Entre ocho pobres hacemos un rico". Y es de justicia que tengan en cuenta tantos sacrificios.
En cuanto salió el visitante, doña Henar llamó a su secretaria.
—Dorita, por favor, redacte una denuncia.
La joven se sentó ante la máquina de escribir.
—¿Quién es el demandante?
—Henar María López Suviña.
—¿Y el demandado?
—El director del hospital de Tres Nardos.
—¿De... de qué lo acusa?
—De tratar a los pacientes que ingresan en el hospital según el estatus social de quien los lleva. —explicó doña Henar en pie, con los ojos entornados, dejando caer sus palabras sin esfuerzo, sin rebeldía... como pétalos que se desprenden de una rosa ya muerta.
—Pero... ¡señora!, —se atrevió a comentar Dorita sin retirar los dedos del teclado—, esto podrían denunciarlo sus clientes de esta mañana. Por sus pintas salta a la vista que no tienen donde caerse muertos, y a buen seguro que siempre les dan con la puerta en las narices, pero a usted, la mejor letrada de la comarca, nieta del mejor catedráti¬co del país, heredera de la mejor finca de la provincia... o ignoran quien es, o todo le son puertas abiertas.
—Usted lo ha dicho, Dorita, a veces las apariencias engañan y por socorrerme ese pastor el día del accidente me tomaron por una campesina y me dejaron cara de bruja; sin embargo, a mi clienta, se la dejaron de muñeca porque al auxiliarla el gobernador la tomaron por una mi¬nistra. Pero si nos hubieran reconocido, si a cada cual nos hubieran tratado por lo que éramos, tampoco habría sido justo. Y de hoy en adelante lucharé por evitar estos atropellos, al nacer, ni Nati era una limpiadora ni un pastor el señor de Cerezal, ni usted mi secretaria, ni yo la letrada L. Suviña... Éramos simplemente personas, y como personas debemos tratar y ser tratados, pues, en un momen¬to dado, los ricos podemos parecer pobres y los pobres ricos.
—Tiene razón, señora, tiene razón. —añadió Dorita con evidente ademán de ultimar la denuncia— Así debería ser siempre y no sólo cuando por casualidad suene la flauta.
—Al fin y al cabo —remató doña Henar— como pensaban los abuelos de mis clientes: "Entre ocho pobres hacen un rico". Y es de justicia que tengamos en cuenta tantos sacrificios.
Los flecos de la cortina de niebla que envolvía la ciudad destilaban una lluvia menuda aquel mediodía de enero. Doña Henar, camino del juzgado, abrió el paraguas, era un alivio poder ocultar la cara bajo aquel palco tur¬quesa que servía de cielo a una bandada de mariposas multicolores; pero... ¿qué haría en los días de primavera cuando el sol se empeñara en llenarla de caricias de luz al salir a la calle? "Quedarte en casa", parecían responderle los patos del lago del parque con su infatigable "¡cua, cua, cua!" ¿Qué haría cuando de pie ante los jueces les tuviera que mirar a los ojos para convencerlos con la mirada a la vez que con la palabra? "Poner a otro letrado en tu sitio", parecía responderle un perro vagabundo que empezó a se¬guirla con su implorante "¡Ua, ua, ua!" ¿Qué haría cuando en el juzgado se abriera la ventanilla y tuviera que entre¬gar la denuncia al funcionario de turno? "Hacerte la despistada y entrar sin cerrar el paraguas", parecían aconsejarle las personas que entraban y salían del juzgado con sus indiscretas miradas, con sus mal disimulados cuchi¬cheos, con sus impertinentes gestos de espanto, de asombro, de lástima... Pero aquello era duro, muy duro, de¬masiado duro para quien estaba acostumbrada a salir mucho y a litigarlo todo por sí sola y cara a cara. Muerta de angustia se llevó al pecho la mano que tenía libre y sus dedos rozaron el diente que llevaba al cuello. "Pero no se ponga triste, señora, lo importante es vivir, vivir como sea", volvió a decirle su ángel de la tierra a través de aquel pedazo de corazón. Y como guiada por el resplandor de una luz nueva cerró el paraguas, alzó la cabeza, aceleró el paso y subió la escalera. Guapa o fea estaba viva, se¬guía siendo doña Henar L. Suviña. Y quién sabía si algún día, con el paso de los años, sonaba para ella la maravillosa flauta de la ciencia anunciándole la caída de un alud de rosas encendidas de primavera sobre sus crueles cicatrices...
María Jesús Sánchez Oliva
Relación de libros publicados por mi autora: María Jesús Sánchez Oliva. Pero antes quiero recordarte que por ser el primero de sus libros publicado me ha distinguido con este espacio en su blog del que me siento tan orgulloso como responsable.
“Garipil (1995)”.
Reseña: Garipil es un semáforo. Nace con una idea en la cabeza: decir a la sociedad que las máquinas como él nacen para estar al servicio del hombre, para ayudarle en todas las tareas que tiene que realizar, para hacerle la vida más cómoda, pero en ningún caso para suplirlo. Su mensaje es tan aconsejable para niños como para mayores.
“Letanías (1999)”.
Reseña: Letanías es una colección de historias breves pero completas. El libro ideal para los que quieren leer pero les falta paciencia para enfrentarse a libros con muchas páginas. Algunos de los relatos han sido premiados en distintos certámenes literarios.
“El rosario de los cuentos (2003)”.
Reseña: En los primeros años de la posguerra española, en un pueblo de Castilla, un cura de la época es incapaz de encauzar a sus feligreses por el camino recto a través del Santo Rosario, como era costumbre. Ante su fracaso decide transformar cada misterio en un cuento. El resultado son quince cuentos para niños de distintas edades. Cada cuento está ilustrado con una viñeta alusiva a la época. Este libro obtuvo el tercer premio en el Concurso de Cuentos Tiflos en su edición de 1996.
“Cartas de la Radio (2007)”.
Reseña: Cartas de la Radio es una colección de cartas o artículos de opinión escritas y leídas semanalmente en Onda Cero por María Jesús Sánchez Oliva durante cuatro años. Las cartas van dirigidas a políticos, ciudadanos de a pie, víctimas del terrorismo, instituciones, asociaciones, etc., y no pocas nos llevan a acontecimientos que siguen vivos en nuestra memoria.
“Cuentos de la Cigüeña (Soles y Lunas) (2014)”.
Reseña: Son doce cuentos escritos en verso con los que las mamás y los papás disfrutarán leyéndoselos a sus hijos y los niños aprenderán a amar la poesía a la vez que los cuentos.
“Los días perdidos (2018)”.
Reseña: En esta novela se narra la historia de Ara, una mujer que de forma inesperada tiene que enfrentarse a una ruptura matrimonial. El impacto la lleva a recluirse en su ático de soltera. Tras varios años de aislamiento, al salir de casa una mañana, la avería del ascensor la obliga a bajar andando todas las plantas del edificio. En cada planta se encuentra con una mujer que le cuenta su historia. Son mujeres muy distintas unas de otras, pero todas, por distintas razones, han perdido muchos días de su vida. Ya en la planta baja se encuentra con Daniel, el único vecino del edificio que también ha perdido muchos días inútilmente, y de forma espontánea los dos deciden no perder ni uno más. “Primer Premio Tiflos 2013”.
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Garipil1995@gmail.com
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